Lección 9 – Dharma

 

Dharma yoga

Puesto que la realidad es una dual en apariencia, resulta legítimo mirar al sí mismo desde dos perspectivas. La perspectiva del absoluto (que es la de la conciencia ilimitada, no dual, libre y ordinaria) es mi naturaleza “verdadera” o “definitiva”, mi dharma con “D” mayúscula. Karma yoga consiste en actuar de acuerdo con mi Sva Dharma. Sí, es verdad que si mi conocimiento de mí mismo está libre de duda no practicaré karma yoga, pues todas mis acciones estarán en armonía con mi verdadera naturaleza. Pero si mi conocimiento del sí mismo no es firme entonces me corresponde asumir la postura del sí mismo en referencia con la acción y actuar de acuerdo con ello. En el mundo de Vedanta nos referimos a esto como "fingirlo hasta conseguirlo" (fake it until you make it). No incurro en una falsedad al actuar como si yo fuera el ser, porque yo soy el ser, aunque cuando hay ignorancia “se siente” como si fuera algo fraudulento. Así que hay un elemento de incomodidad cuando practicamos karma yoga que, sin embargo, pronto se disipa, conforme este yoga produce gradualmente una increíble ligereza interna.

Al mismo tiempo, uno ha sido bendecido o maldecido, dependiendo cómo deseemos verlo, con una naturaleza relativa, lo que quiere decir que los samskaras dan luz a tendencias específicas y talentos. Me han gustado los libros desde que era un niño porque tengo una irrefrenable atracción por el conocimiento. Recuerdo encontrarme leyendo debajo de las sábanas hasta las tres o cuatro de la mañana para que mis padres no se dieran cuenta de que aún no me dormía. He leído miles de libros y escribo pródigamente. En términos de nuestra tradición, se me podría haber llamado un jignasu, un buscador del conocimiento. Cuando estaba creciendo, uno de mis mejores amigos estaba obsesionado con el dinero. Cada verano él recogía botellas de vidrio a la vera de los caminos y las revendía en la tienda de las esquina por dos centavos, cuando llegaba el verano también vendía limonada en la calles. Su dinero lo almacenaba en latas para café, las cuales enterraba en un sitio cercano a su casa. Recientemente, falleció y parece que había hecho una fortuna. Obviamente poseía un samskara por los negocios. Algunos se inclinarán por el arte, otros por la ciencia, otros por los deportes, etc. Tu samskara predominante es tu naturaleza relativa, tu svadharma.

Tu svadharma, a diferencia del Svadharma, se encuentra en samsara y está sujeto al cambio. Así que el estilo de vida que seguiste ayer no necesariamente será el que seguirás mañana. Si actúas de acuerdo con tu samskara predominante para la satisfacción de Isvara, te proveerá con otro svadharma. Algunos individuos son afortunados (o tal vez no) porque están seguros de que quieren “ser algo” (un músico, por ejemplo) desde que cuentan con cinco años de edad  y se dedican felizmente a ello durante su vida. Sin embargo, hay quienes viven muchas vidas y desempeñan muchos roles en una sola vida. Otros más, al parecer, nunca descubren qué es lo que “se supone” que deberían estar haciendo. Cuando este es tu caso, debes consagrar tus acciones al campo del dharma y tomar lo que viene a ti con un corazón agradecido, sin preocuparte con respecto a quién eres en ese nivel ni por lo que “se supone que deberías estar haciendo”.

En mi caso, yo nunca quise “ser” nada. Pensé que yo era maravilloso desde el día en que salí del útero de mi madre y no escuché a nadie que tuviera una opinión distinta. Solo quería tener mucho dinero para salir con mujeres y viajar por el mundo. Esto es extraño porque no hay personas de negocios en nuestra familia pero, gracias este vasana, Isvara suministró el samskara necesario para realizar mi sueño, el arquetipo empresarial, y me entregó una gran cantidad de dinero.  No obstante, una vez que lo hube conseguido, o mejor dicho una vez que el vasana siguió su curso, me di cuenta de la limitación del dinero y ese samskara retornó al cuerpo causal donde reposa hasta hoy, más o menos ignorado.

