¿Qué sucede después de la iluminación?

Pedro: Tengo una pregunta cuya respuesta me interesa conocer: cuando tu búsqueda terminó, ¿cambió tu perspectiva, tu percepción?

Shams: La respuesta es no, no cambia tu percepción en absoluto. La perspectiva cambia sutilmente, pero esta comienza a cambiar desde que comienzas a aplicar Vedanta. Así que también puedo decir que la perspectiva no cambia. Solo se hace firme e inmediato el conocer “yo soy la conciencia ilimitada”, lo cual implica que tu cuerpo y tu mente no son tú, sino un objeto que aparece en ti. Esto no es, en realidad, un cambio de perspectiva, porque siempre fue, es y será así.

Es erróneo buscar un cambio o señal en la experiencia. Es, de hecho, lo contrario. El conocimiento directo del ser significa ver que TÚ estás más allá de los cambios y las señales de la experiencia.

Resulta comprensible que tus dudas estén centradas en el objeto, en el fenómeno, en la experiencia. Después de todo, la atención de la mente ha estado dirigida desde siempre hacia el mundo de la experiencia y todo es interpretado a partir de ese parámetro. Sin embargo, como quizá ya has notado, la postura de Vedanta es diferente de lo que proponen los abordajes que basan su enseñanza en experiencias personales mezcladas con ideas de Oriente. Vedanta enseña que lo único que libera es el conocimiento impersonal, probado, sistemático del Ser.

Esto no quiere decir que el beneficio no sea, por consecuencia, experiencial, vivido en cada uno de los instantes de la vida.

Pedro: Aquello de lo que tanto hablan los maestros espirituales, eso que dicen que no se puede describir, ¿cómo aconteció en ti, cómo está operando ese principio?,

Shams: Claro que se puede describir. Para eso está Vedanta. El lenguaje experiencial tiende a promover el misterio, quizá porque es transmitido por personas que tuvieron experiencias y acaso realmente alcanzaron la liberación, pero su único margen interpretativo es la misma experiencia (que es siempre cambiante y subjetiva). El lenguaje experiencial se caracteriza porque su gran punto de referencia es la mente (para comprender mejor esta equivocación es recomendable leer completo el Curso de Vedanta de James Swartz). Lo interesante es que se tienden a hacer afirmaciones duales con respecto al Ser y la experiencia “mística”, cuando lo más práctico sería hablar de manera desapasionada y clara o, de lo contrario (al no tener los recursos interpretativos adecuados), como sugeriría el filósofo Wittgenstein, mejor callar…

De cualquier manera, se puede contar la anécdota como un ejemplo. ¿Cómo me aconteció a mí?

Mi búsqueda terminó hace unos años. Llevaba dos años leyendo, impregnándome, respirando Vedanta expuesto por James Swartz y Swami Dayananda. Como me di cuenta de que me faltaban algunas cualificaciones internas para tener una mente clara, me dediqué a cultivarlas en la medida de lo posible, con karma yoga, alimentación adecuada, meditación frecuente, etc. Un día cualquiera me di cuenta de que la mente ya no estaba buscando al Ser ilimitado, porque yo soy el Ser ilimitado. No fue una experiencia de “sentirlo”, solo fue una comprensión.

Sin duda es el momento más importante de toda mi existencia, pero eso no le quitó lo anticlimático: “ah, era esto”. Nada especial. Siempre estuvo ahí. No me convertí en nada ni me fusioné con nada ni experimenté algo nuevo. Siempre soy la Conciencia ordinaria e ilimitada. Lo extraño más bien fue haberlo estado buscando tan lejos, cuando solo era yo, desde antes de nacer y siempre solo yo. Tampoco se trató de comprender nada nuevo, más bien se trató de renunciar a la ignorancia, cuya mentira había sido revelada en la indagación. Ya llevaba un buen rato estudiando Vedanta y ya conocía las enseñanzas más importantes al derecho y al revés, a la mente solo le faltaba integrarlo.

Creo que después ese día tuve que ir a trabajar. No estaba sumergido en un mar de gozo, pero sí recuerdo que mi mente se hallaba en un estado particular de brillo y tranquilidad, gracias a la dieta vegetariana, a la indagación y a la meditación. Con toda seguridad la mente clara jugó un papel decisivo en propiciar el asentamiento del conocimiento “yo soy el Ser ilimitado””. También es un hecho que, como todos los estados de la mente, eventualmente, unos días o semanas después, se fue. Y aún así, el Conocimiento “yo soy el Ser ilimitado” se mantuvo, por lo que no hubo ningún apego por seguir sintiendo la pureza, el silencio o el brillo. Cuando comprendo que soy la Conciencia, no estoy limitado por el deseo de alargar o forzar ninguna experiencia.

