Lección 10 – Las ataduras

La creación se comporta de acuerdo con ciertas leyes y principios. Todo es parte de un diseño inteligente y su construcción sirve a las necesidades de la totalidad. La creación es en apariencia (pero no realmente) consciente de sí misma. Para el beneficio de las aparentes entidades que la toman como real y que desean ser libres de ella, es que ahora desplegamos la enseñanza de los tres gunas. Los gunas fueron expuestos en su nivel macrocósmico dentro del capítulo 7. En este capítulo, revisaremos cómo es que funcionan en la mente humana.

Antes de que la creación existiera, la conciencia existe. Maya, que es un poder en la conciencia, es lo que manifiesta al universo a partir de la conciencia. Maya es tanto la causa material como la causa inteligente de la manifestación. La creación está hecha de energía. Aunque la energía es una, esta aparece en la forma de gunas. Cada objeto, ya sea denso o sutil, es creado de estas tres energías. Para comprender nuestro punto y la naturaleza de nuestra experiencia, debemos comprender los gunas.

Me disculpo por presentar otras palabra en sánscrito, pero no hay palabras en ningún otro lenguaje que resulten adecuadas para describirlos. La palabra “cualidades” se acerca un poco pero no lo suficiente. Sea como sea, los gunas son los causantes de la experiencia. De hecho, son la experiencia en sí misma. Causan el sufrimiento y causan el gozo. El conocimiento de los gunas es la solución al sufrimiento.

Una persona que comprende que ella es la conciencia, puede o no estar interesada en cambiar la naturaleza de su experiencia en samsara. Si esta persona no se encuentra interesada, esto se debe a que reposa más allá de los gunas como un testigo desapegado de aquello que sucede, y en el disfrute del gozo de la conciencia. Sin embargo, aquellos que no están felices se encuentran muy interesados en la naturaleza de su experiencia. Es la insatisfacción con respecto a la experiencia lo que motiva la búsqueda de la iluminación y la mayoría de las empresas.

La iluminación o liberación es para la mente. Tú, que eres la conciencia, ya eres libre. La limitación que experimentas existe solo en el cuerpo sutil. El cuerpo sutil es la parte experimentadora y conocedora del ser. La ignorancia y el conocimiento residen en ella. La ignorancia es la creencia de que el ser es una entidad limitada, incompleta e inadecuada, es decir, un pensador, un percibidor o un hacedor de acciones. Por el contrario, el conocimiento es “yo soy conciencia no dual, ordinaria y libre de acción”.

 

Causas directa e indirecta

En cuanto a la liberación, no tenemos que enfocarnos en los cuerpos denso y causal. El cuerpo físico debe ser fuerte y saludable y el ambiente ordenado, limpio, tranquilo y seguro. El cuerpo causal es la clave del acertijo entero de la existencia, pero no hay nada que podamos hacer directamente con él, pues es mucho más sutil que el experimentador/hacedor. Lo comprendemos solo a partir de la inferencia. Se transforma indirectamente con el trabajo realizado por el cuerpo sutil. El trabajo es llamado sadhana, práctica espiritual, el “medio para el logro”. Mientras que el conocimiento del ser es la causa directa de la liberación, la práctica es la causa indirecta. Prepara a la mente para el conocimiento del ser.

Hay una noción extraña en el mundo espiritual basada en la creencia de que el buscador tiene la opción de seguir el camino directo o el indirecto. Se piensa que el camino directo es muy sencillo y que el camino indirecto requiere mucho trabajo. Así que muchos buscadores optan por el camino directo. Sin embargo, el camino directo solo es fácil para el buscador cualificado. Si tú estás cualificado, Isvara te presentará a un maestro del camino directo. Si no estás cualificado y te diriges a un maestro del camino directo, no comprenderás la enseñanza o, en su defecto, estarás frente a un maestro del camino directo que es incompetente. Así que son tus cualificaciones, no tu voluntad, las que determinan el camino.

El miedo a no alcanzar la iluminación o a perderla una vez alcanzada se debe únicamente al hecho de que el cuerpo sutil no se ha preparado de forma adecuada. La preparación del cuerpo sutil se lleva a cabo en términos de gestionar y neutralizar aquellas preferencias y aversiones aprisionadoras. Si no se las gestiona y neutraliza, ni el conocimiento del ser ni la experiencia de este serán estables.

Un conocimiento del ser firme puede generar una mente inalterable, que disfruta de una experiencia constante de gozo de la conciencia reflejada en el cuerpo sutil. Sin embargo, los buscadores con un conocimiento titubeante a menudo experimentan el fenómeno de la “luciérnaga”: el conocimiento/experiencia de su verdadera identidad viene y se va, conforme la mente cambia, lo que crea una sensación desestabilizadora de frustración. Viene y va, como si parpadeara, porque el cuerpo sutil no se encuentra establecido en sattva guna. Cuando la experiencia de plenitud y totalidad los abandona, los buscadores intentan “recuperarla” frenéticamente. Incluso cuando lo están experimentando sufren de una preocupación intensa porque no están en control de su experiencia. ¿Quién tiene el control? El control de la experiencia está a cargo de los gunas. Cuando los gunas cambian, la experiencia del individuo cambia. Por tanto, el conocimiento de los gunas es esencial para cualquiera que se encuentre buscando la liberación por medio de la indagación.

Por decirlo de otra forma, cuando sattva guna es predominante me siento feliz y cuando rajas o tamas predominan me siento más o menos infeliz. Uno de los significados de guna es “atadura”. Los gunas, como las ataduras, me encadenan a la experiencia. En lo personal, nunca deja de sorprenderme cómo los defensores de la iluminación experiencial se niegan a enseñar karma yoga, dharma yoga o el yoga de los tres gunas. Esto solo puede deberse a la ignorancia porque, si la iluminación fuera experiencial (lo es y no lo es), el conocimiento de la experiencia y cómo controlarla resultaría absolutamente necesario.

Si decimos que la iluminación es experiencial, queremos decir que cuando la conciencia se refleja en una mente sattvica produce una variedad de experiencias que se describen como místicas, trascendentales, fuera del cuerpo, no duales, cercanas a la muerte, etc. Estas experiencias son tan diferentes a las experiencias ordinarias y en general son tan emocionantes y satisfactorias (y siempre desconcertantes) que suelen provocar la aparición de un nuevo vasana por el deseo de repetirlas. El problema es que el experimentador cree que está experimentando algo que está más allá de samsara, algo maravilloso que no está sujeto a cambios, y entonces desarrolla el deseo de “ir allí” para experimentarlo de forma “permanente”. Pero toda experiencia surge en samsara y está sujeta al cambio. Entonces no hay una experiencia de iluminación permanente, solo experiencias de iluminación temporales.

 

No hay conflicto con la experiencia

Hasta ahora hemos dicho que la iluminación no es experimental, pero eso no significa que Vedanta tenga un conflicto con la experiencia. La vida es el ser en forma de experiencia y Vedanta es la ciencia del ser, por lo que Vedanta y la experiencia no son enemigos. Uno no puede puede estar a favor o en contra de la experiencia porque, en el nivel de realidad aparente, experiencia es todo lo que hay. Se aúna a esto el hecho evidente de que todos queremos disfrutar de nuestras vidas. A decir verdad, todo el propósito de Vedanta no es darte una experiencia especial “libre de experiencia”, sino eliminar el sufrimiento de la experiencia cotidiana para que el ser, que opera de forma aparente como un cuerpo sutil, disfrute de su vida. Hemos de recordar que el ego, el hacedor/experimentador, es el ser bajo el hechizo de la ignorancia.

Nuestra disputa es con aquellos que piensan que la iluminación es un tipo particular de experiencia diferente de la experiencia cotidiana. La lógica de esto fue presentada en el capítulo 2; para refrescar nuestra memoria, recordemos que Vedanta dice que la realidad no es dual. Si la realidad no es dual, todo lo experimentado y conocido es solo conciencia, lo que significa que lo que estás experimentando en cualquier momento es el ser. Si no te gusta lo que estás experimentando, entonces la iluminación no te va a ayudar, solo lo hará indirectamente. Si no te gusta tu vida y quieres que sea diferente, entonces lo que necesitas es hacer las acciones que mejoren tu experiencia. Así que, si vas a cambiar tu experiencia, debes comprender qué es la experiencia. Y si quieres entender lo que es, entonces necesitas entender los gunas, porque la experiencia no es más que estos tres gunas.

 

El flujo, el atascamiento y la ausencia de movimiento

Antes de exponer los aspectos técnicos de los tres gunas, debemos considerar los tres tipos globales de experiencia: la sensación de “flujo”, la sensación de atascamiento y la sensación de ausencia de movimiento, lo que algunos llaman “la zona”. Evidentemente, estos no son términos de Vedanta, pero nos ayudan a hacer más accesible la idea de los gunas. La sensación de que la vida está fluyendo es obviamente deseable para todos, pero sobre todo es deseable para individuos particularmente rajasicos. Rajas es el “modo apasionado”. Es lo que nos inclina a la actividad de. Una persona rajasica está orientada hacia las metas y desea obtener resultados con fervor, pues su felicidad depende de los resultados. Ya sabemos que si el hacedor tuviera todo el control, rajas no sería un problema, pero el control de todos los resultados le pertenece solo a Isvara e Isvara no siempre entregará lo que se desea cuando se desea ni de la forma en que se desea. Así que las personas rajasicas son emocionales por definición. Están eufóricas y felices cuando se encuentran cumpliendo sus deseos, mientras que se sienten enfadadas y deprimidas cuando no es así.

