Lección 8 – Karma yoga

Por James Swartz

Traducción: Shams Martínez

 

Un pequeño sumario

Para que Vedanta funcione, lo que debes hacer es cambiar tu forma de pensar. Y aunque desde la primera vez que escuchas la enseñanza pueda parecerte que la comprendes bien, una sola exposición no es suficiente para cambiar tus patrones de pensamiento. La enseñanza debe convertirse en tu vida, debe estar contigo durante todos los minutos del día, todos los días de la semana. Por lo tanto, es necesario que comprendas de manera completa la lógica del panorama total. Entonces, cuando surja algún obstáculo, podrás acudir al mapa del camino y comprender donde te encuentras y en donde deberías estar.

Hemos iniciado este curso con la afirmación de que el gozo que buscamos en los objetos en realidad está en el sí mismo, y la búsqueda de felicidad en objetos es un juego de suma cero. La enseñanza acerca de maya nos ofrece una explicación sobre la psicología que nos motiva a buscar la felicidad en los objetos. Los objetos, como se recordara, no son otra cosa que el sí mismo. Maya es el causante de que el ser, que es pleno y completo, se vea a sí mismo como incompleto y piense que los objetos servirán para volverlo completo. Este error constituye la lógica fundamental de samsara. Si no puedes verlo así, entonces aún no estás listo para Vedanta y eres bienvenido nuevamente en la continua búsqueda de objetos. Si eliges seguir persiguiendo objetos, algún día esta lógica te quedará clara, cuando samsara te derribe y te fuerce a aceptarla. La única forma de ganar en samsara es saliendo de ahí. Las victorias en el mundo de los objetos son en realidad derrotas, porque posponen lo inevitable, la comprensión de que el mundo es un sueño. La razón por la que es tan difícil advertir la calidad ilusoria del mundo es porque maya, al igual que una pantalla gigante de alta definición, proyecta de manera constante una serie de imágenes hermosas y sensuales que se te aparecen como reales y siguen estimulando tus fantasías. Puedes probarlas, tocarlas y olerlas, entonces vas detrás de las experiencias, que terminan por acumularse en forma de vasanas. Tu atención, que es la conciencia panorámica reducida, por maya, a un rayo del tamaño de la punta de un bolígrafo, se vuelve extrovertida y se fija en los objetos. No podemos evitar encontrar la ironía ahí: tú, el sí mismo, te estás buscando a ti mismo en los objetos, en los cuales no estás tú. ¿Qué podría ser más absurdo?

Lamento tener que extenderme más con respecto a este triste hecho, pero es necesario restregarlo en tu nariz espiritual, porque la verdad básica sobre esta realidad aparente es lo contrario a la intuición. Se “siente” como si estuviera equivocada. Y aun así no requieres una gran capacidad intelectual para comprender que la vida es solo un proceso inconsciente de estímulo y respuesta. En su nivel más elemental, se trata solo de ti prestando atención a la forma en que el mundo reacciona ante tus reacciones al mundo. A este ir del deseo a la acción y de la acción al deseo, lo llamamos samsara chakra. Como si uno hubiera caído en arenas movedizas, entre más se batalle por salir, más profundo se hunde. Uno de los significados para samsara es “remolino”. Cuando te ha atrapado no puedes escapar, y entre más te mueves, con mayor insistencia te implicas.

El impulso de tus acciones pasadas de mantiene atado a este chakra (o rueda). Si la rueda sube, tú subes, y si baja, tú bajas. Tu preocupación se basa únicamente en obtener lo que deseas y en evitar lo que no deseas. Así me sucedió a mí, por ejemplo, cuando era como un muerto viviente, como un robot o una marioneta, manejado por el temor y el deseo, así es como iba de arriba abajo sin poder evitarlo.

Antes de mostrarte la manera para salir del remolino y traer al sí mismo a tu vida, debemos añadir más noticias incómodas. En el último capítulo, mencionamos que, conforme los vasanas se acumulan en el tiempo, una distorsión estructural tiene lugar en el cuerpo sutil. En una persona saludable e integrada, los tres centros del cuerpo sutil se hallan armoniosamente unidos y así cooperan para alcanzar los objetivos del jiva. Sin embargo, cuando la carga de vasanas se ha vuelto pesada, el cuerpo sutil se distorsiona, su conexión se quiebra y se desarrolla el conflicto interno.