Mi siguiente identidad limitada fue la del buscador. No era un buscador que se enamoró de la búsqueda, como a tantos les sucede en estos días. La búsqueda se me impuso por mi sufrimiento. Una epifanía activó el samskara de la búsqueda, o quizá el samskara fue el que activó la epifanía, y abracé ese dharma. Cuando fui a India, me di cuenta de que allí era posible “hacer” las cosas bien espiritualmente, porque había una infraestructura disponible para dicho arquetipo. Cuando me convertí en un encontrador, un nuevo samskara se activó y cuando este se hubo solucionado para la satisfacción de Isvara, me suplió con otro más. Las identidades, los dharmas, los roles de samskaras y los estilos de vida son eternos. Ellos vienen al frente con un ademán de Ishvara y retroceden cuando se han resuelto correctamente.

El sí mismo es sencillo. Es solo uno. Es simple, ordinario y siempre está presente. No es el resultado de ninguna acción. Siempre lo estamos alcanzando y siempre lo tenemos. Pero el karma no es sencillo. Está “lleno de matices”, por decir lo menos. Es complejo porque muchos factores integran la producción de resultados. Conocerlo es conocer la mente de Dios. Es un campo de leyes que no están publicadas en los diarios ni escritas en los muros de las ciudades. Así que, cuando actúo, debo tomar en cuenta al campo. Y cuando actúo, es absolutamente necesario tener en cuenta mi svadharma porque, si no lo hago en armonía con él, cosecharé un conflicto.

¿Quién soy en el nivel relativo? ¿Qué tipo de hacedor de acciones soy? Ishvara produce roles, dharmas, de acuerdo con la naturaleza del campo del dharma en todos los tiempos. Hace mucho, quizá eras un cazador o un recolector, porque entonces Isvara no necesitaba científicos o gerentes de bancos. Todo lo que tenías que hacer era lanzar una flecha, cazar un pez o escalar un árbol para tomar una fruta. Sí, había individuos con samskaras espirituales (brujas, chamanes y sacerdotes) o con samskaras artísticos (cantores, actores y barcos) y también había pensadores. Los visionarios para quienes este conocimiento fue revelado vivieron mucho antes de la era de la agricultura, pero básicamente todos tenían la misma naturaleza con respecto a la acción. Así es, las miles de tendencias a expresar hoy en día existían entonces en forma de semilla, ocasionalmente desplegadas en visionarios, genios y místicos que abrieron nuevas posibilidades para la humanidad, pero la angustia asociada con la acción, el “¿qué debería hacer con mi vida?”, estaba ausente. Lo que había que hacer estaba dictado por la situación.

Conforme la civilización “progresó” y la agricultura se desarrolló, surgió la necesidad de nuevas habilidades, las cuales fueron suministradas por Isvara. Una persona nacida en la época de la agricultura tenía algunas opciones más, porque la vida era más compleja. A partir de la Revolución Industrial, la vida se ha vuelto mucho más compleja aún y todo indica que en el futuro lo será todavía más. A partir de lo físico, los frutos de las acciones humanas han llegado a alturas astronómicas en la forma de una riqueza increíble, que algunos llamarían obscena. Con el surgimiento del estado nación, esta riqueza, concentrada en las manos de una fracción significativa de la población y administrada por gobiernos democráticos, básicamente eliminó el hambre y la inseguridad física. Pocos jóvenes habitantes en economías “desarrolladas” tienen que preocuparse sobre lo que comerán mañana. Sin embargo, la llegada de la paz y la prosperidad ha traído una desventaja: las necesidades del individuo no hacen prácticamente nada para solucionarse por sí mismas o, cuando se llevan al acto, se encuentran con una gran cantidad de opciones (como docenas de marcas de cereal distintas en el supermercado), por lo que las personas no tienen idea de lo que desean ser. Puesto que en las sociedad rajasicas materialistas se asume que ser es hacer, el mundo se ve abatido por una crisis de identidad como nunca antes había sucedido.

Curiosamente, ahora nos encontramos con una nueva ocupación, la de buscador espiritual. Es un todo “mundo” que, como cualquier otro, tiene sus propios periodistas y superestrellas, así como sus propios dharmas o reglas. El problema con ver la búsqueda como una ocupación es que, cuando uno encuentra lo que buscaba, se termina abruptamente . Encontrar, en este caso, quiere decir: la comprensión firme e inmediata de que el ser, que es la felicidad, no está relacionado con el hacer. En pocas palabras, que el “ser” no es una ocupación. Esto es visto como un problema real por el hacedor, cuando sobrevive el encuentro de la verdadera identidad, porque ahora necesita un nuevo trabajo.

