Lección 12 – Valores

El valor de los valores

Escuchar y reflexionar en las enseñanzas de Vedanta es un medio primario de conocimiento, pero resulta imposible reflexionar o escuchar de forma apropiada si la mente no está preparada. Por tanto, es necesario un medio secundario de conocimiento: el conocimiento de los valores.

Lamentablemente, el mundo espiritual moderno se opone a la enseñanza de los valores, en su propio perjuicio, y prefieren enfocarse de manera exclusiva en el ser, que es el valor esencial. Sin embargo, en la búsqueda de la liberación uno no puede ignorar la dimensión moral de la realidad, porque la presencia de valores o la falta de estos tiene un impacto directo en la habilidad de comprender y asimilar el conocimiento.

 

El conocimiento requiere de tres factores

Para que el conocimiento de cualquier objeto pueda ocurrir, se requiere de tres factores: el conocedor, el objeto a conocer y el medio de conocimiento. Para conocer un sonido, yo (el conocedor) debo estar presente. En segundo lugar, el sonido debe ocurrir. En tercer lugar, necesito tener oídos.

Los primeros dos factores son obvios, pero el tercer factor no siempre lo es. Si estoy dentro del rango de un sonido y no lo escuché, lo que tengo que revisar es el funcionamiento de mis oídos. Si mis oídos pasan la prueba y resulta que trabajan de forma apropiada, entonces el problema está en otra parte. La posibilidad restante es mi atención. Si los oídos estaban atentos a otra cosa cuando el sonido ocurrió, fracasaré a la hora de escucharlo. Para que el conocimiento perceptivo básico suceda, los órganos de los sentidos no son suficientes, porque necesitan estar respaldados por la atención.

 

La mente debe estar preparada

Aun cuando todos los factores, incluido una mente atenta, están presentes, a veces el conocimiento no sucede. Por ejemplo, si en verdad quiero conocer el significado de la Teoría de la Relatividad, aun cuando asista a una clase en la universidad y escuche con atención la explicación de un experto científico acerca de la fórmula E=MC2, es probable que no obtenga el conocimiento. Esto se deberá a que mi preparación previa en Física y Matemáticas es insuficiente. Para resolver mi problema debería reforzar también mi comprensión de Cálculo y Mecánica, porque mi mente no está preparada para entender.

 

Las palabras como medio de conocimiento

Para que Vedanta funcione, el maestro debe comunicar la visión de la no dualidad y la mente del indagador debe estar lista. Vedanta es un medio de conocimiento del ser, cuyas palabras y sentencias revelan al sí mismo. Estas palabras pueden dar conocimiento indirecto del ser, si el ser está más allá de mi campo de percepción, y pueden dar conocimiento directo, si el ser está dentro de mi campo de experiencia. Debido a que el sujeto expuesto por Vedanta soy yo mismo, y yo siempre soy, y la única experiencia que hay soy yo mismo, esto quiere decir que las palabras pueden dar conocimiento directo del ser.

Para que las palabras surtan efecto, el indagador debe entenderlas como el maestro las entiende. Las definiciones imprecisas no funcionan, porque están abiertas a las interpretación. Las palabras de Vedanta, por el contrario, tienen significados precisos. Para poder apreciar el significado al que se refieren, debemos eliminar los significados erróneos. Así que la enseñanza establece un contexto en el cual son eliminadas las acepciones incorrectas. Cuando se carece del contexto apropiado, el conocimiento del ser no puede suceder en la exposición de la enseñanza. Si se emplean palabras como ilimitado, eterno, trascendente y samadhi, pero no se da un contexto apropiado, solo se genera confusión.

Sin embargo, aun cuando tienes un maestro bien preparado en el método de enseñanza y puede exponer el sentido exacto de cada palabra, y además el indagador que busca el conocimiento del ser trabaja con dedicación, el conocimiento no ocurrirá si la mente del indagador no se encuentra preparada. Sin una mente preparada Vedanta es como el Cálculo Diferencial para una persona que todavía no conoce las tablas de multiplicar.

Esto no quiere decir que Vedanta no pueda ser comprendido, sino más bien que para hacerlo es necesaria una mente capacitada. El conocimiento tiene lugar solo en el cuerpo sutil. Si las condiciones son favorables y el conocimiento no tiene lugar, esto se debe a que hay una obstrucción.