Con el fin de traer al sí mismo a la ecuación, lo que necesitamos es yoga. Debemos tomar nuestro condicionamiento en cuenta, porque es esto lo que nos impide contactar al sí mismo. Algo que me resulta incomprensible de los actuales maestros de Advaita es que te digan que tú no eres el hacedor de acciones y que ningún trabajo o práctica son necesarios. Desde luego que esto es bueno para sus negocios, porque al ego le agrada escuchar este tipo de consejos, aunque se trate de tonterías. Lo cierto es que, si no eres feliz, se debe a una razón; la razón es que tu condicionamiento te mantiene atado al mundo de los objetos. Así que necesitas practicar yoga.

¿Cómo funciona el yoga? El yoga remueve los vasanas de extroversión en la mente y desarrolla los vasanas que enfocan a la mente hacia el sí mismo, para que, de esta manera, la indagación pueda rendir frutos.

 

Karma yoga - No hay malos resultados

Cuando conoces tu verdadera identidad actúas de forma natural con un espíritu de karma yoga, porque posees claridad con respecto a lo que la acción y los resultados pueden hacer por ti. Así pues, karma yoga está dedicado a personas con un vasana espiritual, quienes saben que son la conciencia, pero no tienen suficiente confianza en el conocimiento. La falta de confianza se debe a los gunas de ocultamiento (tamas) y proyección (rajas), las cuales oscurecen y perturban a la mente a tal grado que no puede disfrutar la libertad que el conocimiento firme e inmediato confiere.

Aunque para una persona sensible resulta parte del sentido común, la fuente de la idea de karma yoga es el Bhagavad Gita, uno de los tres pilares de Vedanta. Esta Escritura cuenta el relato de una persona con la mente extravertida, quien abandona su deber en medio de la crisis, y recibe la enseñanza del conocimiento del ser, en el campo de batalla de la vida, impartida por una persona iluminada que también es su amigo. La mente del aprendiz es demasiado agitada como para permitir la asimilación del conocimiento, por lo que el maestro lo anima a practicar karma yoga. Sin karma yoga, el conocimiento del ser no permanece. Bien podrías experimentar epifanías no duales y sentir que estás iluminado, pero sin karma yoga esta sensación eventualmente se disolverá y continuarás buscando la "iluminación", como hacías al principio.

Debes saber también que karma yoga te dará una vida feliz, estés o no buscando la liberación. Algunas personas, quienes están inconscientemente en armonía con el espíritu de la creación, desarrollan karma yoga y lo practican sin saberlo. Antes de desplegar esta enseñanza debemos derribar otro mito espiritual. Karma yoga no se refiere a un servicio libre del sentido del yo. Solo hay un sí mismo y, por lo tanto, todo lo que se hace es al servicio del sí mismo. La forma en que, por lo general, karma yoga se presenta a los occidentales en India, es poco más que un ingenioso ardid de los gurús y sus organizaciones para obtener trabajo gratis por parte de ingenuos neófitos espirituales. Si lo que buscamos es reducir nuestra carga de vasanas con el fin de que la mente se enfoque hacia el sí mismo, lo que necesitamos es espíritu de karma yoga. Hablamos de un espíritu que solo se puede integrar exitosamente cuando se ha comprendido la lógica que lo respalda.

 

Karma yoga trabaja en el ego, que es el hacedor de acciones. El ego es aquella parte del cuerpo sutil que realiza las acciones con el objetivo de disfrutar los resultados. Es también la parte que se apropia de la acción y sus resultados. Las palabras "yo hago", "yo disfruto" y "esto es mío", pertenecen al hacedor. Para alguien que busca la libertad, estas ideas son obstáculos porque construyen vasanas negativos y obstruyen el conocimiento.

Las personas tienen la inclinación de culpar de sus sentimientos incómodos a su infancia y a las circunstancias de su vida, lo cual es un buen negocio para los psicólogos. Mi esposa lo llama "heridología". Supongo que lo que se espera es que, cuando el cliente llegue a comprender lo sucedido y lo sufrido, de alguna forma quedará libre de sus sentimientos negativos. Sin embargo, Vedanta sostiene que no es necesario ir tan lejos para encontrar la fuente de nuestros problemas emocionales. La razón, como expusimos en el capítulo anterior, es muy simple: no estás obteniendo lo que necesitas. Así es, no estás obteniendo lo que deseas con la esperanza de que tener eso te hará sentir bien. Cuando no obtienes el resultado deseado, lo que sientes es alguna forma de la furia (rajas) o de la decepción, que puede llevar a la depresión (tamas). Todas las emociones incómodas son generadas por rajas y tamas. Esta lógica emocional no es muy fácil de refutar, debido a que, cuando sí obtienes lo deseado, la sensación percibida es de gran gozo. Así que, para el hacedor, la felicidad consiste en obtener siempre lo que este desea.