El factor determinante fue la erradicación de la ignorancia. Reconocí lo obvio, lo que siempre está aquí: que yo soy la Conciencia, no la mente ni el cuerpo. Ya no solo era práctica, indagación o repetición. Era saber algo que no podía des-saber. Saberlo no era un esfuerzo, porque no es que hubiera llegado un conocimiento nuevo, sino que se había ido un obstáculo (la ignorancia) y mi identidad era (es) obvia, evidente.

Al mismo tiempo, ¡a la mente le quedó trabajo por hacer! No desaparecieron las tendencias negativas de mi personalidad ni la engorrosa noción de ser un hacedor de acciones, junto con los miles de karmas que se mantuvieron exactamente igual que antes. También tuve dudas acerca de mi status. Pensaba: “si ya sé que soy la Conciencia sin límite, ¿eso es todo?” En busca de claridad recurrí a uno de los discípulos de James, quien me orientó amablemente y me ayudó a resolver mis preguntas, sobre todo porque una parte de mí no podía creer que eso era lo que había estado buscando desde siempre. ¡Algo tan obvio!

¿Cómo ha operado ese principio?

Han pasado cinco años. A menudo recuerdo el cuento Zen: El maestro anuncia a sus discípulos del templo que el monje Issa se ha iluminado. Cuando el maestro se retira, los monjes se acercan a Issa, con una mezcla de respeto y expectación. Al fin uno se atreve a preguntarle: “¿Y cómo te sientes ahora?” La respuesta de Issa es: “Tan desgraciado como siempre”.

Antes, creía que esta fábula poseía un significado esotérico particular. Ahora veo que solo es un cuento que describe un hecho de manera realista. Si eras desgraciado antes de Moksha (liberación espiritual, en sánscrito), después de Moksha lo seguirás siendo. La diferencia es que ahora sabes que tú no eres el desgraciado. El desgraciado es la persona, que es solo un objeto. Yo soy la dicha infinita, y poco a poco esto se hace más claro.

A este cuento, Vedanta añadiría que nadie que se sienta demasiado desgraciado puede llegar a conocer su verdadera identidad, porque la mente pura (que es, por definición, una mente feliz) es un requisito fundamental para alcanzar el conocimiento del Ser (ver el tema de las cualificaciones en el Curso de Vedanta). Un poco de desgracia normal, propia del adulto de la sociedad industrial capitalista (o del Japón bucólico del siglo XVI, por lo visto), es aceptable, supongo :)

Creo que mi caso fue como el del monje Issa y me parece que ha sido el caso de la mayoría de mis conocidos que han alcanzado la mítica liberación espiritual. En síntesis, el individuo que no se sometió a una disciplina rigurosa (de preferencia bajo la tutela de un maestro cualificado) tiende a conservar sus karmas a causa de una vida de indisciplinada ignorancia. Por eso, Swami Chinmayananda advierte que el precio de la liberación, es la vigilancia eterna sobre la mente. Esto lo podemos contemplar como parte de la actualización. La actualización del conocimiento es el proceso natural de purificación de los vasanas que siguen en la mente una vez que se ha eliminado la ignorancia del Sí Mismo. Toma años, sino es que décadas actualizar la cuestión. La diferencia es que uno ahora sabes que no eres el hacedor de estas acciones.

En mi caso, no me refiero a que yo fuera desgraciado en realidad, pero es que los karmas se quedaron y mi individuo siguió reproduciendo sus condicionamientos previos. De hecho, ni siquiera se fue el sufrimiento psíquico. Durante un buen rato (años y años) la mente siguió albergando antiguas obsesiones, neurosis, temores, hábitos negativos, etc. Por otro lado, todos estos miedos y deseos (tamas y rajas) aparecían, a veces con intensidad, pero desde que surgió el Conocimiento del Ser también llegó una paz firme y constante como trasfondo de todo, que los hacía ver inofensivos o hasta tiernos. Y lo mejor de todo, el Conocimiento le daba al individuo la posibilidad de detener la reacción automática de proyección o negación. Es decir, decidir antes de actuar.