En todo caso, el dharma, el deber, de un buscador es aplicar el conocimiento del sí mismo a su propia mente. Sin embargo, hay varios niveles de búsqueda. Si estás en la parte más alta de la escala evolutiva, es decir, si tu deseo de liberación es ardiente, si posees todas las cualificaciones requeridas y has sido bendecido con las circunstancias conducentes (un medio probado de conocimiento y la guía de un maestro cualificado) y pocos karmas tamasicos, entonces puedes buscar de forma profesional. Cuando buscas profesionalmente, no escuchas esa voz en tu cabeza que te pregunta cuándo te pondrás serio y encontrarás un trabajo de verdad. En otras palabras, estás en armonía con tu svadharma de renunciante. Karma yoga es actuar en armonía con tu svadharma.

Pero si tú no estás cien por ciento comprometido con la iluminación, entonces tienes un conflicto. Escucharás al hacedor que intenta ridiculizar tu impulso espiritual. Te encontrarás dividido entre la renuncia a la posibilidad de éxito en el mundo “real” y el éxito espiritual, lo cual no te asegura la posibilidad de pagar las cuentas. Recuerdo una conversación, hace ya muchos años, con mi madre, quien representaba al mundo “real” para mí en aquel tiempo. Para expresarlo de forma simple, le dije que yo “me dedicaba a Dios”. Ella levantó las cejas y dijo: “Bueno, James, todo eso está muy bien, pero el Señor no es quien pondrá la chuleta en tu plato”. Yo le dije que “el Señor” era la chuleta, pero fue inútil.

De cualquier manera, cuando actúas en armonía con tu svadharma (asumiendo que sabes cuál es) has eliminado una fuente de conflicto. Sabes que estás en armonía con este, si lo que estás haciendo en la vida “se siente” correcto. En cambio, si actúas en dirección contraria, te sentirás infeliz. Sin embargo, no sabrás que tu infelicidad se debe a que no estás procediendo de acuerdo con tu naturaleza, y pensarás que se debe a que los resultados de tus acciones no son lo que quieres. Cuando asumes esto, estás pasando por alto el hecho de que los resultados que Isvara te envía no se hallan en armonía con tu svadharma, pero sí con las acciones que realizas, siguiendo una naturaleza que no te corresponde. Quien no tiene claro el tipo de persona que es, y tampoco comprende que su verdadera identidad es el sí mismo, intenta “ser” alguien interesante y atractivo. Claro que nadie aspira a ser un farsante. La gente actúa de forma inauténtica porque su svadharma está escondido para ellos. El deseo de identidad es el deseo más fuerte en la mente humana y no puede ser ignorado.

En general decimos que, antes de reconocer su verdadera identidad, uno debe darse cuenta de quién es como persona y estar satisfecho con eso antes de encontrarse cualificado para la liberación. En el capítulo 4 discutimos las cualificaciones de manera extensa. Esta es la razón por la que Vedanta dice que uno debe permanecer en el mundo como la persona que es y seguir su svadharma con una actitud de karma yoga. Pero, ¿y si no sabes cuál es tu svadharma? ¿Qué pasa si solo estás dando vueltas de un lado para el otro tomando trabajos extraños sin conformarte jamás y envejeciendo sin volverte más sabio?

En otras palabras, ¿por qué tu svadharma está oculto para ti? Lo que lo oscurece son tus miedos y tus deseos, que dirigen la mente hacia el exterior en tal medida que nunca tienes tiempo para ponerte en contacto con quién eres en ese nivel. Te mantienen buscando algo en el mundo y minan tu confianza en ti mismo hasta el punto en que no tienes el coraje de soltar tu idea de éxito. Todavía quieres que la seguridad o el amor provengan del exterior.

Otra posibilidad es que ya lo hayas resuelto en alguna “vida pasada” y que en el fondo de alguna manera sepas que realmente no eres nadie en este nivel. Se trata de una situación que encontramos con bastante frecuencia en estos tiempos. En el mundo espiritual, a estas personas se las llama “almas viejas”. Lo único que les queda es descubrir la verdad sobre quiénes son. Si te encuentras en esta difícil situación, básicamente te hallas expuesto a mucho sufrimiento espiritual, pues la infraestructura disponible en Occidente para la liberación no está desarrollada. El mundo espiritual occidental apenas si está pataleando en las orillas de la gran piscina de la indagación, como si intentara comprender el asunto, mientras finge que sabe de qué se trata todo esto.