 

Los valores son un medio secundario para el conocimiento del ser

Las prácticas espirituales son útiles para aquietar la mente pero no la preparan para el conocimiento del ser. Uno no necesita ser una persona madura o moralmente sana para respirar de cierta manera o para poder torcer el cuerpo en una pose de yoga. Una mente preparada refleja valores no duales y actitudes éticas. Mientras que las prácticas específicas son secundarias, los valores son el medio principal para preparar a la mente para la indagación. Sin embargo, el conocimiento de los valores no es conocimiento del ser. Se trata de un medio para alcanzar un fin, que es el conocimiento del ser.

El conocimiento del ser no necesariamente ocurre cuando los valores apropiados están presentes, pero puede suceder. Sin la correcta estructura de valores, el conocimiento del ser probablemente no suceda y, si lo hace, será prácticamente inútil.

 

Valores universales. Samanya dharma

Puesto que la realidad es no dual, solo hay una persona: la conciencia, con tres cuerpos. La implicación de esta afirmación en términos de los valores es obvia: tú y yo somos uno. Si somos uno espiritualmente, a pesar de las apariencias creadas por Maya, yo debo valorarte como me valoro a mí mismo. Y como mis acciones reflejan mis valores, debería tratarte como a mí mismo. Yo me trato bien a mí mismo porque me amo, y tú te mereces lo mismo.

Un dharma o acción correcta es una norma de comportamiento basada en la naturaleza no dual de la realidad. La forma en que no quiero ser tratado se llama adharma, acción incorrecta. Yo no te miento porque no quiero que me mientas. No te hago daño porque no quiero que me lastimes. El dharma y el adharma son universales y provienen de la consideración de sentido común por los propios intereses. Estos cambian ligeramente de una cultura a otra.

 

Ética Situacional. Visesa dharma

Aunque los dharmas y los adharmas son más o menos universales, no son absolutos. El contexto que requiere una respuesta juega un papel importante para determinar cómo me comporto. Si tengo el apéndice inflamado, renunciaré a mi valor de no sufrir lesiones y me someteré al bisturí, sin que esto comprometa mi valor general por no hacer daño a los demás. Aunque mis estándares de comportamiento y actitud pueden no ser subjetivos, mi interpretación de estos valores muy probablemente lo es. Por ejemplo, puedo aplicar estrictamente mi valor de veracidad a las palabras de los otros pero no soy tan riguroso con las mías.

Los valores no pueden descartarse, tampoco pueden ser transgredidos con impunidad. Un ladrón protege la mercancía robada, porque no puede escapar del valor de no robar. Si no le afectara este valor, no escondería su botín. Los valores universales están integrados en la estructura misma de la creación y mi mente es una parte integral de ella. El fracaso para vivir a la altura de un valor me pone en conflicto con el mundo y conmigo mismo. Crea culpa y la culpa no es de ayuda para el conocimiento del ser.

Para asimilar las enseñanzas de la no dualidad, debo seguir el dharma. Si entiendo que las acciones buenas y malas son aparentemente reales, entonces los valores ya no son un problema para mí. Sin embargo, esto no significa que mis acciones trascienden el dharma y el adharma. Significa que mis acciones en la realidad aparente van a ser dhármicas porque no tengo nada que ganar o perder violando el dharma. Solo cuando imagino que la realidad aparente no existe, violo el dharma y perturbo mi mente y la de los demás. Una mente en conflicto no es algo útil, pues ocasiona emociones contraproducentes, como ira, tristeza, arrepentimiento, baja autoestima y sensación de fracaso.

Cuando mis valores son los mismos que los del prójimo que opera en mi entorno, no causan conflicto, pero si no estoy dispuesto a comportarme de acuerdo con las expectativas del resto, no puedo esperar que quienes me rodean se comporten de acuerdo con las mías. Por ejemplo, aunque tenga el valor por no causar daño (que es el valor universal número uno) y no me gusta que me critiquen, si critico a los demás, entaré en conflicto. Una persona que elige mentir para ganar o conservar dinero, está privilegiando su valor personal por el dinero, el cual entra en conflicto con el valor por la sinceridad, que es un valor universal, pues el mundo espera que yo sea sincero y yo espero que el mundo sea sincero. Uno puede sentirse muy bien al seguir sus valores personales, pero cuando entran en conflicto con los valores universales da pie al sufrimiento, porque los valores universales no desaparecen cuando los anulo para ganar algo de comodidad; están integrados en la estructura misma de mi ser.

