Karma yoga

Karma yoga es el equilibrio necesario ante la gran deuda que hemos contraído con el mundo.

Si crees ser una persona, con una mente, un cuerpo y una historia personal, entonces crees ser un hacedor de acciones y un disfrutador de resultados. Por lo tanto, eres apto para karma yoga, uno de los yogas prescritos por las Escrituras de Vedanta para facilitar cualquiera de las metas que busca el ser humano, desde las limitadas (seguridad, placer o virtud), hasta la ilimitada (liberación, moksa), para lo cual está hecho a la medida.

El camino espiritual inicia y se mantiene con karma yoga. Aunque karma yoga no entrega la liberación, es un paso imprescindible en Vedanta, no una opción. Independientemente de su perfil, el buscador debe convertirse en un karma yogui para ser un indagador exitoso en la práctica de jnana yoga. “Karma”, en este contexto, quiere decir “acción correcta”. “Yoga” se refiere a “actitud correcta” o “estado mental correcto”.

Karma yoga es llevar a cabo la acción correcta con la actitud correcta.

Así como antes de comer, es necesario lavar el plato que contendrá nuestro alimento, antes de aplicar el conocimiento del Ser que eliminará la ignorancia en nuestra mente, debemos limpiarla. Karma yoga prepara a la mente por medio de la purificación de sus inclinaciones y tendencias (vasanas) y el debilitamiento de la tensión suscitada por la creencia errónea de ser un hacedor de acciones y un disfrutador de resultados. Karma yoga reeduca, no para adquirir un nuevo condicionamiento, sino para liberarse de las imágenes y mandatos que los conforman. De esta manera, el individuo aprende a estar en línea con la realidad objetiva del mundo, aquí y ahora.

El hecho mismo de que hayamos llegado a karma yoga, nos habla de una mente donde la pureza está creciendo en forma de inspiración, atención y deseo de comprender. ¿Por qué no entregarla a un movimiento mayor de sanación, integración y madurez con karma yoga? Aun cuando nuestra mente esté enfocada en la consecución de alguna de las pequeñas metas (seguridad, placer y virtud), karma yoga facilita todos los caminos. Claro, el énfasis aquí es la libertad, que viene junto con el beneficio de la seguridad, la dicha y la virtud definitivos.

El príncipe Arjuna, protagonista del Bhagavad Gita, estaba tan identificado con el mundo de la dualidad que le era imposible comprender la exposición del conocimiento supremo, a pesar de que el expositor no era otro que Dios mismo, el Señor Krishna. A modo de respuesta, el compasivo Krishna, le propuso lo siguiente: “Si perseveras en la práctica, tu mente se volverá pura y eventualmente reconocerás al Sí Mismo. Un karma yogui es superior a aquellos que viven una vida de meditación, es superior a los eruditos y es superior a aquellos que llevan a cabo acción. Por lo tanto, oh, Arjuna, ¡sé un karma yogui!”

Índice

1 Acción correcta
1.1 Las cinco contribuciones esenciales

2 Actitud correcta
2.1 El individuo frente a Dios y el campo de la vida
2.2 La ofrenda y el resultado

3 Karma yoga y jnana yoga

4 Lecturas de apoyo

1) Acción correcta

La acción correcta es aquella que está en línea con el dharma. La acción correcta es una acción sáttvica (karma sáttvico) y es prescrita como parte esencial de karma yoga.

En las Escrituras de Vedanta se distinguen tres tipos de categorías: karmas sáttvicos, karmas rajásicos y karmas tamásicos. Las palabras “sáttvico”, “rajásico” y “tamásico” se refieren a los gunas sattva, rajas y tamas. Los tres gunas son los atributos o poderes que conforman a todo el cosmos, desde la materia densa, hasta la mente y el cuerpo causal. Tamas es el guna del oscurecimiento, la ignorancia y la negación. Rajas es el guna de la acción, la agitación y la proyección. Sattva es el guna del gozo, la pureza y la claridad. Puesto que los gunas residen en el cuerpo causal y se manifiestan en todo el universo, también es claro que las acciones (o karmas) se encuentran vinculadas estrechamente con los gunas o, más bien, son los gunas mismo.