 

El sentido de ser el hacedor de acciones

Rajas es una energía interesante pues, una vez que has operado bajo este guna por un tiempo, la actividad en sí misma se convierte en la meta. Uno desarrolla apego por la idea de que “debería” estar haciendo algo todo el tiempo y, cuando no es así, se siente culpable. A veces el deseo irresistible de actuar es tan fuerte que uno termina realizando acciones inútiles, torpes y autoinsultantes, únicamente porque la acción deliberada o la inacción resultan imposibles. La justificación más frecuente para el estado de actividad irreflexiva es “la supervivencia”. Uno cree que sus acciones son responsables de su supervivencia, pero no se está tomando en cuenta que, si uno no estuviera sobreviviendo, no podría realizar las acciones. Con esto no quiero decir que la acción es “mala” para la liberación, solo puntualizo el hecho de que un exceso de rajas obstaculiza el éxito en este aspecto, pues el éxito depende de que las acciones sean apropiadas y en el momento adecuado. Pero, cuando tu mente se encuentra agitada, no actúas de forma hábil ni deliberada.

Mi madre solía decir: “Una mente ociosa es el laboratorio del diablo.” Por el contrario, la mente ocupada es el laboratorio del diablo, a menos que su ocupación sea la indagación (si asumimos que tu meta definitiva es la liberación). Las personas controladas por este guna a menudo se sienten aburridas y sufren porque no pueden relajarse. En los años sesenta, los llamábamos “estirados”, es decir estresados. Son víctimas del “sentido de ser hacedores de acciones”. El sentido de ser un hacedor de acciones no depende del hacer. Desde inicio hasta el final de la vida uno está en actividad. No es algo que dependa de uno. El sentido de ser un hacedor de acciones es un problema de identidad, no es un problema de acción. El problema es que uno piensa que es el hacedor. La acción sucede, no hay duda, pero tú no la estás haciendo, ni como jiva ni como ser. Los gunas son el hacedor de acciones. Si eres rajasico, te evaluarás a ti mismo en términos de logros y derrotas, así como de lo que quieres lograr en el futuro. Esto lleva a un problema psicológico de crecimiento y decrecimiento. Uno tiene un sentido exagerado de importancia propia cuando obtiene lo que desea y un sentido del fracaso (y depresión) cuando no es así.

Por lo general las personas rajasicas piensan que son muy inteligentes porque han alcanzado varias metas, pero lo cierto es que mucha energía se ha desperdiciado. Desde el punto de vista espiritual, no son demasiado brillantes, porque están muy ocupados siguiendo sus deseos, así que fracasan en evaluar con desapego los resultados de sus acciones, lo que quiere decir que repiten sus errores una y otra vez. Tienden a ser necios y defensivos. Se apegan con vigor a sus acciones y defienden sus deseos a costa de todo. Se encuentran en constante conflicto con el mundo porque piensan que sus deseos son más importantes que los deseos de Isvara (que se manifiestan en la forma de los deseos del prójimo). La sensación de “flujo” es una situación donde uno obtiene lo que desea. Cuando Isvara no entrega el resultado deseado, el atascamiento (tamas) surge.

Uno puede identificar el sentido de ser un hacedor cuando observa el lenguaje. Si te encuentras a ti mismo diciendo “tengo que” o “debo de”, significa que el sentido de ser un hacedor se encuentra en funcionamiento. Uno no está obligado o esclavizado a realizar ninguna acción, porque uno ya es libre para no verse a sí mismo como un hacedor de acciones. Más aún, puedes considerar la vida desde el punto de vista de quién eres en realidad. Si lo haces, te quedará claro que la vida es un sueño y que tú no eres un ente que va y viene, porque tú eres el sustrato de la existencia donde todas las acciones tienen lugar.

Cuando sabes que tú eres la conciencia (el ser, el sí mismo), no te preocupa el estar o no en una sensación del flujo de la vida, porque no hay sentido de ser un hacedor de acciones. Sin embargo, si no sabes que eres el sí mismo y te hallas identificado con la entidad hacedora/experimentadora/disfrutadora, entonces obviamente desearás que tu vida fluya. Si deseas que fluya te beneficiarás con el conocimiento de los gunas y de la forma en que trabajan.

La sensación de atascamiento es provocada por tamas. Es la imposibilidad de ver lo que debe hacerse en una situación determinada y la falta de voluntad para hacerlo. Tamas es la energía de la pereza y la oscuridad. Las personas tamasicas son flojas. Prefieren disfrutar sin tener que hacer. Si pasas horas enteras frente al televisor, con una lata de cerveza y una gran bolsa de frituras, entonces te encuentras en las garras de tamas. Los criminales tienden a ser tamasicos en el pensamiento, aunque pueden ser rajasicos físicamente. Prefieren tomar atajos en el sistema, en lugar de ganarse la vida trabajando. “Dinero fácil” es un su mantra sagrado. Este guna inclina hacia la sensualidad y la búsqueda del placer a corto plazo. Los alcohólicos, drogadictos y glotones son tamasicos. ¿Cuánto esfuerzo se requiere para emborracharse? Cuando uno está drogado o ebrio sus problemas parecen disolverse. “Si no lo veo, no existe”. Las personas tamasicas no quieren pensar, pues el pensamiento es un trabajo duro. Prefieren seguir fórmulas. No pueden ver el valor del conocimiento.

Aquellas personas donde tamas es el guna predominante quieren “sentir”. Sentir es fácil. A la gente tamasica le encanta dormir, porque les permite evitar tareas insatisfactorias. Comer grandes cantidades de comida apetitosa es una de sus actividades favoritas. El sexo también les resulta muy atractivo, pero, para su infortunio, suele requerir de esfuerzo. El narcótico efecto posterior al coito es puro tamas. “¡Se siente bien!”, piensan. Durante las décadas de los ochenta y los noventa, la corta duración del éxito de Osho, el famoso gurú del sexo, se debió al poder de tamas. Las personas tamasicas son leales hasta el exceso. Incluso hoy, mucho después de que Osho y su “camino” han sido desacreditados por completo, muchos de sus “devotos” lo adoran con obstinación y están cautivados por la forma de vida tamasica que propugnaba.

Debido a que las personas tamasicas buscan la satisfacción continuamente, no acumulan un buen karma. De hecho, recolectan mal karma o gastan cualquier buen karma que hubieran tenido, hasta que este desaparece. Viven endeudados, financiera y energéticamente. La vida es un gran peso, una piedra de molino alrededor del cuello que los arrastra hacia abajo. No evolucionan pero tampoco permanecen igual. Involucionan.

Tamas es inercia. Entre las tres, esta es la energía más destructiva, aunque rajas está muy cerca en el segundo lugar. Para superarlo, debes actuar. Rajas consiste en obtener cosas y tamas consiste en mantenerlas. Pero incluso el mantenimiento requiere energía. Tienes que pagar tus multas de estacionamiento o tu vehículo será confiscado y vendido. Si no te cepillas los dientes, estos se pudrirán. Si no amas y sirves a tu pareja, se irá a buscar a alguien que sí lo haga. Mientras lees esto, todo en samsara se desliza hacia el abismo. Pero cuando eres tamasico, eres demasiado perezoso como para proteger lo que tienes. Nada en tu vida perdura, así que te quedas sin nada sobre lo que construir y terminas viviendo en la miseria. Tamas te desgasta. Te fatigas y vives con una sensación de fracaso. La depresión se instala y te encuentras sin autoestima. En mis tiempos, llamábamos a tamas la enfermedad yuppie. Este término ha sido relegado al olvido porque lo ha reemplazado un eufemismo: síndrome de fatiga crónica. Las personas tamasicas son desordenadas, olvidadizas y propensas a los accidentes y las pérdidas. Están perpetuamente confundidas. Cuando el cuerpo sutil es predominantemente tamasico, el ser, disfrazado de ego, se siente totalmente estancado.

El tercer tipo de experiencia es la sensación de encontrarse “en la zona”. Se trata de una experiencia muy positiva. Puede ser confundida con tamas, porque en apariencia nada sucede. Es la experiencia de claridad y gozo, el tercer guna: sattva. Rajas es el modo de la pasión, tamas el de la inercia y la pereza y sattva es el modo del conocimiento y la dicha. Sattva es el “poder revelador”, una energía que revela la conciencia. Con “revelar” me refiero a que hace a la conciencia accesible para el conocimiento y la experiencia. Si quieres sentirte bien todo el tiempo, desarrolla una mente que sea cien por ciento sattvica. Claro que esto no es posible, porque tarde o temprano sattva es sustituido por rajas y tamas, conforme el ciclo de los gunas se desenvuelve, pero con un poco de trabajo el indagador puede crear una mente que sea predominantemente sattvica.

Sattva es la sensación de paz y de satisfacción. Cuando te sientes satisfecho tu mente reposa en calma. Una mente así es valiosa por dos razones: revela al ser como no dual y te permite evaluar a los objetos tal como son. Ya sea que estés mirando al ser (es decir, a su reflejo) o a los objetos, estás experimentando a través del cuerpo sutil, por lo que la energía que domina al cuerpo sutil en cualquier momento resulta de crucial importancia para el indagador.