Aunque de vez en cuando escuches la palabra Vedanta, en estos días, básicamente nadie, a excepción de aquellos asociados con Swami Dayananda, la Misión Chinmaya y los pocos que leen mi sitio web y mis libros, tienen una pista sobre lo que es. Esto es una pena, porque Vedanta puede darte una identidad provisional (la de karma yogui) que tomará el relevo hasta que hayas reconocido tu Svadharma, tu verdadera naturaleza. Y una vez que tienes claro quién eres en realidad, el quién eres en el nivel relativo deja de ser un problema. Tu svadharma no cambia, o si lo hace, tú no tienes problema con ello, porque sabes con certeza que no eres un hacedor de acciones. La belleza de identificarte como un karma yogui (una de las principales identidades limitadas de Isvara) radica en el hecho de que tu deber es claro y simple: consagra tus acciones al campo con una actitud de gratitud y toma los resultados como un regalo. El éxito en karma yoga brinda una sensación de bienestar cada vez mayor, ya que neutraliza tus preferencias y aversiones.

Lo siguiente que un karma yogui necesita saber es que una acción que no implica una violación del dharma está bien, siempre que dicha acción sea sattvica o rajasica. El dharma universal número uno es el de no causar daño, por lo que cualquier actividad que no involucre lesiones a otros está permitida. Obviamente, si observas la realidad en términos de lesiones y no lesiones, entonces todo en el campo del dharma simultáneamente ayuda y perjudica a todo lo demás. Por ejemplo, podría obtener un trabajo como pintor. Estoy preparado para eso y me gusta mi trabajo. Pero sucede que la pintura es tóxica, daña el medio ambiente y puede causar cáncer o alguna otra enfermedad. ¿Qué debería hacer? Por supuesto, no existe una respuesta fácil para este problema debido a la naturaleza del campo del dharma, por lo que debo recurrir a la discriminación. Puede darse el caso de que estés hecho para matar a otros seres (al parecer, Isvara necesita asesinos, pues siempre los ha habido y siempre los habrá) pero matar es obviamente una acción no permitida para los karma yoguis; a menos que, por ejemplo, te encuentres viviendo por encima del Círculo Ártico, donde no hay tiendas de comestibles ni verduras, y tu supervivencia dependa de quitarle la vida a los animales. Si te encuentras viviendo en esta situación, puede aplicarse karma yoga: consagra tus acciones, hazlo conscientemente, de una forma amable, y toma los resultados como un regalo. Nuestras escrituras están llenas de ejemplos acerca de personas que llevaron a cabo trabajos muy mundanos (incluso la prostitución), lo hicieron con un espíritu de karma yoga y reconocieron al ser o sí mismo.

Por último, hay cinco dharmas prescritos para los karma yoguis:

  1. Adoración en Dios en cualquier forma. ¡Advierte la belleza de Vedanta! No es una religión, pero honra el impulso religioso. Puedes ser musulmán, cristiano o judío y practicar karma yoga.

Uno de los grandes problemas con la pretendida comunidad de la no dualidad en Occidente es el desdén que alberga hacia la religión. Esto, desde luego, es comprensible desde cierto punto de vista, pues resulta notable la cantidad de sufrimiento que se ha infligido a la humanidad en nombre de la religión. No obstante, abandonar el impulso de religioso (que es solamente el ser amándose a sí mismo) solo porque la iglesia suele perder el espíritu religioso de vez en cuando, es algo contraproducente. El deseo de devoción es profundo, así como lo es el deseo de identidad. Así que elige un símbolo del ser que resulte atractivo para ti y adóralo con regularidad. La devoción (que será analizada más adelante) invoca al ser y produce un cuerpo sutil puro (sattvico).

Comparto aquí la traducción de una popular oración. Esta debe ser recitada cada día con gran amor:

Que todos los humanos estén bien.

Que las grandes almas (mahatma) nos revelen el camino de la virtud.

Que haya gozo perpetuo para aquellos que han comprendido su verdadera identidad.