Karmas tamásicos

Son las acciones incorrectas, que producen vasanas que alejan de moksa y empobrecen la vida espiritual. Son acciones destructivas, a veces quizá en beneficio material de quien las lleva a cabo, pero que lesionan el campo de la vida. En todos los casos, producen torpeza y agitación en la mente, así como daño al medio y a los demás, por lo que se consideran pecado.

Son acciones no recomendadas para nadie y, en el caso del karma yogui, están terminantemente prohibidas.

Ejemplos de este tipo de karmas son la agresión (de palabra, acción o pensamiento), la mentira, el engaño, el robo, las apuestas, las adicciones, el sexo irreflexivo y en exceso, etc.

Karmas rajásicos

Son acciones consideradas neutrales. Vedanta no prescribe su práctica pero tampoco están prohibidas. Su motivación es el bienestar individual o grupal, con enfoque en el bienestar material.

No contribuyen a la purificación de la mente, pero no se consideran un pecado cuando no llevan al individuo a violar el dharma o a ignorar las necesidades legítimas de otros. No están prohibidas, porque forman parte de la vida diaria para mantener nuestro cuerpo, como ganar dinero, cuidar a nuestra familia o grupo, tomar vacaciones, buscar entretenimiento no dañino, etc.

Se distinguen de los karmas sáttvicos, porque el objetivo principal de estos es la evolución interior y, solo de forma secundaria, el bienestar material. En cambio, los karmas rajásicos, que son lo que tienden a promover las sociedades materialistas, buscan en primer término el bienestar material y, solo de manera secundaria, la evolución espiritual.

Karmas sáttvicos

Los karmas sáttvicos son la acción correcta y necesaria en karma yoga. Se trata de acciones prescritas por las Escrituras de Vedanta. Su objetivo fundamental es la evolución interna del individuo, así que no tienen como meta el obtener ganancias relacionadas con la riqueza o el placer.

Los karmas sáttvicos están regidos por el dharma, la reglas universales para una vida ética, donde la base es la contribución en beneficio del campo de la vida, al servicio de Dios.

El practicante de karma yoga prioriza los karmas sáttvicos en las diversas situaciones de su vida. Esto quiere decir que elige, de forma deliberada, realizar acciones sáttvicas. Las acciones rajásicas, necesarias muchas veces para el mantenimiento de la vida en sociedad, deben estar subordinadas a las anteriores. En cuanto a los karmas tamásicos, se mantiene la atención en eliminarlos o reducirlos lo más posible.

Los karmas sáttvicos promueven la madurez y crecimiento espiritual y se deben practicar deliberadamente hasta convertirlos en una costumbre espontánea. ¡Son siempre la acción apropiada!

1.1) Las cinco contribuciones esenciales

Además del respeto absoluto hacia el dharma en las distintas situaciones de la vida, hay cinco karmas sagrados, a los que se conoce como Pancamahayajna en el Bhagavad Gita. “Panca” significa “cinco”. “Maha” se refiere a lo esencial o grandioso. “Yajna” es una palabra que se puede traducir como “contribución” o “sacrificio”. Se trata de las cinco contribuciones esenciales para la paz y la armonía.

Aunque no hay beneficio tangible a partir de estas acciones, cada una afecta de forma distinta a una parte de la psique, donde se produce un efecto gradual de sanación, integración y purificación. Son de contribución al campo de la vida, no de petición, de extracción ni de consumo. Al mismo tiempo, no equivalen a dar hasta el agotamiento, sino que son una retribución, son un devolver sistemático y dinámico que purifica la relación del individuo con el cosmos. Por lo tanto, no son una imposición artificial, sino el reconocimiento de un orden innato, fundamental para el crecimiento espiritual. El karma yogui debe llevarlas a cabo, independientemente de si le gustan o no. Se consideran obligatorias, no como una prescripción sin sentido, sino como un requisito basado en la observación del orden universal.

El karma yogui se ve a sí mismo como alguien satisfecho y agradecido, cuyo paso por el mundo se basa en la contribución libre de ego. La motivación de estas acciones no es “¿qué es lo que deseo?”, sino “¿qué es lo que el campo de la vida me está pidiendo?” La cultura materialista condiciona a los individuos para competir, ganar y acumular, lo que mantiene a la mente en una infancia perpetua, donde la persona se concibe como alguien emocional y necesitado, hambriento de experiencias y esclavo de pasiones. Estos síntomas de la ignorancia pueden ser combatidos con la comprensión que sitúa al individuo en el lugar que le corresponde en relación con el campo de la vida y con el Creador. Cuando se terminan el consumo y la acumulación, la relación con el cosmos se vuelve creativa.