Estos dos beneficios no están desconectados entre ellos. Si lo que deseas es solo sentirte bien, no necesitas buscar la iluminación, pero sí necesitas cultivar sattva. Nunca podrás obtener una vida cien por ciento fluida y agradable, pero puedes acercarte bastante si tu mente es predominantemente sattvica, puesto que puedes ser objetivo con respecto a tus pensamientos y emociones, así como ante los sucesos externos. Si posees claridad sobre lo que está sucediendo en ti, puedes trabajar con tus asuntos y remover de manera creativa los obstáculos de tu felicidad conforme estos surgen.

Si tu cuerpo sutil es predominantemente rajasico o tamasico, resulta prácticamente imposible adquirir conocimiento del ser. Cuando esto llega a suceder, será solo un frustrante flash o una comprensión momentánea. Incluso si eres predominantemente sattvico no necesariamente obtendrás conocimiento del ser, pero tendrás la posibilidad de desarrollar las cualificaciones para hacerlo, en caso de que tengas un ardiente deseo de liberación. De cualquier manera, deber mirar tu experiencia, no negarla ni trascenderla. Debes trabajar con ella de forma creativa con el guna del conocimiento, y no a partir de creencias y opiniones que nacen de miedos y deseos no examinados. Si eres predominantemente sattvico las enseñanzas de Vedanta serán asimiladas con facilidad. En caso contrario, esto no sucederá.

Llamemos a la experiencia de sattva la experiencia de ausencia de movimiento, porque una mente imperturbable y clara revela al ser como conciencia inmutable. Un hermoso verso del Bhagavad Gita lo expresa de esta manera: “Aquel que ve inacción en la acción es en verdad sabio”. Tú sabes que los cambios que están ocurriendo en ti y alrededor de ti son solo cambios aparentes. Para decirlo con una frase de moda en el mundo espiritual: “Nada sucedió jamás.” Cuando el cuerpo sutil es sattvico, puedes decidir actuar o no actuar; no estás obligado por la pasión ni impedido por la pesadez.

Aunque hemos presentado un esbozo de las personalidades rajasica y tamasica, no describiremos aquí a la personalidad sattvica. Lo dejaremos para más tarde, cuando abordemos el tema de los valores. Hay más cosas que pueden decirse con respecto a los tres tipos de personalidad pero Vedanta no está interesado en el análisis de la personalidad, pues el cuerpo sutil no es el ser. Solo nos interesa cómo es que estas energías afectan la asimilación de la experiencia y cómo la asimilación de la experiencia (o la falta de esta) se relaciona con la indagación del ser y la asimilación de las enseñanzas.

 

La asimilación de la experiencia

La experiencia es una serie ininterrumpida de eventos internos y externos, así como la reacción o respuesta a ellos. La reacción de los animales ante la experiencia es totalmente programada. Los humanos tienen una ventaja porque poseen el poder de pensar. Pueden estudiar su experiencia, obtener conocimiento a partir de ella y cambiarla, lo que los libera hasta cierto punto de su programación.

El crecimiento espiritual se produce por medio de la adecuada asimilación de la experiencia. Así como la comida que se digirió de forma parcial inhibe la marcha eficiente del cuerpo, la experiencia que se asimiló parcial o incorrectamente afecta el desarrollo del cuerpo sutil. Debido a que la conciencia ilumina la entidad cuerpo-mente, a lo largo de su trayectoria vital es impulsada hacia su destino final: el reconocimiento de su ausencia de separación con todo. Mientras ignore el significado de las experiencias de la vida, la persona es poco más que un animal y no puede cumplir su destino.

Al igual que un animal, un niño humano lleva actúa, en la ignorancia, sus tendencias inconscientes. Crece físicamente, pero no evoluciona. No tiene dominio sobre la dirección de su vida porque su experiencia y conocimiento resultan insuficientes para tomar decisiones informadas. Solo cuando su intelecto se desarrolla y asimila ciertos valores, puede evaluar sus experiencias y comienza a evolucionar.

Cuanto más tiempo se permanece sin asimilar una experiencia, más problemas surgen. Digamos que tu padre era alcohólico y abusó de tu madre, debido a lo cual ella se sumió en una depresión de por vida y no fue capaz de cuidarlos a ti y a tus hermanos adecuadamente. Como eras el mayor, terminaste criando a tus hermanos y hermanas menores. Lo hiciste porque no tenías otra opción. Así que desarrollaste un profundo resentimiento hacia tu padre por haber robado tu infancia y una profunda simpatía por tu pobre madre victimizada. En realidad, ella no era intachable, porque nunca le hizo frente a su marido; de hecho, propició su alcoholismo de maneras sutiles. Sin embargo, la veías como una mártir y la amabas por ello. Tu padre murió, pero tu odio siguió vivo. Creías que se había cometido una grave injusticia, lo cual tiñó tus sentimientos hacia los hombres en general.

Un día, un hombre decente quiso casarse contigo y, bajo el entusiasmo del primer amor, aceptaste. Te casaste pero, conforme pasó el tiempo, ciertas cosas que tu esposo hacía o decía comenzaron a recordarte a tu padre. Esto hizo surgir antiguos sentimientos de ira y resentimiento. Comenzaste a tener discusiones con él sin ninguna razón en específico. Tus miedos ocultaron lentamente lo mejor de ti y, de manera incorrecta, te imaginaste que las pequeñas cosas en las que se parecía a tu padre (cierta inflexión de la voz cuando estaba estresado, por ejemplo) revelaban su naturaleza egoísta y abusiva. Procediste a acusar a tu marido de “haber cambiado” y de nunca haberte amado, sin que esto fuera verdad. Tu relación se deterioró y tus hijos comenzaron a volverse neuróticos. Confiaste en una de tus amigas divorciadas, quien tenía una historia similar y aún guardaba resentimiento hacia su expareja. Mostró tanta preocupación por tu situación que te enamoraste de ella, dejaste a tu marido, abandonaste a tus hijos y te volviste gay. Sin embargo, después de un tiempo, tu nueva identidad dejó de funcionar, en parte porque amabas a tu nueva pareja por la razón equivocada: que no era un hombre. Si tu madre hubiera sido la abusadora, quizá habrías odiado a las mujeres y amado a los hombres. Y podríamos hacer continuar esta historia por cincuenta años o más, con cada evento trágico apareciendo después de otro con precisión, hasta que resultara imposible volver a encontrar el principio, descubrir la razón del sufrimiento y sanar la herida.

La experiencia no se interpreta ni se asimila a sí misma. Quien interpreta a la experiencia es el intelecto. El intelecto reposa más allá de la mente y evalúa lo que sucede. No hay nada malo con él. Esto es lo que se supone que debe hacer. Si la experiencia coincide con el deseo del ego, da su aprobación y se genera una sensación de satisfacción. Si la vida entrega una experiencia contraria a su deseo, la reprueba y se generan sentimientos negativos. La forma en que el intelecto interpreta la experiencia depende del conocimiento adquirido y de la ignorancia, además de tres factores que normalmente se encuentran más allá de su control. Dos de estos factores inhiben su habilidad de practicar la discriminación y uno de estos factores la facilita. Los factores sobre los que el intelecto tiene un control limitado son rajas, tamas y sattva.

 

Rajas y la asimilación de la experiencia

¿Cómo es que rajas afecta la asimilación de la experiencia? Sean las metas mundanas o espirituales, o se conozcan o no, el intelecto rajasico no está interesado por la verdad sobre la experiencia, solo le interesa cómo se relaciona una experiencia específica con la obtención de los deseos del ego.

Rajas es siempre fuente de frustración, porque todo lo que se obtiene inevitablemente se perderá. Un objeto obtenido causa apego y un objeto perdido produce dolor, ninguno de estos dos resultados conduce a la felicidad. En lugar de aceptar la impermanencia de la vida como un hecho y encontrarse satisfecho con las cosas tal y como son, rajas provoca que el ego desee buscar continuamente la plenitud en nuevas experiencias. Incluso cuando el individuo se ha dado cuenta, rajas puede causar tal falta de discriminación que el individuo llega a repetir de manera consistente acciones que producen sufrimiento. A menudo genera tantas acciones en poco tiempo que el intelecto nunca puede determinar qué acción es responsable de qué resultado, lo cual le impide aprender de sus experiencias.

Cuando una experiencia placentera se ha terminado, rajas provoca decepción, porque desea que el placer continúe, incluso cuando el intelecto sabe que el placer es efímero. Si una experiencia es mediocre, desea que sea mejor. Si es una mala experiencia, quiere que se termine de inmediato y no vuelva a repetirse. Si la experiencia se repite una y otra vez, como sucede cuando hay condicionamiento, rajas causa aburrimiento y causa un fuerte deseo de variedad. Su mantra es “más, mejor, diferente.” Así pues, produce una vida infinitamente activa y también limitada por el tiempo, llena de cabos sueltos.

