El Dharma en las acciones

Francisco: Trataré de leer a Dayananda, aunque respecto al Bhagavad Gita tengo siempre un pequeño reproche que ya sé cómo formular, y que te agradecería que disiparas: ¿Cómo puede ser que el Dharma de Arjuna sea luchar y matar si la ley más básica que el Dharma contempla es el no dañar a otros?

Shams: Los valores del Dharma dependen, en gran medida, de la situación y de la jerarquía (hay unos valores más importantes que otros, aunque, ciertamente, el de no causar daño es el más importante de todos). Por ejemplo, si Arjuna no mataba al ejército contrario, existía la posibilidad de que los muertos hubieran sido él y su ejército. Esto hubiera sido también una violación de ahimsa (no causar daño) aún más grave que atacar al ejército contrario. De cualquier manera, parece que no sería este el caso, porque Krishna le advierte a su amigo que, tome la decisión que tome, el ejército enemigo tiene las horas contadas. Es decir que, aunque Arjuna no peleara, el bando enemigo sería derrotado. Entonces, ¿por qué no escapar y seguir su repentino deseo de convertirse en un yogui ermitaño? Bueno, durante los diez años que pasó en los bosques, Arjuna tuvo innumerables oportunidades de convertirse en un renunciante… sin embargo, continuó con su vida de guerrero, porque, básicamente, ese era su Dharma. Y el Dharma del guerrero es matar. No matar en cualquier momento, sino matar en el instante adecuado, en el lugar adecuado y a la persona adecuada. Los gunas del guerrero son rajas y sattva. Cuando un guerrero es totalmente rajásico, se convierte en alguien cruel y ciego al Dharma, porque su mente está llena de ansiedad y movimiento. Cuando un guerrero es solo sáttvico, ya no es más un guerrero, porque carece del impulso para salir al combate. En este caso, sattva, que es compasión y desapego, no es lo más útil para la guerra, pero, equilibrado con rajas, es absolutamente necesario para mantener la mente clara, conocer el Dharma y discernir el peligro de la oportunidad.

La guerra, en principio, es una defensa del Dharma. Por lo menos, eso es lo que siempre dicen los líderes de ambas partes. Casi todos sabemos la verdad y no es una sorpresa que casi todas las guerras actuales sean luchas adharmicas, motivadas por el lucro (rajas) y la intolerancia (tamas). Sin embargo, en el caso del Gita, la guerra a la que se hace referencia es, particularmente, una guerra justa, necesaria. Aun así, la situación es dolorosa porque lo que le espera a Arjuna es acabar con la vida de sus familiares y amigos más queridos. El campo de batalla simboliza el campo del Dharma, donde las situaciones a las que nos enfrentamos nunca son como las que las fábulas nos presentan, pues la vida posee una complejidad que está muy lejos del blanco y negro con el que muchas personas quisieran ver el mundo moral.

En la actualidad, sin embargo, los guerreros siguen siendo guardianes del Dharma. Es probable que no estemos de acuerdo con el sistema económico en el que vivimos y, en general, no hace falta ser muy observador para darse cuenta que nuestra sociedad parece motivada, en gran medida, por la avaricia. Sea como sea, este es el sistema al que pertenecemos, a partir del cual Ishvara nos da vida y donde cada uno de nosotros tiene su lugar. Si no hubiera militares y policías protegiendo a tu país, difícilmente tendrías ahora, en este momento, el conjunto de circunstancias que hacen posible tu vida y tu práctica espiritual. Cada uno de esos guerreros está protegiendo el Dharma al protegerte a ti. Si alguien que está destinado a ser militar decidiera no matar a un enemigo cuando tiene que hacerlo y prefiriera ir a refugiarse en un ashram, estaría violando el Dharma en lugar de respetarlo. Sin embargo, tu situación sería distinta, pues tu deber es otro.

El Gita no hace una división entre buenos y malos, sino que resalta la situación de Arjuna, y le muestra sus implicaciones verdaderas. Para aumentar la complejidad moral, la historia que leemos está siendo narrada por Sanjaya, quien pertenece al bando enemigo. Se trata del servidor del rey, y, a pesar de eso, es totalmente honesto al narrar las vicisitudes de la batalla, aunque no son las más halagüeñas para el rey. Eso significa que, además de Arjuna, los otros dos receptores de la revelación de Krishna son ¡dos miembros del ejército enemigo! Ni Krishna ni el Gita mismo están haciendo una división entre buenos y malos, y no están descalificando a nadie. Por lo general, esto es una novedad para la mente. Siguiendo la misma línea de pensamiento, podemos afirmar que la idea de que la guerra es mala por sí misma es casi tan ciega como el suponer que mi país es bueno por el hecho de yo haber nacido en él. Ninguna acción es buena o mala por sí misma.

Francisco: ¿Sólo cuenta la actitud? ¿Puedo estar en una guerra y matar con amor?

Shams: Tú eres amor. Las personas que intentan ser amorosas son un desastre, porque no saben que ya son amor. Cuando Arjuna entiende que es el Sí Mismo ya sabe que no está matando a nadie y puede matar a sus tíos y a sus amigos del kínder garten con gran tranquilidad. Pero eso es para Arjuna, cuyo Dharma es el del guerrero. Para Francisco, que es un renunciante, eso implicaría un crimen terrible, y ni siquiera sería capaz de hacerlo. Para muchos renunciantes sería mucho mejor ser matado antes que tener que quitarle la vida a alguien. Eso está muy bien, porque ese es su Dharma. Si en este instante, decidieras dejar a tu familia para entregarte a la renuncia espiritual, sin duda estarías violando el Dharma. No obstante, grandes swamis han hecho eso mismo, siguiendo lo que el Dharma les ordenaba en ese instante.