Las cinco contribuciones esenciales

5) Devoción por todos los seres (Bhuta yajna)

Somos uno con la naturaleza, que es todos los seres vivientes, desde los animales y las plantas, hasta los insectos y microbios, así como los cinco elementos. No existe ninguna distancia entre la naturaleza y el karma yogui. Esto incluye a nuestro cuerpo, que es el contacto más íntimo con el mundo natural, y también al medio que nos rodea, al planeta entero y a todas las galaxias que pueblan el infinito. Reconocemos al movimiento impersonal de la vida, desde los macroorganismos galácticos, hasta los pequeños seres que contribuyen, a veces con su vida, para nuestra subsistencia. Mi gratitud y mi devoción promueven el equilibrio en esta relación vital.

Adoramos a la naturaleza cuando nos comportamos de manera atenta en cualquier sitio y colaboramos para su embellecimiento y bienestar. El karma yogui honra, respeta y protege todas las formas de vida. Evita conscientemente herir a otros seres, de forma directa o indirecta, lo cual significa adaptar su alimentación, vestido y ocupación, de acuerdo con el principio de no lesión. Esta devoción tiene un efecto importante en la mente y la dedicación activa es recomendada, por ejemplo, ofreciendo alimento y refugio a los animales (cuando es posible y no va en detrimento de nuestro bienestar) y resguardando la vida de las plantas y los insectos.

4) Devoción por la humanidad (Manusya yajna)

Es devoción y servicio por la humanidad e abarca cualquier acción en beneficio del prójimo.

La devoción por la humanidad consiste en adorar a lo supremo en las personas. El karma yogui se convierte en un devoto de cada humano, ya sea conocido o desconocido, bueno o malo, agradable o desagradable.

No se refiere solo a la caridad y tampoco significa que se deja de defender el dharma de la integridad propia. Solo quiere decir que se responde de forma apropiada a las peticiones legítimas de ayuda que se presentan a lo largo de su vida. La devoción por los humanos se manifiesta también y en gran medida por medio de una postura interna de aceptación y no exclusión.

Así pues, el servicio a la humanidad comienza en las relaciones diarias, donde se practica una actitud sáttvica de atención, escucha e interés. Las inclinaciones rajásicas (competencia, ira, crítica, control y lujuria) y tamásicas (envidia, rechazo, desinterés, evitación y odio) deben mantenerse al margen, así como el deseo de sentirse virtuoso por la realización de “buenas acciones”.

La devoción por la humanidad se manifiesta en los actos de caridad, en la conciencia comunitaria y en el apoyo amistoso, motivados por la compasión desapegada. El servicio por los seres humanos implica el reconocimiento de que todo lo que tenemos proviene de los otros, con quienes nos encontramos en unidad. Algunas sociedades y culturas promueven valores de explotación y egoísmo que dañan a determinados grupos humanos, en beneficio de otros. El karma yogui debe someter a reflexión su lugar en el mapa moral, mantenerse atento y reducir el daño indirecto, a través de la acción, el servicio deliberado y la intención clara.

La contribución madura va siempre acompañada de una indagación atenta. Parte de la devoción por el prójimo, incluye el cuidado propio, por lo que la contribución hasta el agotamiento y el daño hacia uno mismo están contraindicados. James Swartz aconseja seguir la sugerencia de la Madre Teresa de Calcuta: “Dar hasta que duela”. El dolor es un buen indicador para dejar de dar. De lo contrario, el acto podría convertirse en una acción compulsiva y tamásica. Conforme continuamos contribuyendo en el campo, nos hacemos más grandes y somos capaces de dar más.

3) Devoción por las Escrituras y los rishis que las plasmaron (Brahmayajna)

Esta práctica devocional entrena a nuestra mente para reconocer el inmenso valor contenido en los textos de Vedanta.

Honramos a las Escrituras cuando las leemos con regularidad, sobre todo si comprendemos su significado con claridad. Aun cuando no entendemos el significado, sigue siendo útil la lectura de textos como el Bhagavad Gita, para desarrollar amor y acercamiento a las Escrituras. La escucha (o lectura) de exposiciones de Vedanta constituye también este tipo de devoción.