No importa lo mucho que se llegue a alcanzar, la lista de pendientes nunca termina. Le corresponde un armario, un garaje, un sótano y un desván desbordantes con una confusa variedad de objetos abandonados y sin usar. Es una declaración de impuestos tardía, una cita olvidada, una llamada no devuelta y una búsqueda frenética de las llaves. Las agresivas y extrovertidas incursiones de rajas en samsara están inevitablemente acompañadas de cansancio e insomnio.

Cuando era joven, mi padre, que era sabio en muchos aspectos, solía decir: “No se puede ganar.” En ese momento no entendía a qué se refería, pero una vida bien vivida y las enseñanzas de Vedanta lo hicieron claro. La vida es un juego de suma cero, una guerra eterna dentro de uno mismo en la que ninguno de los bandos prevalece por mucho tiempo. Por ejemplo, cuando tamas aparece en una persona cuyo guna predominante es rajas, su experiencia será inevitablemente dolorosa. Tienes muchas cosas pendientes en tu lista, pero tu mente está tan entorpecida que cada acción causa dolor. Estás activo pero cansado. Esto no es divertido y, por el contrario, cuando necesitas de tamas para dormir, tu mente se halla demasiado ocupada. Entonces hay sufrimiento.

La asimilación de la experiencia solo tiene lugar cuando la mente está alerta y presente. Por lo tanto, cuando rajas domina el cuerpo sutil, la sabiduría innata del ser (conocimiento mucho menos común que el sentido común) no está disponible para ayudar al intelecto a determinar con precisión lo que está sucediendo y resolver las dudas. La experiencia resuelta deja la atención completamente presente, de modo que es capaz de atender la próxima experiencia sin prejuicio. Debido a que la vida es una procesión interminable de experiencias (sobre todo en esta época apresurada), es importante dejar que cada experiencia se disuelva lo más rápido posible, de preferencia en cuanto sucede. Cuando eres tan rajasico que tu mente se halla totalmente absorta lidiando con una sucesión interminable de deseos triviales rutinarios, te encuentras demasiado ocupado como para mirar tus “asuntos”, por lo que estos permanecen en un segundo plano y causan sufrimiento.

La experiencia no resuelta drena tu atención de manera subliminal. La dificultad para enfocarse en lo que se debe hacer, así como el evitar lo que se debe o no se debe hacer, son señales de que la mente es excesivamente rajasica. A medida que la experiencia no resuelta se acumula, el individuo sufre de estreñimiento existencial. La persona se siente abrumada, estresada e incapaz de mantenerse al día con las demandas de la vida. El crecimiento raramente se logra a través del logro fácil de los deseos, y a una persona con una mente extrovertida también se le niegan los beneficios que favorecen la evolución, al asimilar experiencias no deseadas.

 

Tamas y la asimilación de la experiencia

Tamas, el poder velador (debido a que es como un velo que oculta), inhibe la asimilación de la experiencia con tanta eficiencia como rajas, pero por diferentes razones. Bajo su influencia, el cuerpo sutil, aunque silencioso en apariencia, en realidad está embotado. La evaluación eficaz de la experiencia requiere claridad mental, así que, cuando un velo entorpecedor cubre el cuerpo sutil, la percepción se distorsiona y la asimilación se ve comprometida. Cuando el intelecto es flojo, tiene dificultad para conectar los resultados de sus acciones con los pensamientos que los motivan, lo que provoca incertidumbre con respecto a lo que se debe y lo que no se debe hacer. Cuando el cuerpo sutil es predominantemente oscurecido por el embotamiento, uno está navegando en el océano de samsara abordo de un barco sin timón. “¿A dónde debería ir? ¿Qué debería hacer? ¿Qué está pasando? No lo sé y no quiero saber.” Estos son algunos de sus pensamientos característicos.

Una mente tamasica trabaja irreflexivamente a partir de patrones de condicionamiento. A diferencia de rajas, tamas odia lo nuevo. Debido a que el pensamiento creativo requiere tanta energía, la mente tamasica no valora la indagación. Por lo tanto, no puede controlar los eventos y se ve obligado a recaer continuamente en situaciones negativas. En consecuencia, tamas es responsable de los sentimientos de impotencia que causan depresiones profundas y duraderas. Ante los problemas, tamas reacciona con negación. Cuando ocurre un karma no deseado, se une con rajas para echar la culpa a alguien más.

El atraso por las experiencias no digeridas provocado por una mente tamasica hace que el ego se tambalee y se dedique a procrastinar. Si llevas un estilo de vida rajasico y te sientes constantemente agotado, debes saber que rajas está causando tamas. Cuando tamas es particularmente pesado, incluso los pequeños deberes cotidianos, como cepillarse los dientes, peinarse el pelo o sacar la basura, lucen como empresas gigantescas. El abandono es tamasico y es responsable en gran parte de la desenfrenada disfunción emocional que se observa en las sociedades materialistas. Los padres están tan atrapados en sus propias vidas que los niños quedan descuidados. Los niños no queridos desarrollan rápidamente una baja autoestima y no pueden cumplir adecuadamente sus roles en la sociedad.

Las cualificaciones para la iluminación no son experienciales, mas se requiere de un adecuado balance de los gunas. Samadhis, satoris, nirvanas y otras alucinantes epifanías de la no dualidad pueden ser tanto un obstáculo como una ayuda. Si la mente es predominantemente sattvica, puede asimilar la información de forma cuidadosa y dejar ir las experiencias con rapidez. Si tienes un problema constante en tu vida (ya sea relativo al amor, a la alimentación, al reconocimiento o al poder) significa que tienes un problema de asimilación y tu mente no es apta para la indagación. La experiencia no procesada puede permanecer contigo toda tu vida.

Tengo un amigo que fue adoptado. Su madre lo entregó en adopción a una buena familia cuando él era muy pequeño. Fue amado y se le dieron todas las ventajas. Pero cuando le dijeron que era adoptado, desarrolló un terrible complejo. No pudo asimilar esa información correctamente. Si hubiera sido sattvico, en ese momento se habría dado cuenta de que Isvara era grandioso porque una madre no apta había sido descartada y sustituida por una que sí lo fue. Pero su mente era tamasica y lo interpretó como que él no era valioso. Esa idea se quedó en su mente por más de cincuenta años. Arruinó varios matrimonios y no encontró el amor (hasta que Vedanta entró en su vida) a causa de la idea de ser indigno.

 

La ventaja de los gunas

Así como hay una desventaja para cada guna, también hay una ventaja. Cuando se halla en equilibrio con las cantidades apropiadas de sattva y rajas, tamas ayuda a la psique a funcionar con ligereza. Se apega a lo que es bueno y provee de la paciencia necesaria para aterrizar las ideas en la realidad. Por último, es el responsable del dormir. Tamas insuficiente resulta en privación del sueño, lo cual provoca gran sufrimiento, pues el cuerpo y la mente necesitan descanso. Una mente que no descansa no puede discriminar entre el ser y los objetos.

Rajas proyecta y tamas oscurece, pero sattva revela las cosas tal como son. Cuando sattva está presente, el intelecto es claro y la experiencia puede verse como es. A diferencia de rajas y tamas, sattva es un medio indirecto para alcanzar la iluminación, porque revela al sí mismo.

 

Sattva y la asimilación de la experiencia

Cuando rajas domina la mente, el deseo interpreta la experiencia. Cuando tamas domina, el miedo interpreta la experiencia. Ambos gunas oscurecen la verdad. Cuando sattva domina, la verdad interpreta la experiencia.

Gunas

En el diagrama superior, el ser resplandece en cada una de las tres energías del cuerpo causal. Su luz, reflejada en el cuerpo causal, produce tres condiciones distintas. Si deseo experimentar al ser y el cuerpo sutil es el instrumento de experiencia, resulta razonable el deseo de tener un cuerpo causal sattvico. De hecho, el chitta (la sustancia del cuerpo causal) es conciencia y refleja conciencia de forma adecuada. Sin embargo, cuando el cuerpo causal está tomado por tendencias tamasicas y rajasicas, el reflejo será distorsionado y la indagación no dará fruto. Si el cuerpo causal está dominado por tendencias rajasicas, el ser aparece como energía dinámica, no como luz resplandeciente. Si el cuerpo causal es tamasico, no tendré idea sobre el ser. La conclusión es obvia: si quiero experimentar al ser como es, debo desarrollar una mente sattvica. La experiencia del ser no es la iluminación, pero puede llevar hacia la iluminación si el intelecto es capaz de asimilar el conocimiento “yo soy la conciencia” que surge cuando la atención se enfoca hacia el interior y la mente es sattvica.

Puesto que la realidad es conciencia no dual, la mente es también conciencia. Para obtener una mente predominantemente sattvica, que sea capaz de discriminar y de asimilar con facilidad la experiencia, es necesario cambiar las proporciones de rajas y tamas en relación con sattva. Uno debe conservar suficiente rajas para motivar su acción en el mundo y suficiente tamas para mantener a las ideas aterrizadas en la realidad. Pero la mayor parte de la mente debe ser sattvica. Una mente con predominio de sattva tendrá éxito en cualquier ámbito, mundano o espiritual, porque puede discriminar de forma apropiada. La iluminación (moksha) se define como discriminación (atma-anatma viveka). Solo tiene lugar en una mente sattvica.