Aquí no nos referimos a si deberías o no deberías obtener lo deseado. Lo que queremos dejar claro es que lo que haces lo haces PARA obtener algo deseado. En el mundo espiritual prolifera la extraña noción (que se popularizó a partir de la enseñanza de Buda sobre el deseo como causa del sufrimiento) de que uno no debería desear nada. Pero en verdad es imposible no desear nada. Esto no depende de uno. Uno llega a la tierra con los deseos incluidos, y el deseo es lo que nos motiva del amanecer al crepúsculo, y por lo general esto no cambia durante toda nuestra vida. Un ser humano es poco más que aquello que desea. Así que Vedanta no está en contra de que uno obtenga lo que quiere. Lo que puntualizamos es que el obtener aquello que se desea no es un avance hacia la felicidad.

Karma yoga termina con el estrés

El estrés es la ansiedad por los resultados de las acciones. Si preguntas a alguien la razón por la que practica la meditación, es probable que responda: "para eliminar el estrés". La meditación, sin embargo, elimina el estrés presente pero no termina con la causa del estrés. Esta es la razón por la que la gente medita durante muchos años, sin éxito. Es la razón también por la que muchos practicantes abandonan la meditación para iniciar prácticas de otro tipo. Karma yoga elimina la causa del estrés por medio del agotamiento de los miedos y los deseos que producen estrés.

Los resultados no dependen de uno

Nunca nos cansaremos de decirlo, desafortunadamente hay un pequeño problema cuando deseas lo que deseas: los resultados de tus acciones no dependen de ti. Esta es información poco agradable. Aunque siempre está por ahí, aproximadamente cada veinte años el materialismo espiritual se convierte en una obsesión en el mundo espiritual, bajo la forma de una enseñanza al estilo de “El secreto”. El único propósito de las enseñanzas de este tipo es hacerle creer al ego que existe algún tipo de esperanza para él, de que, a pesar de que sus estrategias hayan fracasado constantemente en el mundo, puede refugiarse en la fantasía de que hay una forma especial (alguna técnica secreta) que le permitirá controlar los resultados de sus acciones y manipular el campo del dharma en su propio juego. Esto resulta seductor, debido a que la mayoría de las personas espirituales (todo el mundo, de hecho) son flojas y no les agrada la idea de ser controlados en ningún aspecto. Cuando puedes ver a través de esta idea, quiere decir que ya estás listo para escuchar a la razón.

Si los resultados de tus acciones dependieran de ti, tendrías todo lo que deseas. Entonces, ¿de qué dependen los resultados? Dependen de la ley del karma y del campo del dharma.

En el sexto capítulo hemos presentado un rudimentario esbozo de lo que el campo del dharma es, al cual llamo “mandala de la existencia”. Se trata de un campo abarcador, que incluye a todos los elementos materiales, a los cuerpos densos y a las fuerzas y leyes que los controlan, así como a los cuerpos sutiles y a todas las fuerzas y leyes que controlan los aspectos psíquicos, psicológicos y morales del campo, que es la mente macrocósmica. Por último, el campo del dharma es controlado por el cuerpo causal y la ley del karma.

¿Quién soy yo? La idea que tengo es que yo soy una pequeña brizna de conciencia limitada habitando el océano vasto y complejo de conciencia ilusoria. Al ser parte del campo, todo luce como si yo generara acciones, que son pequeñas ondas sobre la superficie de la vida. Mis acciones no se alejan de mí volando, para fructificar en otro universo. Al contrario, permanecen en el campo. El campo se comporta como si fuera algo consciente porque está situado en la conciencia, de la misma forma en que la serpiente del cuento está situada en la soga, y aparenta existir y estar viva cuando se la percibe a partir de un cierto contexto. Así que el campo responde. Produce karma. El karma se refiere a aquello que sucede. Entonces, de una u otra manera (la cual no es siempre obvia), el karma regresa al hacedor de acciones. Como suele decirse: “nuestras acciones vuelven a nosotros”. En la Biblia se expresa como: “uno cosecha lo que ha sembrado”. Así pues, todos sabemos del karma, pero casi nadie lo comprende.

La gran pregunta es: ¿Cuál es la base que el campo toma para responder a mis acciones? No puedes decir que el campo no responde a tus acciones porque, de hecho, la vida no es otra cosa que aquellos acontecimientos que el campo de la vida me va entregando como respuesta. Este campo debe ser inteligente, de alguna forma, porque tú no obtienes respuestas de acciones cometidas por otro. Si tú asesinas a tu esposa, eventualmente la policía te buscará a ti, no a mí. Si tú bebes alcohol, el que desarrollará una cirrosis no seré yo. Pero, ¿cuál es el principio que determina el resultado? El campo determina el resultado con base en las necesidades del campo.