El karma yogui debe tomar una postura activa con respecto a la práctica. En lugar de suponer que su mente se volverá contemplativa como por arte de magia, le corresponde comprometerse con el acercamiento a Vedanta. En este sentido, es necesario establecer un tiempo (media hora o más) para la lectura o escucha de las enseñanzas. James Swartz sugiere elegir unas páginas (o un verso) y contemplar su significado durante el día.

Esta devoción se invita también a la veneración de aquellos que plasmaron y transmitieron el conocimiento del Ser y los yogas, así como el compromiso de uno mismo para contribuir a la preservación y transmisión de las enseñanzas.

2) Reverencia incondicional hacia los padres y ancestros (Pitryajna)

Solo es posible realizar la indagación de forma apropiada cuando hay un sentimiento sincero de amor y gratitud hacia nuestros padres.

Esto es indispensable, porque el padre y la madre son el primer símbolo del Ser con el que nos encontramos desde el día de nuestro nacimiento. Aun cuando haya sido difícil o incluso cuando nuestros padres efectuaran acciones que nos parezcan moralmente reprobables, incluso cuando nuestros padres no hayan hecho otro cosa más que engendrarnos, como hijos nos corresponde reconocer el hecho real y tangible de que ellos nos pasaron la vida. Rechazarlos equivale a negar la realidad tal como ha sido dispuesta por Dios ante nosotros. La misma situación se repite en el caso de los ancestros a quienes también debemos la existencia. El reconocer y honrar esta realidad reestablece el equilibrio primario de la vida, y nos libera para vivir nuestro propio destino, algo absolutamente imposible para quien no tiene en el corazón a sus progenitores y ancestro.

Si hemos sido aptos para la vida y llegamos al camino del conocimiento, ha sido específicamente porque tuvimos este padre y esta madre, así como el padre y la madre que ellos tuvieron, y sus padres y madres, hasta llegar a la gran fuente de la vida. La devoción debe ser sincera y sin condiciones. El “perdonarlos” no es reverencia incondicional hacia ellos, pues el perdón nos sitúa por encima de ellos y abre una separación, que rompe todo equilibrio. La reverencia total quiere decir honrarlos y amarlos exactamente tal y como han sido, para seguir nuestro propio destino.

Quien supera los juicios, las creencias e imágenes del ego y acepta este orden innato de la vida, está en contacto directo con la felicidad y tiene puestos los cimientos básicos de la evolución espiritual. Swami Dayananda y Swami Paramarthananda recomiendan postrarnos diariamente ante nuestros padres, lo cual puede hacerse de manera interna, independientemente de si viven o no. James Swartz recomienda visualizarlos en la mente, disolver la emoción de negatividad y llenar su imagen con amor.

El orden equilibrado con nuestros padres incluye vernos en una jerarquía menor en el campo de la vida, dado que ellos fueron los que nos la transmitieron. Como sostiene el filósofo Bert Hellinger: al padre le corresponde dar y al hijo le corresponde tomar lo que se le ha dado. Esta dinámica no puede ser invertida, por lo que una relación armoniosa comprende el no adoptar posturas de superioridad a ellos ni terminar convirtiéndonos en un sustituto de sus padres, así como tampoco sacrificar nuestra propia vida por ellos. El equilibrio significa reconocer que es imposible devolver el gran regalo que nos han dado. Esta gratitud equilibra, pues se expresa haciendo lo mejor posible con la vida y, desde luego, también sirviendo materialmente a los padres y ancestros cuando lo requieren.

1) Adoración de Dios bajo cualquier forma (Devayajna)

La adoración de Dios puede practicarse de manera ritualista, en forma de veneración frente a un ídolo, por medio de la repetición de los nombres del Señor, visitando los templos consagrados o invirtiendo mi tiempo y energía de otras maneras, siempre al servicio de Dios. El karma yogui puede adorar a Dios dentro de cualquier religión o puede elegir un símbolo del ser que le parezca atractivo y lo inspire.