 

Cómo encadenan las ataduras

Estas tres energías son llamadas gunas o ataduras debido a que en apariencia atan al ser, el morador interno del cuerpo, a pensamientos, sentimientos y acciones habituales. Cada guna ata de distinta manera. Rajas encadena por anhelo y apego. El anhelo por objetos y el apego a estos te presiona para que te conviertas en un hacedor y te encadena con karma. Además, el deseo genera tentación de romper las reglas. Si uno presiona contra las reglas, las reglas responden con su propia presión. La reacción continua ante los eventos es una esclavitud.

Tamas encadena por ignorancia y sus efectos. Cuando eres flojo no puedes pensar con claridad, por lo que no estás seguro de lo que hay que hacer y tiendes a optar por no hacerlo o por hacer lo incorrecto. En el mejor de los mundos posibles, uno no sería penalizado por no hacer algo; sin embargo, la vida no es el mejor de los mundos posibles. Si no respondes adecuadamente a la vida, eres bendecido con sufrimiento. Por ejemplo, intenta no pagar impuestos o la hipoteca y observa lo que sucede. Además, cuando eres perezoso te vuelves propenso a los atajos, lo cual no te hace amigo del dharma.

Aunque es un requisito para el reconocimiento del sí mismo, sattva encadena por medio del apego al placer y la felicidad. Cuando la mente es sattvica, te sientes bien. Cuando te sientes bien, hay una fuerte tendencia a identificarte con dicho sentimiento. En realidad, solo hay un “yo” y no se siente bien ni mal, pero cuando es aparentemente ignorante de su naturaleza, cree que es un disfrutador. El placer que uno siente siempre se asocia con un objeto y los objetos se experimentan en la mente, de modo que cuando rajas o tamas toman el control, el placer desaparece. Al identificarte con la felicidad, estás pidiendo infelicidad.

Sattva también se encadena a través del apego al conocimiento. Debido a que sattva es responsable del conocimiento y porque el conocimiento es necesario para la supervivencia, es fácil apegarse a lo que sabes o no sabes. Como sabemos, la conciencia no es un conocedor. Ilumina al conocedor, al conocimiento y a los objetos del conocimiento. Ilumina la ausencia de conocimiento. Por lo tanto, el apego a sattva (pero no sattva en sí mismo) es lo que se interpone en el camino del conocimiento del ser.

Esto siempre es un problema porque el mundo no necesariamente se ajusta a los ideales. En realidad, la existencia es conciencia y la conciencia es neutral en cuanto a los valores, pero una mente bajo el hechizo de los gunas no es neutral en cuanto a los valores. Sattva hace que el individuo interprete la realidad en términos de valores “superiores” o “espirituales”, como bondad, verdad, o belleza. Pero la creación de Isvara no es solo dulzura y luz. Contiene todo en igual medida, desde la bondad pura hasta el mal sin arrepentimiento, desde la belleza sublime hasta la fealdad más grotesca. Tengo un amigo que es un arquitecto enamorado de la belleza de los edificios de los siglos XVIII y XIX. Viajar con él a través de una antigua ciudad europea que fue parcialmente destruida durante la guerra es una experiencia muy desagradable. Cada nuevo edificio con el que nos encontramos llena su mente de furia.

 

Amantes incestuosos. El mecanismo psicológico

La universal y simple psicología de los gunas libra de la necesidad de psicoanálisis. Uno no necesita mirar en el pasado para explicar sus complejos. Todos provienen del mismo mecanismo inconsciente de negación y proyección. Tamas causa negación y rajas proyección. Cuando te encuentras con uno, te encontrarás con el otro. Se trata de energías dinámicas operando de forma constante. Si conoces tu verdadera identidad, el juego de rajas y tamas asciende al nivel de la conciencia y pierde su poder para crear sufrimiento.

Hay muchas cosas de nosotros que contradicen nuestra buena opinión de nosotros mismos: egoísmo, arrogancia, crueldad, deshonestidad, envidia, lujuria, codicia, etc. No queremos pensar así de nosotros mismos ni queremos ser percibidos de esa manera, así que tamas se encarga de ocultarlo. Debido a que el cuerpo causal es dinámico, estas cualidades buscan continuamente expresarse. Como puedo aceptar que soy egoísta o codicioso, rajas proyecta el egoísmo, la codicia o el engaño sobre alguien o sobre algo más. Rajas culpa al otro.

 

Una indagación rudimentaria pero importante

Hay una indagación simple para tratar con la negación y la proyección. Cuando algo te está molestando y genera conflicto con algún objeto (el objeto más común es otra persona, aunque es posible y frecuente estar en guerra con la sociedad, el gobierno, la iglesia, las corporaciones, el clima, etc.) te preguntas a ti mismo si es verdad que uno de los blancos de tus proyecciones es responsable de tus emociones negativas.

Desde luego que tu ego dirá que el objeto sí es responsable por tu emoción negativa. El ego está muy interesado en sus proyecciones. Las proyecciones son su protección, lo mantienen en actividad, refuerzan su autoimagen y su sentido de justicia personal. El ego necesita verse a sí mismo como inocente. De hecho, sí es inocente, porque es el sí mismo. Desafortunadamente, Maya se ha encargado de que no conozca la verdad sobre su naturaleza. Entonces cree que es una persona, un cuerpo sutil. Como persona, ha sido condicionado por una sociedad en la que experimenta la proyección a diario; nada recurre tanto a la proyección como los grupos de individuos. Pueden crearse enemigos con gran facilidad y rapidez. Hitler tenía a los judíos, Stalin a los capitalistas pequeñoburgueses, los cristianos a Satanás, los blancos a los negros, los maridos a sus esposas y las esposas a sus maridos. Las personas necesitas a alguien a quien culpar. Creen que uno no puede ser el problema. Pero la verdad es otra: yo soy el problema. No hay ningún problema aparte de mí mismo.

Este método se dirige al ego y le pregunta: “Es realmente cierto que...” A veces es cierto que el mundo está en tu contra. Por lo tanto, debes mirar a los hechos con detenimiento y ver si es razonable asumir que el problema está fuera de ti. Si el problema está en otro sitio, entonces la solución está en otra parte y, por lo tanto, necesitas buscar en otro lado. O también puedes relajarte, porque no es tu problema. Sin embargo, no todos los problemas son causados por el mundo. De hecho, muy pocos de nuestros problemas se centran en los objetos. Incluso si un objeto está ocasionando un problema, ¿es en realidad un problema más allá del pensamiento de que es un problema? Si no lo es, entonces todos los problemas me pertenecen a mí, en última instancia.

En la tercera etapa de esta investigación uno ha de profundizar un poco más. Entonces, te cuestionas sobre la razón por la que tienes el problema. Te preguntas: “¿Quién sería yo sin esta creencia?” Esta es la parte difícil porque es aquí donde descubres que el problema es esencial para tu identidad. La respuesta siempre es: “Sin esta creencia, yo sería feliz.”

El próximo paso debería ser fácil: abandonar el problema. Pero su facilidad depende de qué tan esencial lo percibas para tu identidad. Las personas que alguna vez bebieron excesivamente pero que han estado limpias y sobrias durante treinta años se ponen de pie en las reuniones de AA y dicen con la cara seria: “Hola, mi nombre es Tom y soy alcohólico.” Toda la vida adulta de Tom se ha centrado en el problema del alcoholismo. Esto le ha proporcionado una identidad. Curiosamente, “soy alcohólico” es una proyección, una idea (gracias a Maya) diseñada para evitar que aprecie su verdadera naturaleza.

Tratar con tus problemas es un asunto complicado debido al poder de la proyección. Una proyección común diseñada para proteger al ego es “yo estoy en lo correcto.” Cuando te encuentras bajo la influencia de rajas en realidad no estás interesado en el dharma. El ego necesita de una sensación de moral elevada porque no quiere renunciar a su identidad. Tiene que estar en lo correcto porque interiormente no se siente adecuado. Entonces te hace pensar que estás “en lo correcto” y que el objeto está “equivocado.” Esto es la dualidad en acción. En realidad, no tienes razón ni estás equivocado. Eres solo conciencia ordinaria y sin límite. Pero (de nuevo gracias a Maya) necesitas mejorar tu autoestima, que nunca es lo que debería ser si no sabes quién eres.

La exageración es otro de los problemas causados por rajas, lo que te mantiene en querer estar en lo correcto y en ver en el objeto a lo equivocado. En las relaciones institucionalizadas, como el matrimonio, siempre hay problemas no resueltos que conducen al conflicto. Si tu esposo a veces se olvida de sacar la basura en la noche, él “nunca” saca la basura. Si la esposa de vez en cuando se olvida de recoger las camisas de la tintorería, ella “siempre” se olvida.

Finalmente, si sucede que, Dios no lo quiera, alguien te acusa de estar proyectando y/o negando, por supuesto, negarás y proyectarás. Sin final son los disturbios de una mente esclavizada por rajas y tamas. A menos que comprendamos la dinámica de este mecanismo inconsciente tal como se desarrolla en el cuerpo sutil y ganemos dominio sobre él, el cuerpo sutil nunca será capaz de realizar la indagación porque la experiencia no digerida lo mantendrá siempre perturbado.