Ignora al campo del dharma, bajo tu propio riesgo

Resulta que este es un hecho muy difícil de aceptar para el ego, que solo se halla interesado por la pequeña parte del campo que tiene impacto en su mundo. Algunos individuos son tan egocéntricos que ni siquiera pueden convivir de forma apropiada con sus familiares cercanos, ya no digamos con sus vecinos, sus empleadores, etc. El egocentrismo implica una gran cortedad de miras, entre otras cosas porque todo lo que llega a nosotros en todos los casos proviene de nuestro prójimo. Incluso aquellos que se preocupan del círculo inmediato que los rodea, tampoco pueden controlar lo que les sucederá, debido a que todo lo que le pasa a las personas que rodean a un individuo está condicionado por las personas que, a su vez, rodean a cada uno, y ese círculo más amplio de gente es afectado por un círculo todavía más abarcador, el cual pertenece a otro círculo, hasta que todo es incluido. Ese “todo” es Isvara. Desde Su punto de vista, ningún objeto en el campo es más o menos importante que los demás. Así que estas serán malas noticias para mí si lo que estoy buscando no está al servicio de las necesidades de la totalidad.

Todos sabemos esto de una o de otra forma. Las personas religiosas lo llaman Dios. Y dicen que todo es la gracia de Dios. En esto coincidimos, aunque no en todo, porque en Vedanta no personificamos a Dios. No investimos a Dios con características humanas y divinas para ubicarlo, además, fuera del campo del dharma. Para Vedanta, Dios es el campo del dharma mismo. Por eso es que no identificamos a Dios solo con el buen karma, sino que también incluimos al mal karma, bajo la comprensión de que la realidad es no dual. No hay, de hecho, dos principios separados operando en el campo del dharma, aunque maya muy bien hace parecer que así es.

El secreto de la acción

Comprendo que en términos de mi felicidad, el campo tiene todo el poder y que depender del campo provoca sufrimiento. Pero también sé que uno no puede simplemente retirarse del campo del dharma. El deseo que hay en mí demanda acción, y la acción causa deseo. Por lo tanto, aunque huyera a una cueva solitaria en India no podría resolver mi problema, debido a que mis vasanas y mi mente perturbada me acompañan siempre.

Lo que no he comprendido es por qué la acción causa vasanas. Los vasanas son provocados por la actitud bajo la cual actúo. ¿A qué tipo de actitud me refiero? Se trata de la actitud “yo quiero, yo no quiero”; es decir, aquella actitud motivada por el miedo y el deseo. Aunque no coincida con mi experiencia, la razón puede darse cuenta de que con una actitud distinta podrían no producirse los vasanas que me atan a la acción y sus resultados. ¿Existe una actitud así? ¿Qué tipo de actitud sería?

Por lo general, los adultos no son un buen ejemplo de esto, pero un niño jugando puede darnos una buena pista. Hace poco, me encontraba en la playa, mirando a un grupo de niños que se divertían construyendo un castillo de arena. Entre todos trabajaron felizmente durante más de una hora con sus pequeños cubos y palas. Entonces, en cuanto el castillo estuvo terminado, procedieron a destruirlo para correr después y zambullirse en el mar. Unos años antes, me encontraba en Londres, en el Museo Nacional, y observé a un grupo de monjes tibetanos creando un gigantesco e intrincado mandala con arena de colores. Habían estado trabajando en él durante semanas y, en unos pocos días, cuando estuviera terminado, iban a destruirlo. ¿En qué podrían estar pensando para hacer algo así? Obviamente, no estaban interesados en disfrutar del mandala una vez que este estuviera finalizado. En ambos casos, la acción no crea ningún vasana aprisionador. Lo que los niños comprenden de manera intuitiva y los monjes saben de forma consciente, es que la acción realizada bajo un cierto espíritu o actitud es liberadora, no aprisionadora. ¿A qué espíritu me refiero?

Sin mucha introspección de por medio, debes admitir el hecho de que no deseas morir. Las personas aman la vida. Uno de los parientes de mi esposa, que sufría de cáncer, se sometió a tres quimioterapias y radiaciones antes de sucumbir a la enfermedad. Deseamos vivir porque la vida es hermosa. Es un gran gozo y un gran privilegio estar aquí, vivos. Incluso unos pocos momentos en el disfrute de la belleza de la vida y del amor son suficientes para hacernos soportar grandes miserias.

Una vez más, no se requiere ser un genio para darte cuenta de que tú no te diste la vida a ti mismo. Tú no creaste al mundo que te rodea. Tampoco creaste tu cuerpo ni tu mente, y no eres responsable de los millares de tareas imperceptibles que te mantienen con vida. Si eres honesto, tendrás que admitir que tú no creaste nada. Apareciste aquí un buen día y todo ya estaba hecho, a la medida para su uso. ¿Quién o qué hizo todo esto? Ishvara, Dios, el campo del dharma es quien lo hizo. No hay ninguna otra explicación.