Que todos los seres en todos los mundos, terrestres y extraterrestres, sean felices y libres.

Que todos los seres tengan salud.

Que todos los seres tengan buena fortuna y que ninguno caiga en los caminos del mal.

Esta oración económica y bastante común viaja de forma instantánea a todas las dimensiones de la creación bendiciendo a todos los seres vivientes.

  1. Reverencia incondicional por los padres. ¡Observa la sabiduría de Vedanta! La mayoría de nuestro “equipaje”, positivo y negativo, viene de nuestros padres. Uno no puede culparlos, pues ellos a su vez tomaron lo que les llegó de sus propios padres por falta la discriminación. A uno le corresponde tomar responsabilidad. Es necesario vivir sin resentimiento hacia los padres, para ver que ellos hicieron lo mejor que podían a partir de lo que sabían y para ver los dones que nos entregaron. Uno debe honrar a sus padres en el pensamiento cada día.
  2. Adoración de las escrituras. El propósito de karma yoga es desarrollar una disposición sattvica por la contemplación, para poder asimilar el significado de las enseñanzas de Vedanta. Sin embargo, uno no debe pensar que uno comenzará la indagación un buen día, cuando su mente sea contemplativa. Uno debe apartar media hora, una hora, o más, cada día, para el estudio de Vedanta. Uno no se volverá contemplativo de repente. Hay momentos contemplativos a lo largo del día, donde uno puede tener comprensiones o darse cuenta. El progreso de una mente enfocada hacia afuera rumbo a una mente enfocada hacia adentro es gradual. Un día te darás cuenta qué tan clara y pacífica se ha vuelto tu mente, incluso en mitad de una vida ocupada. Karma yoga es para los karmis, hacedores de acciones que poseen un fuerte deseo de liberación y que han comprendido el valor del conocimiento.
  3. Servicio a la humanidad. Cuando alguien desea algo de ti, pregúntate si puedes darle lo que necesita, asumiendo que se trate de un deseo razonable. Si te encuentras ayudando a otros, al menos no estás desperdiciando tu tiempo cediendo ante hábitos tamasicos y rajasicos. El trabajo de servicio cultiva sattva. Es difícil practicar trabajo de servicio porque el ego puede imaginar fácilmente que es superior a aquellos que solo ven por sí mismos. Así que es importante mantenerse en los sencillo, sin ínfulas de “salvar al mundo”. Cada día Isvara nos presenta oportunidades para servir a otros. El servicio no quiere decir el realizar aquello que los demás quieren que hagas, aunque a veces puede ser así. Se refiere, más bien, a estar abierto, sin cerrarse al prójimo. Servir a los otros requiere de una atención considerable, pues el ego, que se basa en un sentido de inadecuación e inferioridad, busca oportunidades para sentirse especial y virtuosi. El servicio a los otros debe estar basado en el reconocimiento de la unidad esencial entre todos los seres. Servir es también algo sabio porque todo lo que necesitamos proviene de los demás. Los individuos orientados hacia el servicio por lo general reciben el cuidado que requieren.
  4. La adoración de todos los seres sintientes. La apreciación de la unidad de todo debe extenderse para la inclusión de todas las formas de vida. Por tanto, practica respetando el ambiente. Recicla. Sé consciente de tu huella de carbono. El vegetarianismo es una buena forma de practicar devoción hacia la vida.

 

Dos dharmas más

Como puedes ver, el tópico del dharma es muy complejo. Dharma como la respuesta apropiada. Dharma como reglas. Dharma como deber. Dharma como verdadera naturaleza del ser. Dharma como mi verdadera naturaleza reflejada. Y ahora hablaremos de dos dharmas más: samanya dharma y visesa dharma.