 

El karma es experiencia no asimilada

Karma yoga es una actitud con respecto a la acción, la cual neutraliza los vasanas obstaculizadores producidos por la negación y la proyección. Si los vasanas no son neutralizados por karma yoga y la comprensión nacida del análisis sobre el mecanismo causal, la experiencia no asimilada producirá karma no deseado y la mente permanecerá extrovertida y perturbada. Maya continuará ocultando al ser y rajas seguirá proyectado la idea frustrante de que la solución para el deseo de plenitud está en los objetos.

 

El cuerpo del dolor

Una de las formulaciones más populares de este mecanismo en los años recientes es la del “cuerpo del dolor”, de Eckart Tolle. Este es presentado como una entidad más o menos orgánica que se alimenta de experiencias dolorosas, lo que es como decir que el dolor se convierte en un vasana y después en un samskara. No hay una “entidad” viviendo en nosotros encargada de hacer esto. Se trata de un proceso puramente inconsciente que parece consciente por la proximidad del cuerpo causal al sí mismo. El sí mismo no es el cuerpo causal (siempre es libre de las estructuras de Maya) pero el cuerpo causal es el sí mismo en su manifestación más sutil. Separar a este y a sus efectos del sí mismo es el tema del siguiente capítulo, pero la idea de que el dolor es consciente y busca renovarse a sí mismp es ciertamente comprensible.

El dolor tiene muchas formas pero nuestro dolor más fundamental es el dolor por la acción compulsiva, debido a que nos despoja de nuestro bien más preciado: la libertad de elegir y de actuar. “Los muros de piedra no hacen a la prisión y las barras de metal no hacen a la jaula.” Como apuntamos en el primer capítulo, toda actividad humana está centrada en el intento de remover el sentido de limitación traído por los miedos y deseos que inspira la ignorancia. No perseguimos objetos por los objetos en sí mismos, los perseguimos por el sentido de libertad que surge cuando al contactar con ellos se disuelve el doloroso deseo de poseerlos. El síndrome de negación/proyección que sufrimos produce la dualidad más fundamental de la vida, la dolorosa sensación de que soy separado de aquello que deseo, sin darme nunca cuenta de que yo soy lo que deseo. Conforme experimento libertad y gozo momentáneos, en relación con los objetos, desarrollo una carga de vasanas que eventualmente distorsionan la geometría natural del cuerpo sutil y sufro el dolor adicional del conflicto interno, el cual motiva acciones vanas que después traerán más experiencias dolorosas. A estas alturas ya debería estar claro que la propuesta de la solución experiencial presentada en el mundo espiritual moderno no va a funcionar. ¿Cómo podría una experiencia del ser con un inicio y un final deshacer este mecanismo incorporado de producción de dolor? ¿Cómo podría hacerlo una técnica específica de meditación o el preguntarnos infantilmente “quién soy”? Imposible. La ignorancia está bien enraizada en la red neuronal de los humanos y solo la acción consistente respaldada por el conocimiento podrá ponerla en su lugar.

 

Cómo cultivar sattva

La mente es un jardín donde la semilla del conocimiento es plantada por Vedanta, la cual terminará por convertirse en un gran árbol. Esta semilla no puede germinar sobre el suelo tóxico de la conciencia de samsara. La lógica de este capítulo nos lleva a la conclusión de que la mente sattvica es necesaria para la liberación. ¿Cómo cultivarla? ¿Cómo transformar los vasanas rajasicos y tamasicos en sattva?

La práctica de yoga es un compromiso de ajustar las proporciones relativas de rajas y tamas en referencia con sattva para producir una mente poderosa, clara y eficiente. Cuando yoga ha preparado la mente, entonces la discriminación entre el ser y los objetos puede dar fruto.

Uno cultiva sattva conectando sus acciones con los resultados. Esto no es siempre fácil porque los resultados tienen resultados observables y no observables. Si bebes una botella de vino te sentirás estimulado (rajasico) y momentáneamente feliz (sattvico). Sin embargo, para el siguiente día tu mente será tamasica y llena de arrepentimiento. El hecho de que te involucres en acciones de este tipo quiere decir que sientes dolor. El dolor te motiva y el dolor es lo que resulta de tus acciones. Puesto que sufres dolor, no puedes pensar con claridad.

La discriminación es muy sencilla. Si algo te agita o te entorpece, debes renunciar a ello. No puedes seguir haciendo lo mismo y estar esperando que, de alguna forma, tu mente se volverá pura. Sin una mente pura, la verdad no podrá encarnar en ti. Al mismo tiempo, deberías desempeñar actividades que eleven y armonicen tu mente.

Sin embargo, esto no es fácil, porque el ego se vale de sus hábitos para manejar a rajas y tamas. Cuando sustraes el hábito, queda expuesto de súbito a la energía que uno estaba intentando eliminar, y se apega a cosas que no son benéficas. También surgirán un millón de razones por las que no es posible dejarlo ir. Una vez me encontraba sermoneando a un amigo sobre sus malos hábitos. Después de escuchar, me dijo: “Bueno, Jim, tal vez sea mierda, pero está tibia y es mía.” Si sabes muy bien lo que no es bueno para ti y aún lo sigues haciendo, entonces mereces sufrir, porque lo haces en contra del dharma. Así es como Isvara nos enseña. Si deseas crecer, tienes que tomar tu responsabilidad. Debido a que nos hemos convertido en una raza de personas infantiles e indulgentes, los “neoadvaita” y los “tántricos” se están beneficiando de lo lindo. Dicen que no tienes que hacer nada o que puedes seguir haciendo lo que estás haciendo y que eso te llevará a tu meta. Sin embargo, lo que tienes que hacer es asumir la responsabilidad de “tus” proyecciones, aunque, en última instancia, no sean tuyas. Cuando estas son integradas en su totalidad, la mente se arregla y responde en línea con el dharma, de manera natural.

 

Estancado en sattva

Debes ser cuidadoso. Entre más pura se vuelve la mente, mayor es el riesgo de que desarrolles un ego espiritual. El ego es la parte del cuerpo sutil que se apropia de las acciones y de los resultados.  También se asocia con la sensación sublime y piensa: “soy puro, soy santo, soy espiritual.” Puede tornarse vano y fastidioso con un estilo de afectuosa calidez. La práctica de la discriminación no tiene la finalidad de mejorarte o de volverte puro. Tú ya eres conciencia alcanzada y eres puro como el agua cristalina. Una mente pura y un corazón puro no son nuestro objetivo. Son solo un medio para alcanzar un fin. Son el campo donde Vedanta podrá establecer su visión de la no dualidad. La visión de la no dualidad destruye el sentido del ego de ser autor de acciones y dueño de resultados y establece al conocimiento del sí mismo como al hacedor. No hay purificador como el conocimiento.

 

Sattva más Vedanta

Si la visión de la no dualidad queda establecida en una mente pura, la experiencia se procesa en cuando sucede. Las cosas acontecen y yo respondo de forma apropiada. Puedo contemplar el panorama completo y comprendo el lugar que me corresponde. Los sucesos diarios se dejan ir, lo cual abre espacio para que los asuntos antiguos vuelvan y se ofrezcan en el fuego del conocimiento del ser. Nuestro objetivo es hacer de esta enseñanza la intérprete de nuestra experiencia. Necesitamos confiar en la enseñanza y dejar que haga el trabajo. Una vez que has visto cómo sucede, no volverás para interpretar la realidad desde tu punto de vista personal. Tu vida fluirá sin esfuerzo porque el hacedor de acciones se habrá hecho a un lado para que la verdad tome su lugar. Es como estar en una alfombra mágica, flotando aquí y allá. Nada se interpone en su camino. Eres como agua, que fluye entre cada piedra.

Ahora la relación entre la acción debe ya estar clara. La acción te purifica y el conocimiento te libera. En cierta forma, podrías argumentar que la acción es incluso más importante que el conocimiento porque, a menos que hayas hecho el trabajo, el conocimiento no puede destruir a la ignorancia. En el próximo capítulo, “La visión de la no dualidad”, discutiremos la enseñanza principal de Vedanta, es decir, la discriminación entre la conciencia y los objetos que aparecen en ti. La enseñanza de los tres gunas aparecerá una vez más en un contexto diferente.

Sin embargo, antes de que continuemos, es necesario considerar cómo es que es posible (aunque difícil) alcanzar la iluminación con yoga. Hasta ahora he empleado la palabra “yoga” para referirme a la acción o acciones realizadas para obtener cierto resultado. Sabemos que el ser es siempre libre y siempre alcanzado, así que yoga no sirve para la liberación. Sin embargo, puede llevarte hacia la iluminación. Aunque el mundo moderno cree que yoga es un tipo de calistenia (de hecho sí hay una rama de yoga, llamada hatha yoga, que es puramente física), en el mundo védico la palabra yoga por lo general se refiere a Astanga yoga, el yoga de los ocho pasos o “miembros” (anga). Es un camino de meditación que lleva a distintos tipos de estados mentales.

 

Error orientador

Comparto una cita del texto de Vedanta del siglo XIV llamado Panchadasi: “Una persona vio un rayo de luz emitido por un diamante y otro vio un rayo que provenía de una vela. Ambos creyeron que lo rayos provenían de un diamante y se dirigieron a alcanzarlo. Aunque los dos tomaron al rayo como si fuera el diamante, uno encontró al diamante y el otro no.”