Dharma es la respuesta apropiada

Cuando alguien te da un regalo, ¿cuál es la respuesta apropiada? Si eres culto y amable, dirás “gracias”, no solo por amabilidad sino porque te sientes en verdad agradecido. El cuerpo y la mente solo pueden funcionar porque han sido bendecidos con el regalo de la vida y con ellos es que buscas el éxito aquí en el mundo. No importa a lo que te dediques, todo le pertenece a la conciencia y lo tienes de prestado. Te encuentras aquí por una razón y te fueron dados los poderes necesarios para seguir tu dharma, tu deber. De ti se requiere una respuesta. No es lo que haces. Lo importante es el hecho de que lo haces, de que puedes hacerlo. ¡Qué generoso y magnánimo es Dios! ¡Cuánta fortuna la de estar vivo! Cada una de las acciones realizadas con este espíritu, respaldado por esta comprensión, no reproduce un vasana. Así que es muy posible cambiar tu condicionamiento si procedes bajo este espíritu o actitud. Es también posible cambiar tu condicionamiento, de lo cual hablaremos conforme avanzamos en el texto.

Si estudias a las personas iluminadas, te darás cuenta de que ellas no crean karma y no están apegadas a los objetos. No generan vasanas aprisionadores porque, puesto que se conocen plenas y completas (pues son uno con la conciencia, que es toda vida), saben que no requieren de objetos para ser felices. Están satisfechas solo con el ser y están satisfechas con los objetos que tienen o no tienen, sean cuales sean. No hay duda de que actúan, pues ningún individuo es libre de la acción. Sin embargo, actúan desde la totalidad, actúan desde la felicidad, y no para la felicidad desde la incompletud.

El hecho de que alguien no esté iluminado no significa que no pueda liberarse de gran parte del karma y de los vasanas. Ninguna experiencia de iluminación es necesaria para la destrucción de todos los deseos. El deseo sobrevive a todas las experiencias de iluminación. Incluso si una experiencia de iluminación destruye el deseo de los objetos diarios, crea un deseo aprisionador en ese momento, porque es tan maravillosa que, cuando termina (toda experiencia tiene fin, pues sucede en samsara) la deseas de vuelta, ya,  inmediatamente. Las experiencias de no dualidad pueden ser drogas peligrosas.

Para deshacerme de vasanas aprisionadores todo lo que se requiere es un cambio en la actitud que motiva mis acciones. Karma yoga es una actitud que se toma con respecto a la acción y sus resultados; es una actitud que agota o quema los vasanas. No crea otros vasanas, con excepción del vasana de karma yoga, el cual se agotará a sí mismo cuando el conocimiento del ser surja en la mente, preparado por karma yoga. Esta enseñanza está designada para crear la comprensión que te motivará a la práctica de karma yoga, asumiendo que tienes el deseo de alcanzar la liberación. El decir que es “todo lo que se necesita” hace parecer que karma yoga fuera algo muy sencillo. Sin embargo, no es sencillo cuando la idea de que el gozo buscado está en los objetos se ha convertido en un vasana. Por lo tanto, para establecer karma yoga, hay una resistencia inmediata que parte de aquella persona que esta misma práctica intenta liberar: el Sr. o la Sra. Ego.

La inteligente ignorancia

El ego es quizá el más tamasico de los tres centros internos. Se resiste al cambio con uñas y dientes. No se lo puede forzar para hacer karma yoga. Y es que karma yoga es como ponerte a dieta. Requiere de vigilancia eterna. Cuando estás en una dieta, es probable que tu fuerza de voluntad sea grande y que tengas una meta bien establecida, pero tu obeso interior no se portará muy amigable, y hará todo lo posible para sabotear tus esfuerzos. Por ejemplo, cuando estás tomando el té en la cafetería y ves un rico panqué, aunque sepas con claridad que no forma parte de tu programa de reducción de peso y aunque entiendas que está prohibido, tu obeso interior es más inteligente de lo que imaginas. Así que procederá a convencer al intelecto de que las calorías en el panqué no son demasiadas y que la miel y la harina orgánica, sus ingredientes, son de hecho saludables, además de que mereces un premio después de los muchos esfuerzos que has realizado, etc.  Y antes de lo que imaginabas, el dulce panquecito se encontrará haciendo compañía a tu taza de té. Esta es una de las formas en que se manifiesta la gran inteligencia de la ignorancia, que casi siempre hallará la forma de salirse con la suya.