 

Samanya dharma

En referencia con mi vida, ¿yo sé mejor que nadie lo que me conviene o Isvara lo sabe mejor? En nuestras escrituras hay una maravillosa historia acerca de un guerrero llamado Rama, una encarnación del ser. Él es una persona excepcional en todos los sentidos: gentil inteligente y muy popular. Sus acciones son siempre oportunas y benéficas, y siempre sigue el svadharma al pie de la letra. Pero nada en su vida ocurre de acuerdo con lo planeado. Comúnmente, cuando las cosas no suceden como esperamos, tendemos a culpar a los otros, pero quizá deberíamos empezar por culparnos a nosotros mismos, pues a menudo elegimos opciones tontas que producen karma no deseado. Sin embargo, Rama actúa conscientemente en cada situación, de acuerdo con su naturaleza y con el orden social, pero a cada paso las cosas le salen “mal”. Unos días antes de su coronación (un evento que él, su esposa y su familia desean fervientemente, así como el mismo reino) se le informa que no podrá ser rey y es exiliado a los bosques, a causa de una promesa incumplida del rey, su padre, a su madrastra. Cuando se le comunican las “malas” noticias, él permanece imperturbable, ni feliz ni contrariado, y dice: “es el deber de los hijos obedecer los deseos de sus padres”, después de lo cual se dirige felizmente al exilio.

Desde luego, la idea es que hay un orden particular en la sociedad, un orden universal que es establecido por Isvara, que es las necesidades de la totalidad. La unidad familiar, que es la base de la sociedad, funciona apropiadamente cuando los niños respetan los deseos de sus padres, asumiendo que los padres siguen también el orden social. El orden social se basa en el orden psicológico, que evoluciona a partir de la estructura de los gunas que lo respaldan. El propósito de este orden es generar una armonía en todos los deseos conflictivos aparentes y los miedos de los individuos, para que la totalidad funcione de forma apropiada. Cuando el conflicto se desarrolla todos sufren. Y el orden psicológico se basa en la naturaleza no dual de la realidad, el único principio (amor, conciencia) detrás de todo. Si la realidad es no dual, entonces resulta claro que el valor principal para todos los seres no sintientes es el de no causar daño. Si ves una bella rana en el jardín y te acercas a ella para alimentarla, escapará saltando cuando note tu presencia.

A causa de la dualidad (que incluye la idea de que mi ganancia es tu pérdida) está tan enraizada, todos tenemos miedos con respecto a nuestra seguridad, vivienda, etc. Estos miedos pueden orillar hacia ciertos comportamientos que provocan daño en los otros. El no causar daño, en nuestra tradición, es definido como “no causar daño a través de pensamiento, palabra ni acción”. Así que al respetar el valor o dharma de no herir (la ley moral) nos estamos poniendo en armonía con Isvara, el dador de esta ley. Todos los valores universales (honestidad, caridad, libertad, no robar, etc.) se basan en el principal: no causar daño. No te robo, porque comprendo que valoras tus posesiones y te infligiría un daño emocional si te privara de ellas. Aprecio tus emociones porque sé que todos somos uno, y yo me sentiría igual si tú me robaras a mí. Aunque en apariencia somos varios, en realidad somos uno, el ser no dual. No te miento porque esto te provocaría dolor. No ha de olvidarse que el mentir causa también el dolor de aquel que miente, porque el dharma está integrado en todos los seres. A menudo se lo llama “conciencia”. No te voy a privar de tu libertad porque valoro la libertad sobre todas las cosas. La libertad, de hecho, es el máximo valor no dual, porque, incluso cuando ya soy libre social, política y físicamente, aún sigo buscando la libertad interior.

 

Dharma yoga

Los valores universales son llamados samanya dharma. El problema con los valores universales es que estos son “universales”. Existen en un reino “ideal”, aparentemente abstraídos de las exigencias de la vida diaria. Solo tienen sentido cuando son interpretados y llevados a cabo por individuos. Los valores interpretados se llaman visesha dharma. Dharma yoga es el vivir mi vida en relación con los valores universales. Esto quiere decir que Isvara sabe más. Con “yoga” nos referimos a conectar o unir nuestras acciones con la voluntad de la totalidad.

¡Esto es una desventaja para el ego! ¿Qué sucede cuando lo que yo deseo no se halla en armonía con las necesidades del todo? Una persona criada dentro de una sociedad liberal, orientada por el deseo, materialista y consumista, además de infectada con un fuerte sentido de importancia personal, tendrá un gran problema con esta idea. En Estados Unidos, especialmente, la popularidad del arquetipo del individuo rebelde que desdeña las reglas es una dura muestra de las dificultades que se afrontan durante la práctica de dharma yoga.