El confundir el rayo con un diamante es llamado “error desorientador”, un error que no lleva a la meta. Tomar al rayo de una gema como si fuera la misma gema es llamado error “informativo” u “orientador”, porque lleva al objetivo. Si alguien piensa que la neblina es humo y sale en busca de carbón para recolectarlo y por casualidad lo encuentra, la equivocación es un error “orientador” o una coincidencia. La meditación sobre la conciencia y la devoción por la conciencia también pueden conducir a la liberación.

 

Meditación

La meditación es una acción. Aunque algunas meditaciones insisten en que el cuerpo ha de adoptar una postura determinada, la meditación es de hecho un acto de la mente. Lo llamamos manasa karma. Las personas que adoptan la meditación creen que la técnica producirá la experiencia de iluminación. Esa es la razón por la que en la literatura hay una obvia ausencia de un medio de conocimiento y se dice que la iluminación es un “estado”. El meditador desea alcanzar un cierto “estado”, como samadhi o nirvana. Sabemos que esto es imposible, porque la realidad es conciencia no dual. No dualidad quiere decir que solo hay un “estado” y tú eres eso. Los gunas son tres estados diferentes creados por Maya a partir de la conciencia no dual. Y sin embargo puede, inadvertidamente, conducir a la liberación. Por lo tanto, es llamado error orientador.

Uno de los mejores ejemplos de un error orientador es la experiencia de Ramana Maharishi, uno de los más grandes santos de la India. Esta es una transcripción de una experiencia que llevó al conocimiento:

“Sentí como si fuera a morir, así que tenía que resolver el problema de mí mismo, en ese momento y en ese lugar. La impresión por el miedo a la muerte hizo que mi mente se enfocara hacia el interior y me dije a mí mismo mentalmente sin el uso de palabras: 'Ahora la muerte ha llegado, ¿qué significa esto? ¿Qué es lo que muere? Este cuerpo muere.' Y entonces dramaticé el suceso de la muerte. Me recosté con los miembros tensos como si estuviera bajo el rigor mortis e imité a un cadáver para dar así mayor realidad a mi indagación. Aguanté mi respiración y mantuve los labios cerrados con fuerza para que ningún sonido pudiera escapar, para que ni la palabra ‘yo’ ni ninguna otra pudiera ser murmurada. ‘Bien, entonces’, me dije, ‘este cuerpo ha muerto. Será llevado a la pira mortuoria y quedará reducido en cenizas. Pero, con la muerte del cuerpo, ¿estoy yo muerto? ¿Soy «yo» el cuerpo? Está en silencio y está inerte, pero puedo sentir la fuerza completa de mi personalidad e incluso la voz del «yo» en mi interior, aparte de ese cuerpo. Así que yo lo trasciendo. El cuerpo muere pero el espíritu que lo trasciende no puede ser tocado por la muerte. Esto quiere decir que yo soy espíritu inmortal.’ Nada de esto fue un pensamiento flojo o torpe. Apareció de forma vívida como una verdad viva, la cual percibí de manera directa, casi sin el proceso del pensamiento.

“'Yo' era algo muy real, lo único real acerca de mi estado presente, y toda la actividad consciente conectada con mi cuerpo se centraba en ese 'yo'. A partir de ese momento, el 'yo' o 'sí mismo' enfocó la atención en sí mismo con una poderosa fascinación. El miedo a la muerte se desvaneció de una vez y para siempre. La absorción en el sí mismo continuó sin ruptura desde entonces. Otros pensamientos podían surgir y disolverse como las varias notas de la música, pero el 'yo' continuó como la nota sruti fundamental que está detrás y que impregna el resto de los estados. Aunque el cuerpo estuviera involucrado en hablar, leer o en cualquier cosa más, yo estaba centrado en el 'yo'. Antes de dicha experiencia no había sentido ningún interés perceptible o directo al respecto, ni alguna inclinación para morar en él de forma permanente".

Esta es la típica “experiencia” del ser. Algo así o parecido le sucede a muchas personas alrededor del mundo cada día. Hay una vasta literatura en torno a este tipo de experiencias. Lo primero que notamos es el afirmar: “la impresión del miedo por la muerte hizo que mi mente se enfocara hacia el interior.” Antes de eso, la mente estaba enfocada en el mundo. Ahora mira hacia el interior. Una mente enfocada hacia el interior no necesariamente es el resultado de trauma, aunque a menudo el trauma enfoca la mente hacia el interior. Una epifanía que sucede de esta manera puede ser un evento fortuito, como fue en el caso de Ramana, lo que lo llevó al conocimiento del ser. Sin embargo, no es tan útil como el cultivo gradual de una mente enfocada en el interior a partir de la práctica consistente de karma yoga y de jnana yoga. Esto es así porque la mente introvertida por coincidencia o a causa de una técnica radical invariablemente regresa al estado de extroversión porque los vasanas extrovertidos solo quedan suspendidos temporalmente por la epifanía. No son destruídos. Ninguna experiencia particular (con principio y con final, como toda experiencia) de reflejo de la conciencia en una mente sattvica es suficiente para deshacer vidas enteras de ignorancia.

La experiencia es solo una cápsula del tiempo en descomposición cuyo objetivo es entregar conocimiento. ¿Qué aprendió Ramana de esta experiencia? Esto resulta importante porque revela la naturaleza de la mente de Ramana con mucha claridad. Comúnmente, cuando tenemos experiencias intensas que involucran gran placer o gran dolor, nuestra emociones surgen y oscurecen nuestra apreciación de la experiencia. Una respuesta puede ser el asustarnos demasiado como para poder reportar de manera adecuada lo que sucedió, o también podemos entregarnos a un éxtasis tan grande que no podemos reportar correctamente el suceso. Sin embargo, Ramana se mantuvo fresco como la mañana. Era desapegado, y esa es la cualificación más importante para el conocimiento del ser. Dice: “Ahora que la muerte ha llegado, ¿qué significa esto? ¿Qué es lo que muere? Este cuerpo muere.”

Vedanta se interesa por el significado. Es “el conocimiento que termina con la búsqueda de conocimiento.” La de Ramana era una mente indagadora, no fascinada por la experiencia, una mente que busca comprender la experiencia. Por medio de la lógica es que llega a la conclusión correcta: “este cuerpo muere.” Ya podemos ver por inferencia que él sabe que él no es el cuerpo. Ahora lo ve por completo como un objeto. Entonces lo actúa “para dar mayor realidad a la indagación”. El resto de sus reflexiones hasta “es silencioso e inerte” son confirmaciones posteriores sobre su comprensión de que él no es el cuerpo.

Ahora pasamos al reconocimiento del ser. Este es el lado positivo (lo que sucede cuando el mundo es descartado). Después Ramana dice: “pero yo podía sentir toda la fuerza de mi personalidad e incluso la voz del ‘yo’ en mi interior, aparte del cuerpo”. La palabra “personalidad” es muy interesante. No sé si esta es una traducción precisa de las palabras de Ramana, pero es probable que se refiriera al cuerpo sutil. A menudo nos referimos a este como ser “encarnado” o individual. El ser no es encarnado, pero lo parece cuando lo miras a través del cuerpo.

Así que ahora estamos conscientes del cuerpo muerto y del cuerpo sutil, e “incluso de la voz del 'yo' en mi interior, aparte del cuerpo”. Uno encuentra toda la estructura del ser en esta experiencia. Entonces, Ramana concluye: “por lo tanto, soy espíritu que trasciende el cuerpo.” Así ha resuelto la pregunta “¿quién soy yo?”, la cual nunca había considerado antes de ese momento.

La mayoría de los meditadores y aquellos bendecidos (o también podría ser el caso que maldecidos) con epifanías accidentales, quienes experimentan el reflejo de la conciencia en una mente sattvica, carecen de discriminación. Ramana, al parecer, poseía una gran discriminación aunque era solo un chico de 17 años que no tenía una idea previa del ser antes de su experiencia. La discriminación, junto con el desapego, son las cualificaciones más importantes. Contemplemos la lógica en esto: “Por tanto, yo soy el espíritu (la conciencia) que trasciende al cuerpo.”

Y después, la guinda en el pastel; Ramana describe el conocimiento del ser. “Nada de esto fue un pensamiento flojo o torpe. Apareció de forma vívida como una verdad viva, la cual percibí de manera directa, casi sin el proceso del pensamiento.”

Cuando tienes cualquier experiencia, el conocimiento de la experiencia surge en la mente. El conocimiento necesita ser entendió, tomado. En este caso, él experimentó “de forma vívida como una verdad viva.” Esto contradice a las personas que piensan que la mente debe morir para que suceda la iluminación. Las palabras operativas son “casi sin proceso”. Esto quiere decir que sí había pensamiento.

Muchas personas tienen este tipo de experiencias, pero no se dan cuenta de que son “espíritu que trasciende al cuerpo.” Este conocimiento es a lo que llamamos liberación. ¿Por qué liberación? Porque pensar que tú eres el cuerpo es un gran problema; hace que el mundo y todo lo que hay en él parezca real. Sin embargo, para el ser, el mundo aparece como una especie de sueño, así que todas las experiencias que tienes no pueden encadenarte. En la siguiente declaración, él se refiere al tema de lo que es real. Dice: “'Yo' era algo muy real, lo único real acerca de mi estado presente, y toda la actividad consciente conectada con mi cuerpo se centraba en ese 'yo'.” Esto es conocimiento. El “yo” es real. La entidad cuerpo/mente no “se toma como real”. Y uno puede notar que dice: “mi estado presente”. Esto quiere decir que “él” no estaba “en” el estado de meditación o en samadhi. Él es la conciencia de eso. Nosotros sabemos esto porque aparece como un objeto conocido para la conciencia.