El beneficio de esta acción no se refleja de manera explícita y, a primera vista, puede parecer un desperdicio. Con humor, Swami Paramarthananda define a los karmas sáttvicos como aquellos que solemos abandonar cuando estamos muy ocupados. Los abandonamos porque no hemos desarrollado un valor por ellos. Sin embargo, una mente sutil será capaz de percibir el resultado invisible. ¡Un formidable crecimiento espiritual se está llevando a cabo!

La adoración a Dios es una práctica indispensable para el buscador del conocimiento.

La oración y sincera hacia Dios es la acción más benéfica que existe, en beneficio de los seres del mundo entero y en todos los niveles de la existencia. El poder de la oración,  como ningún otro, penetra de manera extensiva a toda la Creación.

Si además de la oración, el karma yogui ofrece algo al Señor, esta ofrenda es distribuída en toda la Creación. Dado que Dios no necesita nada y al mismo tiempo es el ordenador del cosmos, aquello que le entregamos es una contribución al todo. La caridad en servicio de otros humanos es también una ofrenda hacia Dios, que beneficia a la totalidad.

 

 

 

2) La actitud correcta

La actitud correcta consiste en dedicar todas las acciones a Dios y acoger todo cuanto sucede como un regalo de Dios.

A pesar de llamarse yoga de la acción, el karma yoga es en realidad un yoga donde lo importante no es la acción en sí, sino el conocimiento a partir del cual actuamos y el conocimiento que nos permite procesar la acción y su resultado. El karma yogui sabe que todos sus “problemas” no se deben al mundo, sino a la comprensión incorrecta. Dado que la ignorancia es la raíz del conflicto, la solución es el entendimiento informado, de que todo depende de Dios. Por lo tanto, la actitud correcta no nace de las emociones, sino de la comprensión.

El karma yogui no respeta el dharma ni lleva a cabo las acciones sáttvicas porque se “siente bien” hacerlo. Lo hace porque comprende su valor del acto. Así mismo, el karma yogui dedica sus acciones a Dios y toma todos los sucesos con gratitud, no porque se sienta bien hacerlo, sino porque posee una comprensión clara de cómo funciona el mundo y comprende el beneficio final que eso trae a su existencia y a la vida en general. Esto, desde luego, a largo plazo y de manera profunda, ¡se siente muy bien!

2.1) El individuo frente a Dios y el campo de la vida

La dualidad es una creencia, no es un hecho tangible e indudable, aunque lo parezca. Mientras la mente sigue agitada y oscurecida por los poderes de negación y proyección resulta imposible apreciar esto de forma clara. Por lo tanto, es útil adoptar un esquema provisional para explicar el mundo. Para el karma yogui la existencia está conformada de tres componentes, que Swami Paramarthananda plantea como un formato triangular:

1 Individuo (jiva)

2 Campo (jagat)

3 Dios (Isvara)

Una acción es aquella que tiene un propósito, una idea que manifiesta intención. Así que no actuar es también una acción. Se trata, como dice una frase religiosa, de un pensamiento, palabra, obra y omisión. Todos los individuos llevan a cabo acciones y todas las acciones generan resultados. Sin embargo, la acción y su resultado no guardan una relación lineal. Una vez que la acción se produce, esta entra en el campo de la existencia, donde queda sujeta a un sinnúmero de factores, enteramente ajenos al individuo. Por lo tanto, a pesar de la intención del individuo cuando realizaba la acción, esta pronto deja de ser suya. Es cierto que, para obtener un resultado que se acerque a los deseado, el individuo debe realizar sus acciones de forma apropiada y en el tiempo adecuado. Aun así, el resultado es devuelto por un campo de la existencia que está fuera de su control.

Para Vedanta, el campo de la existencia es tan consciente como el individuo hacedor de acciones. Es un campo inteligente, armónico y dinámico integrado por una vastedad de factores. Si el individuo no tiene el control del campo, ¿quién lo tiene? El control total del campo de la existencia pertenece al cuerpo causal macrocósmico, al cual podemos llamar Dios o Isvara. Vedanta no pide a nadie creer en Dios ni tener fe en Dios, porque Vedanta no es una religión y no encuentra beneficio en la fe ciega. Vedanta describe a Dios, pero tampoco es una filosofía, por lo tanto no tiene el objetivo de especular ni discutir acerca de Isvara. Vedanta es un medio de conocimiento, por lo tanto, su exposición cumple una función práctica para la eliminación de la ignorancia sobre el Ser y su relación con el mundo y el individuo.