Si no me interesa la idea de rendir mi voluntad ante la voluntad de Isvara, estaré confundido acerca de las necesidades de la totalidad. Alguna de esta confusión se halla justificada porque a veces el ámbito particular del campo del dharma que yo habito se encuentra bajo el hechizo de adharma, y eso hace parecer que las necesidades de la totalidad parezcan malvadas. Por ejemplo, una buena persona respetuosa de la ley en Alemania, después de la Primera Guerra Mundial, podría ver la invasión de otros países y los campos de concentración como “necesidades de la totalidad”. Y de hecho, la defensa de los ciudadanos de clase baja, a los que se les dio trabajo en los campos de concentración, usó el argumento del deber, pues estaban condicionados a seguir las reglas sin cuestionarse. Sin embargo, a veces es importante ignorar las necesidades de la totalidad inmediata, cuando sus necesidades son adharmicas. El ego, la parte del ser que se encuentra bajo el hechizo de la ignorancia, no puede evadirse de la práctica de dharma yoga con argumentos agudos, así que es importante definir las necesidades de la totalidad de manera más específica.

 

Culpa

Las “necesidades de la totalidad” están siempre manifiestas en mi ámbito particular. Siempre me encuentro en un mundo de objetos aparentemente sintientes (jivas) y de obvios objetos no sintientes (materia). Así, yo me valgo de este ambiente y sus elementos para obtener lo que deseo. Al mismo tiempo, el ambiente tiene sus propias necesidades. Si soy un esposo o un padre, mi familia representa para mí las necesidades de la totalidad. La unidad familiar forma parte de un panorama mayor. La necesidad universal en cada caso es vivir y ser feliz. Si llego a casa después del trabajo y enciendo el televisor para “relajarme”, y de esta forma ignoro a mis hijos, estoy poniendo mis necesidades antes que las de ellos, lo cual es una violación del dharma. El ego intentará justificarse a sí mismo de muchas formas: “Trabajo como un esclavo durante todo el día al servicio de la economía y para proveer a mi familia, por lo que merezco 'relajarme'”, dirá, pero la calma no será genuina porque el dharma se percibe internamente, por lo que me sentiré culpable. La culpa es una de las emociones más perturbadoras y debe ser purificada del cuerpo sutil si se desea que la indagación ocurra. La culpa surge por la violación del dharma.

Visesha dharma es un término matizado. Tenemos que mirar el sentido de la palabra “totalidad” en su contexto, porque se trata de un concepto relativo. En el caso de un individuo de la Alemania anterior a la Segunda Guerra Mundial, la sociedad era “la totalidad”. Pero la sociedad alemana era solo una sociedad dentro de un orden mundial mayor, el cual es controlado por Isvara. Cuando la “totalidad” de Alemania se enfrentó con la “totalidad mayor”, las necesidades de libertad del campo del dharma prevalecieron sobre las necesidades de Alemania de poder y control. Cuando el dharma de una familia entra en conflicto con el dharma de la sociedad en la cual vive, será disciplinada porque las necesidades de esa “totalidad” están primero. Las leyes de expropiación o la ilegalidad de la poligamia son un ejemplo de esto.

¿Cuál es la “totalidad” que debería determinar mi comportamiento? El gobierno estadounidense parece inclinado a iniciar guerras periódicamente. ¿Debo pagar mis impuestos y apoyar esas guerras? ¿Qué guerras son dharmicas y cuáles no lo son? No se puede argumentar que toda guerra es adharmica porque cuando el adharma llega a cierto nivel siempre entra en conflicto con el dharma. Cuando las fuerzas adhamicas en la cultura mundial alcanzan cierto nivel de poder, se produce una guerra mundial y se restablece un equilibrio razonable entre el dharma y el adharma. El campo del dharma nunca perece porque es eterno, pero las fuerzas del dharma y el adharma están en continuo conflicto y, por lo tanto, la mente humana siempre está en conflicto. Como todos los seres vivos no humanos siguen implícitamente sus programaciones, no hay ningún dharma para ellos. Pero, a causa del libre albedrío, los humanos tienen la capacidad de pensar y están sujetos a dharma y adharma. Comprender el dharma y el karma es ciertamente difícil porque la línea que los delimita nunca está completamente clara. A veces buenas acciones producen consecuencias malas y a veces malas acciones producen consecuencias buenas. Visto desde el punto de vista del ser, no hay acciones o consecuencias buenas ni malas, solo el juego eterno entre las dualidades.