¿Lo ves? No significa que el Dharma esté sujeto a interpretación, sino que depende siempre de la persona y la circunstancia. El Gita intenta mostrarte, de manera extrema, lo fundamental que es seguir solo tu Dharma y respetar el Dharma de los otros.

Francisco: ¿Qué clase de Dharma absurdo sería ese?

Shams: Es el Dharma del guerrero, sin duda. Y gracias al cual vives lo que ahora vives. A ellos, si se lo preguntas, también les parecerá completamente descabellado lo que estamos haciendo en este instante. Y si a mí me lo preguntas, no entiendo en absoluto a los empresarios (rajas y tamas) que agotan su vida para acumular riquezas. O a los obreros (tamas), que son tan fácilmente manipulados para entregarse al trabajo de una maquinaria social ciega y asesina. Sin embargo, de alguna forma, esta sociedad (fundada en la guerra y el mercado) es la que nos ha nutrido y, a través de la cual, Ishvara nos ha dado la vida. Los indagadores son el florecimiento de estos grupos humanos y, si hay indagadores en los pueblos, significa que, al menos, algo de lo que esos gloriosos y no muy inteligentes guerreros hacen está bien. El Dharma no puede morir y todos los seres humanos, lo queramos o no, tenemos un sentido del Dharma que nos indica lo que está bien y lo que está mal. Sin saberlo, todos los integrantes de la sociedad cumplen con una función que permite que tengas la vida que ahora tienes. Y lo mismo se puede decir sobre tus acciones, que sirven indirectamente a todo el sistema de la vida.

Lo anterior no significa que la vida no pueda desarrollarse cada vez más hacia lo sutil, estableciendo modalidades de organización más complejas, las cuales excluyan, por ejemplo, la guerra y la explotación del hombre por el hombre. Sin embargo, esto es lo que tenemos ahora y lo que hemos tenido durante varios milenios. Y así también es perfecto.

El Dharma en las acciones (II)

Francisco: Nunca había pensado que “ninguna acción es mala de por sí”, sino que depende de la situación. Al contrario, siempre he tenido un pensamiento anarquista, bastante extremista, que me ha llevado a pensar que la guerra es un mal en sí mismo y que la única función de los políticos, de la policía, del ejército y de los jueces (los malos) es defender los privilegios de unos pocos para mantener a la mayoría sometida (las víctimas). Jamás se me habría ocurrido que su función es defender el Dharma, pues siempre pensé que la violencia usada para ello ya les desacredita. Ahora me doy cuenta de que las constituciones y las leyes tienen su belleza, y en su mayoría son dharmicas. Otra cosa es que los individuos, movidos por rajas y tamas, las hagan cumplir injustamente o de la forma equivocada, aplicando las leyes con severidad para unos, los pobres, y benevolencia para otros, los ricos, o adaptándolas para justificar guerras adharmicas y toda clase de crímenes contra la Tierra y las personas.

Shams: Sí, creo que esa esa la actitud correcta. Tal vez las instituciones no son propiamente dhármicas, porque es claro que muchas están fundamentadas en el robo e incluso sobre crímenes difíciles de justificar, y tal vez también hay normativas y constituciones poco sutiles en su comprensión de los valores universales; sin embargo, es muy útil reconocer la base dhármica de todo. Muy poca gente sigue el Dharma a cabalidad, pero todos tienen una noción inconsciente de lo que es, y sufren las consecuencias de violarlo.

Francisco: De todas formas, a pesar de sus imperfecciones, de alguna forma este sistema me ha dado una vida bastante estable y ordenada, que me ha permitido dirigir mi energía hacia la auto indagación, por lo que le estoy agradecido. Si uno siente agradecimiento hacia Ishvara, no es lógico detestar los medios que Ishvara ha usado para dar lugar a eso por lo que estoy agradecido. Gracias a que cada uno cumple su Dharma en cierta forma, yo puedo cumplir el mío.

Shams: Exacto. Esa es la mirada impersonal. Yo también he concordado mucho con el pensamiento anarquista, pero veo que a veces las ideas preestablecidas de lo que “debería ser” y de quienes eran los buenos y los malos me impidieron ver las cosas como eran en realidad. Además, cuando el Conocimiento crece, la sensación de injusticia y de revancha va desapareciendo. De súbito, comprendes que tu ser no es diferente del de los opresores y también te das cuenta que nada fue personal. Todo, no más que una mascarada de Dios. Que, además, el “horrible” sistema que te atormenta, en realidad te está sosteniendo. Si pudiste generar y cultivar ideas para mejorar ese sistema fue precisamente gracias al sistema.

Francisco: Este sistema es simplemente parte de este sueño, y tiene su belleza. Cuando tenga que evolucionar hacia esferas más sutiles, lo hará de forma espontánea. Sólo me gustaría preguntarte si la Segunda Guerra Mundial podría ser un ejemplo de guerra dhármica.

Shams: Yo creo que lo podría ser, pero, como en toda actividad humana, nunca al 100%. Creo que, sin duda, los países que se defienden de la invasión están protegiendo el Dharma, mientras que los países que se levantan para aplastar a otros pueblos, necesariamente, violan el Dharma. Sin embargo, como en toda cuestión moral, las implicaciones son incontables, y un pueblo que sale para defender su vida, repentinamente se encuentra con muchas tentaciones en su camino. Entonces, la intención dhármica no dura demasiado. ¿No sucede también así en nuestra vida diaria? Lo importante es recordar que, incluso antes que moksha, el Dharma es lo más importante siempre.