Dios”, después de todo, es solo una palabra y un pensamiento, que (como todas las palabras) usamos para referirnos a algo. La sociedad tiende a mantener una idea unidimensional y dogmática de Dios, la cual se debe al instinto de convertir las ideas en hábitos y rituales, así como de proyectar características personales en el fenómeno impersonal de la vida. Pero Dios no es una persona. Vedanta lo define como un principio invisible e inteligente que lo penetra y lo sostiene todo. Se manifiesta como el orden de la Creación y como la Creación misma. Ninguna parte de la Creación está ausente de Dios pero Dios no depende de la Creación para seguir existiendo. Esto quiere decir que Dios es la sustancia de toda la Creación y también es la inteligencia que la crea, la mantiene y la destruye. Es omnipresente, omnisapiente y omnipotente. Todos los atributos le pertenecen, es el controlador del campo y el verdadero y único hacedor de las acciones.

Dios se manifiesta como hacedor, por medio de las leyes que mantienen la armonía en lo macrocósmico y en lo microcósmico, en un universo que es como un gran organismo, compuesto de múltiples organismos que a su vez están conformados por otros organismos, en una serie de niveles. La visión de Dios es no dual, por lo que todos los seres aparentes (aparentes, porque solo hay un Ser) tienen el mismo valor en relación con todo lo demás y su orden está diseñado para la existencia de todas las criaturas. Desde su punto de vista, una mosca es tan importante como el hombre más poderoso del mundo.

Las ciencias que estudian la materia y la mente se dedican a describir a el mundo y sus leyes de acción, resultado de un diseño inteligente y eficaz basado en la creación, la transformación y la destrucción. Para karma yoga también es importante comprender de manera detallada la forma en que trabaja el cosmos. Sin embargo, lo fundamental es entender la esencia de este y actuar con base en dicho entendimiento, siempre en relación con la esencia. Por eso, se reconoce que las leyes del universo son herramientas en la totalidad misma (Dios) para mantener la armonía de la Creación. Decir que las leyes procesan nuestro karma, es lo mismo que decir que Dios procesa nuestro karma. Por lo tanto, un karma yogui asume que todo cuanto ocurre en el campo de la existencia se debe directamente a Dios. En el momento en que realizo una acción, esta es recibida, procesada y devuelta como resultado por el universo, que es Dios.

¿Qué determina que el resultado entregado por Dios sea lo que yo deseo? Que aquello que deseo esté en consonancia con las necesidades de la totalidad. Dado que Dios se encarga de toda la existencia, no comparte nuestro interés narcisista de autosatisfacción. Su función es impersonal, en beneficio del todo. Aun cuando quisiéramos manipular el resultado, es imposible conocer cuál es la acción adecuada para alcanzar una consecuencia específica, puesto que los factores son innumerables y la mente de Isvara es inescrutable.

La dualidad es una creencia y el individuo en busca de liberación no es otra cosa que Dios intentando liberarse a sí mismo de la ignorancia. Si Dios es el Creador y el responsable de todo, sin duda también es quien controla al individuo y quien se encarga de su supervivencia. Una vez que el individuo comprende este, puede comenzar a relajarse. Las situaciones presentadas por la realidad pueden no coincidir con las expectativas personales, pero no hay duda de que son exactamente lo que en ese momento se necesita. Dios es el factor que comprende nuestras vidas de manera global, siempre en relación con la existencia entera.

2.2) La ofrenda y el resultado

Karma yoga no quiere decir que se dejen de buscar determinados resultados en la acción. Solo es la comprensión de que los resultados no dependen de mí.

Un karma yogui entiende que las cosas que le ocurren no son simples sucesos, no son reacciones sin sentido suscitados por leyes materiales. Lo que recibe es un regalo de la totalidad. Y un regalo no puede ser rechazado ni criticado ni estar sujeto a quejas. Un regalo de Dios es algo sagrado. Por eso, el karma yogui ofrece todas sus acciones a Dios. Esto abarca no solo los actos considerados religiosos, sino cada uno de los actos de la vida diaria. Para cada acción del individuo en el campo, Dios presenta un resultado. Y ese resultado es lo perfecto, lo oportuno y lo necesario. Por lo tanto, cada acción es dedicada a Dios de manera atenta y deliberada.