Por lo tanto, el “rayo de un diamante” solo tiene sentido si entrega conocimiento, ya sea que la atención se haya enfocado hacia adentro de forma no intencional y el reflejo del ser se experimente en un momento fortuito o que se experimente más o menos a partir de la voluntad  a través de la meditación. La experiencia jamás dura, pero el conocimiento es eterno.

Obviamente, defendemos el cultivo gradual de la mente a través de los yogas expuestos hasta ahora: karma/dharma yoga y el yoga de los tres gunas. No es nuestro deseo que tengas que pasar por muchos problemas para alcanzar la iluminación, pero la lógica de la existencia, la forma en que los vasanas se han conformado y la forma en que son gestionados, requieren de un trabajo duro y paciente. Si no quieres comprometer tu vida con ello, es mejor olvidarlo y prepararte para las frustraciones de la vida normal, el lugar de las frustraciones de una vida de indagación.

Asumimos que para ti en verdad ya ha sido suficiente con el sufrimiento vivido y tienes un ardiente deseo de liberación y además has vivido tu vida como karma yoga. También interpretas los sucesos correctamente a la luz de la naturaleza de la conciencia. Has gestionado los gunas de manera apropiada y has creado una mente pura y tranquila. Tu atención está enfocada en el reflejo del ser. Tú piensas que eres una persona meditando sobre el ser, pero la realidad es que tú eres el ser meditando en tu reflejo que aparece en la mente.

Antes de que lleguemos al punto, es importante saber que la meditación, el mantener tu atención en el reflejo del ser, quema vasanas de forma rápida, aunque no tanto como el conocimiento del ser, pero mucho más rápido que karma yoga. Los quema porque un vasana necesita ser meditado y/o llevado a cabo para que se recicle. Si no piensas en el vasana o no realizas acciones vinculadas con él, arde en la meditación.

Por último, antes de regresar a la relación entre la meditación y el conocimiento del ser, es también importante saber que la meditación es una de las experiencias más placenteras conocidas por los seres humanos, porque la mente no es molestada por los vasanas. La meditación no consiste en batallar con vasanas, a la espera de que se eliminen para después poder estar en paz. Es más bien el detener la atención en el reflejo de la conciencia. Si solo meditas en busca de paz, para relajarte ante el estrés inducido por los vasanas, sin duda te estarás perdiendo del verdadero sentido de la meditación. El verdadero sentido es el conocimiento, como Ramana dice: “yo soy espíritu (conciencia) que trasciende al cuerpo”. Este conocimiento en la forma de pensamiento es llamado akhandakara vrritti. Puede aparecer bajo cualquier lenguaje y las palabras pueden variar, pero el conocimiento es “yo soy conciencia total, completa, no dual, ordinaria, despreocupada y libre de acción.” Ramana, de alguna forma, comprendió de manera “intuitiva” el valor de este conocimiento y parece que se convirtió en su identidad primaria en ese momento o quizá más tarde, mientras vivía en las cavernas. Esta es la razón por la que, junto con Vedanta, dijo: “El ser solo puede ser alcanzado a través del conocimiento.” Practicamente nadie se ilumina con la meditación, porque se medita en busca de experiencia, no por conocimiento. No se comprende el valor del conocimiento del ser. Sin embargo, la meditación puede ser un “error orientador.” La indagación puede desarrollarse y uno podría apreciar el valor del pensamiento “yo soy conciencia sin límite” cuando este surge.

 

Un pequeño resumen

El propósito de todos los yogas es convertir una mente extrovertida, agitada y floja en una mente contemplativa y enfocada hacia el interior. Una mente sattvica o contemplativa no es totalmente libre de rajas y tamas; simplemente no está dominada por ellos.

La transición de una mente extrovertida a una mente contemplativa, una mente que está comprometida con la discriminación entre la conciencia y los objetos que aparecen en ella y que toma la posición de la conciencia, no siempre es fluida. Incluso cuando comienzas la práctica la mente tendrá momentos, a veces días o semanas, de claridad y gozo conforme disfruta en el reflejo de la conciencia creado por tu práctica. Entonces puede lentamente volverse activa o perezosa, cuando antiguos hábitos rajasicos y tamasicos intenten reafirmarse a sí mismos. La vigilancia nunca es demasiada. Mi maestro decía: “Eterna vigilancia es el precio de la liberación.” Los gunas son el ritmo circadiano de Isvara. No solamente se desarrollan en ciclos durante un día, sino que operan también de forma global. Solo porque un hábito haya dejado de parecer aprisionador, no podemos asumir que se ha ido por siempre. Se recluye en el cuerpo causal y a menudo sobrevive para regresar. Uno puede dejar de fumar por meses, incluso años, y luego un día se encuentra de nuevo haciéndolo.

Cuando predomina sattva parece que ya estás iluminado o que te mueves con rapidez rumbo a tu objetivo. Cuando tamas y rajas predominan, parece como si estuvieras recayendo. Queremos desarrollar una mente predominantemente sattvica pero el intento genera frustración cuando se cree que la iluminación es un estado de sattva permanente. No hay estados permanentes. Si tienes el hábito de evaluar nerviosamente tu progreso cada día o cada semana estás propiciando la decepción. Por esto Vedanta no es útil a menos que estés cualificado. Una persona cualificada que ha asimilado de manera apropiada el conocimiento se ve a sí misma como el ser, comprende la naturaleza de la mente, trabaja ardua y felizmente, sin permitir que las fluctuaciones de los gunas alteren su resuelta paciencia.

Conforme la práctica madura, la mente disfruta de cada vez más periodos de sattva no perturbados por los diarios ires y venires de rajas y tamas. El gran obstáculo para la felicidad es la noción de que el ego debería tener control directo sobre su experiencia. La gran popularidad de las drogas, el alcohol, el sexo y los deportes extremos muestra cómo es que prevalece el deseo de sentirse bien de forma instantánea. Como se mencionó en el capítulo anterior, el ego tiene un cierto grado de control indirecto, conforme los samskaras se transforman lentamente a través de la práctica de karma yoga y las modificaciones del comportamiento.

La transformación del cuerpo sutil es impredecible. Hay ciertos patrones negativos cuya neutralización puede tomar muchos años. Otros pueden disolverse en un santiamén. Una de las cualificaciones más importantes es la paciencia. Me pasé trece años erradicando pacientemente un vasana particular. En los viejos tiempos de expectativas reducidas, las personas eran disciplinadas. En esta época de gratificación inmediata y de exigencia, la disciplina es una mala palabra. Queremos nuestra iluminación ¡y la queremos ya!

Dice un buscador angustiado: “Sé que no hay nada que obtener o alcanzar, sé que la única cosa que necesito es la comprensión clara de quién soy en realidad. Pero ¿cómo es posible que, a pesar de saber todas estas cosas, vuelva a mis antiguos hábitos? ¿Por qué soy la misma triste persona que es afectada por lo que otras personas dicen o piensan de mí? ¿Por qué? Me parece tan difícil. ¿Por qué no me puedo ver a mí mismo como conciencia si yo sé que ese es mi verdadero yo?”

 

Empatizamos con él, ¿pero qué podemos decir? Hay una oportunidad grande de fallo cuando una persona sufre. Cuando hay un desastre natural, los estafadores se aparecen como termitas en la. Muchos maestros modernos se alimentan con este tipo de miseria. “¡Tengo la solución para ti! Compra ya mi mezcla especial de once prácticas mágicas de yoga para la salud radiante e instantánea.” O como los neoadvaita repiten sin reflexión: “No hay nada que hacer excepto escucharme decir que no hay nada que hacer. Solo entiéndelo.” Lo cierto es que no hay arreglos rápidos.

 

Respeta a Isvara

Isvara (es decir, los gunas) puede ser tu mejor amigo o tu peor enemigo. Depende de ti. No es muy agradable compartirte esta noticia, pero lo cierto es que la vida es una fuerza altamente conservadora. Se resiste al cambio. Observa cuánto le toma a las especies adaptarse y evolucionar. Y cuando el ritmo de la vida acelera más allá de la capacidad del organismo para evolucionar, este se extingue. ¿Sobrevivirán los osos polares al cambio climático? El hielo desaparecerá, los humanos invadirán su hábitat y serán historia. ¿Podrá el rinoceronte evolucionar para no tener un cuerno frente a la ignorancia de asiáticos obsesionados con el sexo?

Solo tenemos una vida para liberarnos. En definitiva es posible conseguirlo, pero solo si estamos armados con una gran determinación y la clara comprensión de nuestra naturaleza animal, así como las leyes que gobiernan nuestro entorno. Puedes triunfar, si tienes voluntad para dejar ir el apego por la forma en que son las cosas, mantienes desapego ante el sufrimiento y asumes la verdad sobre tu identidad sin límite, independientemente de cómo te sientes en el momento. Si respetas a Isvara es fácil. De lo contrario, no lo es.