La manera en que debemos tratar con el Sr. Ego es educándolo. Esta es la razón por la que Vedanta (que es un camino sin caminos) es superior a todos los caminos. No te dice qué hacer. No pregona escapes fantasiosos, sino que te educa, te saca de la ignorancia. Una vez que la lógica es comprendida, resulta razonablemente fácil hacer lo que tenga que ser hecho. Karma yoga es dharma yoga, la respuesta apropiada.

El trabajo es devoción

Hasta aquí hemos explicado la lógica de karma yoga. Sin embargo, la lógica es solo el comienzo. Antes de entrar en la práctica de karma yoga es útil examinar una reciente noción errónea con respecto al yoga. Resulta natural pensar que hay diferentes yogas que se dirigen a distintos tipos de personalidades. Esta idea fue introducida hace unos cien años por Swami Vivekananda, quien se podría decir que es el padre del “nuevo” Vedanta o del Vedanta “moderno”, precursor de Neoadvaita, la más popular repetición (a la cual me permito llamar corrupción) de Vedanta tradicional en estos días. Esta falacia es llamada confusión de los caminos múltiples y revela un malentendido básico acerca de la naturaleza del ser. Surgió durante los tiempos de Freud, de ahí su peculiar sesgo psicológico.

El pensar que Vedanta y yoga deberían adaptarse a las épocas es un error, puesto que la gente es fundamentalmente la misma desde el surgimiento de las enseñanzas: conciencia más tres cuerpos. Vedanta se dirige a la persona esencial, a la persona universal, no a la persona condicionada. Es cierto que ahora tenemos iPads, hacemos viajes en avión y vivimos en sociedades complejas pero, como dice el poeta, “no hay nada nuevo bajo el sol”. Un ser humano es un ser humano. El añadir o sustraer algo de la lógica fundamental de Vedanta o el modificar alguna parte de la enseñanza para hacerla casar con la experiencia de un ser humano en particular no es algo útil.

La confusión de los caminos múltiples sostiene que karma yoga es una práctica solo para los tipos activos, mientras que bhakti yoga, conocido popularmente como el camino del amor, se prescribe solo para los tipos devocionales y jnana yoga se dirige a los tipos intelectuales. Esta “enseñanza” es un absurdo patente, porque el ego, las emociones y el intelecto son comunes a todos los individuos. Así que el practicar un yoga a expensas de los otros solo incrementa la distorsión estructural en el cuerpo sutil. Todos los “centros” deberían desarrollarse en armonía, uncidos como en una yunta, hacia una sola idea: yo soy conciencia total, completa, ilimitada, no dual, ordinaria y libre de acción. Más aún, cuando comprendes la naturaleza de la realidad no puedes distinguir entre amor, acción y conocimiento. Desafortunadamente, las personas se identifican con distintos aspectos del cuerpo sutil y desarrollan identidades limitadas que se basan en el tipo de actividades que su ignorancia se inclina por favorecer.

Karma yoga es también la devoción, bhakti yoga. Se trata simplemente de amor por el sí mismo en la forma de la creación. El amor que uno siente por la vida no es creado por uno. No es “tu” amor. Es la conciencia, que es amor, amando en ti y a través de ti como a ti mismo. En el caso de karma yoga, el ser, cuando está bajo el hechizo de maya, piensa que es una persona con amor (que es solamente el deseo de atención), el cual enfoca en objetos y, debido a que esto no funciona, la atención que invierte en la vida en forma de acción, debe ser ofrecida de vuelta a la creación con la misma actitud con la que nos fue dada, para completar el ciclo cósmico.

Consagración

Karma yoga es también jnana yoga porque, para mantener una devoción significativa por la vida a través de mis acciones, es necesario entender que la realidad es no dual. El amor que ha habido en mí por lo objetos no es más que el sí mismo amando a través de mí, dirigido por error hacia los objetos. Pero ¿está en verdad dirigido fuera del sí mismo? Si comprendo que la realidad es no dual, también me daré cuenta de que todos los objetos que aparecen en mí (incluida mi vida y todo lo que en ella aparece) son solo yo. Por lo tanto, ¿no son todos los objetos dignos de mi devoción? La devoción no es lo mismo que la súplica. Es más bien amor apreciativo. Uno está agradecido por lo que recibe, por el sí mismo en la forma de la creación, así que ofrece sus acciones a la creación con un espíritu de gratitud.