La ofrenda de la acción y el resultado en karma yoga

La acción

El resultado

1) Antes de actuar, analizo mis motivaciones. ¿Están en línea con mi búsqueda espiritual? ¿Honran el dharma?

2) A continuación, purifico mis emociones. La acción realizada con un estado mental negativo produce tendencias negativas en la mente y posibles resultados desagradables. ¿Estoy procediendo desde la noción de inseguridad, injusticia o revancha? ¿Estoy actuando a partir de la ira o el embotamiento?

3) Dedico amorosamente y sin expectativas todas mis acciones al Ser. En mi interior, de manera atenta y consciente, actúo entregando de forma deliberada mi acción a Isvara.

1) En realidad todos los sucesos son un resultado, por lo que cada instante es visto como un regalo entregado por Dios o el Ser.

2) El primer gesto con el que recibo el resultado es el de aceptación total. Si no hay aceptación total, no hay karma yoga. Sobre todo en el caso de experiencias consideradas inadmisibles o insoportables, las miro de frente y repito internamente “sí”, la veces que sea necesario, aun cuando cueste trabajo y más aún si cuesta trabajo.

3) El segundo gesto con el que recibo el resultado es el de gratitud total. “Gracias” es la frase interna con la que recibo el regalo después de haberlo aceptado. Lo repito, también en este caso, sobre todo cuando cuesta trabajo. Cada resultado es lo perfecto, lo oportuno y lo necesario.

3) Karma yoga y jnana yoga

Karma yoga agota los vasanas que producen apego.

El karma yogui deja de ser un consumidor para transformarse en un contribuyente de la existencia, alguien que contribuye en el campo en lugar de sustraer. La práctica continuada fortalece el autoestima, pues corrige la imagen de limitación e inferioridad impuesta por la ignorancia, y hace más claro el sentido de la vida, así como la seguridad en uno mismo. El amor hacia uno mismo es uno de los efectos de la madurez, y es muy diferente de la soberbia o el narcisismo, que se basan más bien en la inseguridad interna. Por medio de la acción correcta con la actitud correcta, el karma yogui desarrolla un estilo de vida objetivo y se libera paulatinamente de las imágenes y los mandatos. Los beneficios suscitados por karma yoga son internos, en principio, pero eventualmente se reflejan con fuerza en el mundo exterior. El beneficio más importante para el karma yogui es, sin embargo, una mente cualificada para recibir el conocimiento de Vedanta. Dos de sus indicadores son el decremento de los gunas de la negación y la proyección (tamas y rajas) y el incremento del guna de la claridad (sattva).

Según Swami Paramarthananda, podemos medir el decremento de rajas y tamas a partir de la perturbación emocional: (a) frecuencia con la que sucede, (b) intensidad con la que se presenta y (c) tiempo que lleva el recuperar la calma. La frecuencia, la intensidad y el tiempo de recuperación pueden variar, de acuerdo con la preparación de la mente. En el caso de la intensidad, por ejemplo, esta puede ser alta, media o baja. La intensidad más alta es la que se manifiesta tanto en la mente y el discurso, como en el cuerpo. Una intensidad media ocurre cuando se manifiesta solo en el discurso y en la mente. Y la intensidad es baja, cuando aparece solo en la mente.

Por otro lado, entre los fenómenos internos cuya aparición evidencia el desarrollo de sattva podemos mencionar tres: calma, alegría y confianza en uno mismo. Una mente crecientemente sáttvica propenderá naturalmente hacia la indagación y el conocimento. Por lo tanto, se interesará en jnana yoga, que es la escucha, reflexión y asimilación del conocimiento que libera de la ignorancia. O como lo define Swami Paramarthananda, es el estudio sistemático y consistente de las Escrituras de Vedanta, durante un lapso de tiempo, bajo la guía de un maestro competente. Esto, según Swamiji, requiere dos tipos de preparación, mientras se practica karma yoga.