Visesha dharma, la aplicación de samanya dharma a la vida diaria está poblada de dificultades a causa del adharma. Lo que es contrario al dharma en un momento no lo es necesariamente en otro instante. Por ejemplo, un ladrón que clava un cuchillo en el abdomen de un extraño en la calle es claramente culpable de un comportamiento adharmico. No obstante, un cirujano que inserta una navaja en el abdomen de alguien con un apéndice infectado está respetando al dharma, incluso si el paciente muere. Ambos, el médico y el ladrón, están siguiendo su svadharma individual, pues es la naturaleza de aquellos con samskaras criminales el robar y es la naturaleza de quienes tienen samskaras santos el sanar. Aún así, el valor de la acción depende del contexto.

Alguien podría argumentar que matar a un hombre por dinero satisface las necesidades del delincuente para alimentarse a él y a su familia; sin embargo, esto lo hace a costa de la vida de otro. No es difícil entender que el valor de la vida supera el valor de nuestra próxima comida. El punto de esta discusión, sin embargo, reside en la apreciación del hecho de que existe una tensión continua entre dharma y adharma en lo que se refiere a nuestros deseos. Esta tensión se resuelve con la práctica de dharma/karma yoga.

El dharma se encuentra íntimamente conectado con el karma porque no significa nada aparte de las acciones que lo apoyan o lo contravienen. Para mantener vivo al dharma se requiere de acción. En cualquier caso, no siempre está claro cómo responder dharmicamente a una situación dada. ¿Debería decir la verdad y herir los sentimientos de alguien o debería decir una mentira piadosa y sentirme mal porque violé el valor de la honestidad? De acuerdo con la situación y el contexto, expresar los sentimientos propios a veces es dharmico y a veces no lo es. Individuos particularmente insensibles con un fuerte sentido moral a menudo se encuentran involucrados en situaciones muy desagradables debido a su necesidad de “decir la verdad”. El cómo me siento es una verdad, pero no es la verdad.

Las personas cuyas mentes están bajo el hechizo de tamas, por lo general quieren recibir una fórmula para la vida. Debido a que sus intelectos están nublados, carecen de la discriminación para gestionar el campo del dharma, al cual ven como si fuera una película en blanco y negro, pero la vida es una escala de tonos grises, donde suele haber incertidumbre sobre qué acciones son correctas y cuáles son incorrectas tanto en términos de svadharma como en los de visesha dharma. Por lo tanto, en cuanto a la acción, siempre es necesaria la discriminación, bajo la idea de que un indagador debe realizar las acciones que tengan el impacto más benéfico para su cuerpo sutil o, si queremos decirlo negativamente, debe realizar las acciones que tengan el menor impacto perjudicial, y que estén en línea con el dharma.

En pocas palabras, dharma yoga es el sacrificio de las necesidades personales por las necesidades de Isvara (que son las necesidades de la totalidad) pero solo cuando hay un conflicto. Los bienhechores compulsivos son personas que buscan oportunidades de sacrificio, pero eso no es dharma yoga pues se suele estar impulsado por una idea de inadecuación moral o de inseguridad, lo que crea una sentido de justicia ególatra. Dharma yoga es una gran oportunidad para domar al ego y borrar su sentido de separación. Sin embargo, cuando tu naturaleza es ayudar, resulta necesario seguir esa naturaleza.

Una persona madura y educada es alguien que, además de ser consciente de sus propias necesidades, comprende la importancia de respetar el dharma como un servicio a la totalidad. La literatura universal está llena de grandes afirmaciones sobre la importancia del dharma y, a menudo, lo describe como una lucha épica entre fuerzas míticas y sobrenaturales, pero la vida no es un drama. Es solo vida. La práctica diaria de dharma yoga equivale a poco más que el mantenimiento de las tradiciones de civilidad o, para decirlo de otra forma, del respeto de los buenos modales.

La práctica espiritual es poco más que resolver los conflictos persistentes que perturban al cuerpo sutil. El conflicto proviene de no seguir tu svadharma, de la interpretación incorrecta de samanya dharma y de la ansiedad por los frutos de la acción. Karma/dharma yoga resuelve estos conflictos. Conforme la práctica madura y la mente se enfoca hacia el interior y se vuelve pacífica, halla su equilibrio en sattva, la luz de la conciencia brilla intensamente en ella y uno identifica esa “luz” como su propio yo.