Karma yoga deshace la orientación del cuerpo sutil hacia angustia y el temor, una postura inconsciente que se halla presente en el momento en que surge un impulso de actuar, también durante cada pensamiento, sentimiento y acción, y cuando las acciones fructifican. La angustia por el temor y el deseo es un compañero silencioso. Así que modificar hacia su contrario una orientación que se ha mantenido durante toda la vida, implica sin duda un trabajo duro, una guerra contra el ego. La consagración quiere decir pensar en el sí mismo, recordándote a ti mismo tu propósito aquí, invocando una actitud de gratitud con cada acción y después hacer lo que se requiere sin apego por los resultados. Cuando el impulso de actuar es gestionado directamente de esta forma, es imposible realizar acciones que te insulten a ti mismo o que lastimen a los demás. El daño lo causamos únicamente cuando no somos conscientes de lo que hacemos. Nadie puede volverse más consciente de lo que ya es, porque la conciencia no cambia, pero sí podemos comprender cada vez más nuestra orientación limitada y los resultados no deseados que esta orientación produce.

Más allá de la lógica defectuosa sobre la que está construida, los proponentes de la iluminación experiencial (otra de las confusiones del “nuevo” Vedanta) se beneficiarían mucho con karma yoga, porque la experiencia de reflejo del ser en el cuerpo sutil, la cual es iluminación experiencial (y por lo tanto impermanente), puede ser más o menos constante, y con mayor o menor brillo e intensidad, si rajas y tamas son purificados del cuerpo sutil con karma yoga. Entre más practica uno karma yoga, más pura se vuelve la mente y más epifanías tienen lugar en ella, lo cual intensifica la fe, en caso de que estas experiencias sean comprendidas correctamente.

Un regalo de Dios

La vida no es más que el fruto de nuestras acciones una vez que ingresaron en el campo del dharma. Para completar nuestra comprensión acerca de la actitud de karma yoga, debemos tomar lo que sucede como un regalo de Dios. El modelo de esta idea es un templo de adoración indio. Un devoto lleva una ofrenda al templo y la entrega al oficiante, quien la ofrece a la deidad, para devolverla consagrada. El devoto es libre de hacer con ese objeto lo que mejor le parezca, generalmente lo distribuye entre los mendigos que aguardan fuera del templo.

Paz mental

El tomar los sucesos como un regalo está bien siempre que dichos sucesos coincidan con nuestro deseo, pero ¿qué debo hacer cuando el campo del dharma me entrega algo que no deseo? ¿Cómo debería recibirlo? ¿Debo enojarme y rechazarlo? Por el contrario, lo que me corresponde es tomarlo como un regalo. Los samsaris son felices cuando obtienen lo que desean e infelices cuando no es así, pero los karma yoguis son felices cuando obtienen lo que quieren y también cuando no lo obtienen, pues su objetivo es la paz de la mente, no los gozos efímeros que provienen de los objetos. ¿Cómo funciona esto?

Los vasanas aparecen en el cuerpo sutil como inclinaciones y aversiones. Las inclinaciones y aversiones, atracción y repulsión, miedo y deseo son enemigos del karma yogui. Karma yoga tiene la finalidad de neutralizarlos, pues agitan la mente de manera continua, lo cual la vuelve poco viable para la indagación discriminadora. El campo del dharma es una universidad donde se nos enseña quiénes somos, y solo somos aceptados en ella cuando hemos aprendido nuestras lecciones. La forma en que se nos enseña es entregándonos los frutos de nuestras acciones. Mi esposa, Sundari, dice: “Un karma yogui sabe que la experiencia es una cápsula del tiempo en descomposición cuyo objetivo es brindarnos conocimiento.” Los resultados jamás perduran, pero el conocimiento que se oculta en el interior de la experiencia apunta hacia el sí mismo. Así que, cuando algo sucede, independientemente de si es o no lo que deseamos, nos corresponde darle la bienvenida y aprender de ello. De esta forma, las inclinaciones y aversiones se ven neutralizadas y el desapego necesario para la indagación continúa desarrollándose.

Estados de la mente

Hace poco, un amigo me recomendó una “buena” película. Sin embargo, resulto ser una película incómoda de mirar porque involucraba una violencia sin sentida, aun cuando el “chico bueno”, que era un ser humano con bastantes defectos, triunfaba “al final”. Después de eso, no dormí bien y el cuerpo sutil se encontraba molesto al día siguiente. Hasta ahora he presentado karma yoga como una respuesta para los eventos externos pero karma yoga también se aplica en los estados de la mente. Las emociones suscitadas por la película eran los resultados no deseados de mi acción. Yo no habría podido saber cómo es que mi inconsciente habría de responder a la película. ¿Debería enfurecerme conmigo mismo por haber aceptado el consejo cinematográfico de mi amigo, y así añadir otra capa de sufrimiento a la capa actual? ¿O debería mirar el filme y mi reacción a este desde el punto de vista de Ishvara y aceptarlo gentilmente? No tengo opción. Karma yoga es discreción con referencia a la acción y sus resultados. Debe ser practicado en las emociones que aparecen en mí, las buenas y las malas, así como en todos los eventos que propician dichas emociones.