La primera consiste en reducir posesiones, obligaciones o responsabilidades, relaciones personales y transacciones (PORT, por sus iniciales). Estos cuatro factores se hallan interconectados, así que el incremento de uno de ellos necesariamente hará crecer al resto, lo mismo que su reducción colaborará para aminorar a los demás. Por sí misma, PORT no es buena ni mala. Ofrece, como todo, ventajas y desventajas. Para el karma yogui puede ser sumamente benéfico vivir y practicar karma yoga en una red de acción como esta, la cual genera prosperidad material y lazos emocionales constructivos. Sin embargo, PORT suele implicar un obstáculo para el desarrollo de la vida contemplativa, necesaria para el estudio de Vedanta, por el simple hecho de que, al igual que jnana yoga, PORT requiere tiempo.

El karma yogui interesado en jnana yoga, elige. Las posesiones, obligaciones, relaciones personales y transacciones (PORT) suelen exigir atención y preocupación. Si lo analizamos, nos daremos cuenta de que la gran mayoría de nuestras inquietudes están relacionadas con una de estas cuatro características. Una mente lista para jnana yoga reducirá estas fuentes de tensión, mientras amplía su capacidad de enfoque y atención. Por lo tanto, como parte de karma yoga y preparación de jnana yoga, el yogui debe reducir PORT en la medida de lo posible. Una mente preparada hará esto con facilidad, pues valora el conocimiento del Ser, para lo cual requiere tiempo de calidad y una mente no ocupada en temas ajenos a los de las enseñanzas.

La segunda parte de esta preparación, según enseña Swami Paramarthananda, consiste en el tomar sanyasa interior, que es en renunciar a SAP, un acrónimo que se refiere a los siguientes elementos:

S - Sentido de propiedad: Sentido de control y posesión del complejo cuerpo-mente individual, así como en relación con la familia y los objetos.

A - Ansiedad: Todas nuestras tensiones y ansiedades internas.

P - Peticiones especiales: Una oración es toda petición que se hace al campo de la Vida o al Creador. Las oraciones normales o naturales son las ofrecidas por el bienestar del mundo y por el crecimiento espiritual. Las peticiones especiales son todas las que no entran en estos dos rubros, es decir, las que están motivadas por el deseo de beneficio egoísta.

Renunciar a SAP se refiere a dejar de nutrir internamente la ansiedad surgida por la noción de ser un propietario. Esto puede conseguirse, gracias a karma yoga, cuando comprendemos que todas las cosas solo pertenecen a Isvara, incluidos nuestro cuerpo y nuestros seres amados. El karma yogui ha entendido que no es dueño de nada y no puede controlar nada. Solo es un contribuyente del campo de la existencia, pero jamás tiene el control ni la posesión de ninguno de sus elementos. La renuncia a SAP ocurre de manera natural cuando entendemos que Dios puede dar o quitar cualquier cosa en cualquier momento, incluida nuestra respiración. Todo se debe por completo a Dios. El apego a SAP no es más que el reflejo de un malentendido, el cual debe ser removido como parte de la preparación para jnana yoga.

El paso de karma yoga a jnana yoga implica un cambio de formato. Mientras el karma yogui, debido a su identificación con la persona, piensa de manera triangular (individuo-campo-Creador), el jnana yogui se identifica con el Ser, por lo que la aplicación de la visión no dual se manifiesta en un formato binario (Ser-no Ser), donde el sujeto se separa de todos los objetos que aparecen en él, por medio de la indagación. Esta práctica solo puede funcionar en una mente pura (sáttvica), desarrollada por medio de karma yoga, práctica que nunca se abandona por completo. Cuando el indagador llega a perder su identificación con el hacedor de la acción, la acción correcta con la actitud correcta es la única opción, porque es la forma espontánea en que se procede.

Aunque se habla de karma yoga como una práctica preparatoria para Vedanta, en realidad su implementación puede iniciar de forma paralela con la primera parte de de jnana yoga, que es el estudio de la Escrituras de Vedanta. Y aún cuando se siga avanzando en jnana yoga, el yoga de la acción ha de seguir fortaleciéndose en el conocimiento. A menudo el jnana yogui vuelve a ser tomado por vasanas de negación o proyección, que se manifiestan como perturbación emocional e identificación con el hacedor. En consecuencia, el formato triangular (individuo-campo-Creador) viene al rescate, para restaurar la claridad y facilitar la liberación de la ansiedad ante el apego por las acciones.

4) Lecturas de apoyo

Karma Yoga: Como ser libre, Swami Paramarthananda