Así que para la mente se hizo más fácil desarticular miedos y deseos. Esa es quizá la principal diferencia operativa y funcional del Conocimiento del Ser en la persona. Aún así: yo no soy la persona. Y nunca lo fui. Solo había que entenderlo y dejar que el objeto (la persona) siga su curso de acuerdo con esa realidad. Lo que suceda con la persona no me disminuye ni me aumenta en ningún sentido. Yo soy la fuente donde la persona ilusoria aparece y desaparece. Paradójicamente, la eliminación de esta ignorancia permite que la felicidad infinita (que yo soy) se refleje con mayor facilidad en la persona. Aún así, como todo en el universo, eventualmente aparecen pesadez, negatividad y deseo en la mente. Pero yo estoy más allá de todo, ni el gozo ni el dolor me limitan.

Pedro: Te pregunto esto porque muchos maestros no tradicionales cuentan de alguna manera cómo les sucedió esta liberación, por ejemplo, Jean Klein, Adyashanti, Wayne Liquorman, Robert Adams, Suzanne Segal, por mencionar a algunos, lo hacen no desde el punto de vista de una experiencia personal, sino como un acontecer impersonal,

Shams: Con respeto hacia ellos, desde la perspectiva de Vedanta toda experiencia (o acontecer) es impersonal, por lo que no hay experiencias especiales, más impersonales o más espirituales que otras (incluida mi anécdota). Toda experiencia sucede en uno de los tres cuerpos (denso, sutil o causal), pero lo que nos importa está más allá de los tres cuerpos, y no es una experiencia ni un acontecer. El Conocimiento del Ser está más allá de los tres cuerpos, más allá de la experiencia. En lo que acabo de referir (mi historia), por ejemplo, mi experiencia no tiene el más mínimo valor por sí misma.

El factor es el conocimiento. En todos los casos, el factor es siempre el conocimiento, porque es siempre fiel al objeto (es objetivo) y no depende de la interpretación del sujeto.

La experiencia… claro que es más fácil de vender que el conocimiento, pero eso no evita que se llene de patrañas porque no hay un punto de referencia estable (el único punto de referencia estable es el Conocimiento del Ser). Ramana Maharishi tuvo una experiencia fuera del cuerpo y James Swartz vio una lluvia de luminosidad que lo cubría todo, pero se hubieran quedado igual de no ser por el conocimiento “Yo soy la Conciencia sin límite que está más allá de los tres cuerpos, más allá del tiempo y del espacio, y más allá de la experiencia”. Mientras tanto, el resto de los aconteceres por más trascendentales que parezcan, siguen estando en Samsara, no nos sirven. ¡Hay que descartarlos como objetos!

Al contrario, cuando añadimos interpretaciones personales a una gran experiencia mística, tendremos quizá como resultado un relato fascinante y misterioso sobre la iluminación, pero nada que erradique la ignorancia. Con esto, no quiero denostar la experiencia (que después de todo es lo que conforma nuestro bello mundo), pero me interesa enfatizar con fuerza la relación de dependencia que debe de adquirir la experiencia con respecto al conocimiento. El conocimiento es nuestra piedra de toque.

Pedro: Espero que me puedas contar tu experiencia. Si no es así, lo entenderé, porque acepto que mi ansiedad es muuuuy alta.

Shams: Tus preguntas son válidas, claras y directas. En el momento en que dejen de serlo, con gusto te lo haré saber.

No lo llames ansiedad, llámalo deseo ardiente de Moksha, de Conocimiento del Ser. Y es justo que alimentes ese Deseo más que a ningún otro.

Te invito a seguir descubriendo el valor supremo del Conocimiento, lo cual explica la gran sed que se siente cuando no lo tienes todavía. Aunque no parezca gran cosa, aunque a veces asemeje pura palabrería, reconoce el inmenso valor del Conocimiento y atesora la capacidad de discriminación que tu mente está desarrollando, para distinguir entre lo que sirve y lo que no sirve. Todo esto es verdadero y está sucediendo en ti.

Lo mejor que uno puede hacer es obedecer a su deseo de liberación, porque es un deseo que proviene de algo mucho más grande que el individuo. Aprende a servirlo con pasión, porque es el Dharma mismo, es Dios.

Un abrazo,

Shams

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