Las cinco ofrendas

Karma yoga no es solo la actitud correcta, es la acción correcta. Las acciones (karmas) pueden ser clasificadas en términos de qué tan bien sirven para preparar la mente para la indagación. Las acciones pueden ser: (1) sattvicas: aquellas que producen el máximo beneficio espiritual; (2) rajasicas: aquellas que no benefician ni perjudican, y (3) tamasicas: aquellas que son dañinas y que te alejan de tu objetivo.

El tercer tipo de acciones, adharma karmas, no se recomiendan a nadie y están definitivamente prohibidas para el karma yogui. Aunque puedan entregar alguna ganancia física o psicológica al hacedor de acciones, dañan a los objetos animados e inanimados en el campo del dharma y perjudican espiritualmente al hacedor. Deben ser evitadas a toda costa.

El segundo tipo de acciones no son necesariamente adharmicas. No involucran daño a uno mismo o a los demás, excepto por el daño inadvertido, pero son completamente egocéntricas, e invitan al hacedor a ignorar las necesidades de los otros. No traen beneficio espiritual, o si acaso uno muy pequeño, aunque tampoco implican necesariamente un daño, pero se dirigen solo a metas materiales.

El primero tipo de acciones, sattvika karmas, son necesarias para que karma yoga pueda rendir frutos. Son karmas de dar, no de tomar. Uno debe recordar que los vasanas son creados por la actitud de tomar. Sin hacer demasiado hincapié en este punto, estos vasanas se deshacen cuando la actitud opuesta entra en juego. Swami Paramarthananda dice: “Cuanto mayor es el dar más grande es el crecimiento.” Karma yoga implica acciones que agregan valor a cada situación, acciones que contribuyen al bienestar del campo del dharma. Son llamadas yagnas en la cultura védica. Yagna quiere decir ofrenda.

Lo primero y más importante es la adoración a Ishvara. Aquí hay una traducción de una de las oraciones más populares, la cual debe recitarse de manera sincera y con gran amor cada día:

"Que todos los humanos estén bien.
Que las grandes almas (mahatmas) nos revelen el camino de la virtud.
Que haya gozo perpetuo para aquellos que han comprendido su verdadera identidad.
Que todos los seres en todos los mundos, terrestres y extraterrestres, sean felices y libres.
Que todos los seres tengan salud.
Que todos los seres tengan buena fortuna y que ninguno caiga en los caminos del mal".

Esta oración económica y bastante común viaja de forma instantánea a todas las dimensiones de la creación bendiciendo a todos los seres vivientes.

La segunda expresión de gratitud es la adoración de los antepasados, aquellos por quienes estamos aquí. Es triste decirlo, las tendencias negativas de la mayoría de la gente, los resentimientos y todas las emociones de ese tipo, fueron desarrollados en la infancia a partir de los padres, y cada día burbujean para perturbar a la mente y al mundo. Esta oración absuelve a los antepasados ​​de su responsabilidad y redime el pasado; lo integra en la vida del devoto.

La tercera ofrenda es devoción por las escrituras, sus autores y aquellos que las enseñan. Gracias a estos seres admirables nosotros tenemos la oportunidad de recibir las enseñanzas que nos llevan hacia la liberación. Esta devoción es simple apreciación del desinterés de aquellos que han propagado y preservado la gran tradición de la indagación en el sí mismo. Es un reconocimiento del valor de la lógica científica de la tradición de la enseñanza y debe ser acompañada con actos que la respalden.

La cuarta devoción es el servicio por la humanidad. Es el servicio social. Aunque loable, el servicio social no absuelve al karma yogui de practicar todos los cinco yagnas.

El quinto es el contribuir con todos los seres vivientes no humanos. Es el cuidado del ambiente. Es la gratitud hacia las plantas y los animales por permitir nuestra supervivencia. Es pensar en uno mismo como un ciudadano protector del mundo. Es el entender la total dependencia de uno hacia la totalidad.

La intención de un karma yogui es mantener karmas sattvicos en el primer plano de su vida, mientras los karmas rajasicos son relegados a un estatus de subordinación y los karmas tamasicos son eliminados. Desde luego que es imposible eliminar todas las acciones tamasicas. Hay ciertas situaciones inevitables que empujarán al hacedor a lastimar a otros o a sí mismo. Aun así, uno debe siempre de luchar por practicar karmas sattvicos, porque lo que estos brindan es madurez y crecimiento espiritual, debido a que neutralizan la agitación que nace por el contacto inevitable con situaciones y personas impías.