De hecho, mis valores personales son a menudo fuente de gran agitación, independientemente de si mi comportamiento es correcto. Mi valor por el aire limpio o la comida sana me pone en conflicto con todo el mundo porque prácticamente todo en estos días está contaminado. Si estoy particularmente preocupado por la justicia, que se basa en la naturaleza no dual de la realidad, me sentiré agitado cuando alguien me trate injustamente o incluso cuando crea que el trato injusto es una posibilidad. Los valores espirituales de verdad, belleza y justicia pueden causar tanto daño como los pequeños valores mundanos.

 

La división conocedor - hacedor

Cuando valoro la verdad pero digo una mentira, me siento culpable porque estoy generando una división entre el conocedor y el hacedor. Por ejemplo, el conocedor se pone a dieta pero el hacedor toma una segunda porción; el conocedor decide levantarse temprano y salir a caminar pero el hacedor apaga el despertador. Esto enoja al conocedor que comienza a condenarme, lo que me hace sentir inútil e incómodo.

Al mismo tiempo, la perturbación oculta el motivo profundo de mis acciones. Lo que quiero no lo quiero por lo que me imagino. Hay una fuerza inconsciente que actúa siempre. Los objetos situacionales que valoro no los valoro por sí mismos, sino por cómo me hacen sentir, por la sensación de seguridad, placer o virtud que se genera en mí. Un vegetariano no valora a los vegetales por los vegetales en sí mismos, sino por la sensación de que le está haciendo un favor a los animales. Entonces, lo que realmente valoro es sentirme cómodo conmigo mismo. Si comprendo esto y aprecio el hecho de que hay una ventaja y una desventaja para cada acción, me hallo en condiciones de indagar directamente en el ser, porque el gozo que proviene de cumplir con cualquier valor, personal o universal, proviene del ser mismo. Sin embargo, este análisis de valores tiene la intención de sanar la separación entre el conocedor y el hacedor y hacer que la indagación sea viable.

Swami Dayananda dice: “La fuente de un valor situacional es que espero sentirme bien al elegir algo basándome en ese valor. Cuando veo con claridad que una entre varias opciones me hará sufrir, no la elijo. Por lo tanto, si me convenzo por completo de que actuar en contra de un valor universal resultará en sufrimiento para mí, el seguirlo deja de ser opcional, como la respuesta a la pregunta: ‘¿quieres felicidad o infelicidad?’ Si hablar con la verdad es un valor para mí, y estoy completamente convencido de que la ‘no verdad’ trae sufrimiento, no hay más remedio que decir la verdad. Hablar con la verdad se vuelve natural, espontáneo y el valor parcial que daba a un valor universal se ha convertido ahora en un valor personal bien asimilado.

“Cuando quiero que ciertos valores universales no asimilados se vuelvan parte de mi estructura de valores, debo ejercitar la deliberación siguiéndolos hasta que esté convencido de su valor en términos de conocimiento. Cuando estoy convencido, respetarlos se vuelve espontáneo. Para la persona con valores éticos asimilados, la vida se torna muy simple. Ningún conflicto nubla la mente. Para eso, la enseñanza de Vedanta es como la reunión entre el gas y el fuego. El conocimiento se enciende en un instante.

“Para que los valores sean valiosos para mí, su lado positivo y negativo debe ser entendido y no simplemente impuesto desde afuera en forma de un dogma religioso o social. Por lo tanto, Vedanta llama a estos valores conocimiento. Los siguientes valores están interrelacionados y definen un estado de ánimo armonioso en el que el conocimiento puede ocurrir. Cada término resalta una cierta actitud, cuyo valor debe descubrirse personalmente, de modo que la actitud se convierta en un aspecto natural del estado de ánimo del investigador.”

 

¿Una mejor persona?

Vedanta no es superación personal. Un indagador no está intentando convertirse en una persona perfecta o mejorada, porque toda persona (ya sea buena o no tan buena) sigue sufriendo un sentido de limitación y de necesidad de libertad. El indagador está intentando reconocer su identidad primaria, el siempre libre sí mismo, libre de toda experiencia, el testigo de la persona. Muchas perspectivas de la iluminación predican la negación de la persona, el castigo de la persona, la trascendencia de la persona o la transformación irreflexiva de la persona, acaso porque el volver a una persona aceptable para uno mismo es muy difícil. Sin embargo, es la persona la que desea liberación y es la persona la que necesita buscarla, así que tenemos que tomar en cuenta a dicha persona.

Nuestra discusión en torno a los valores es desafiante, porque establece con claridad que podemos quedar estancados por valores que nos alejan de la indagación, lo cual equivale a decir que espiritualmente no estamos a la altura, lo que además nos haría pensar que no somos personas buenas. La investigación acerca de los valores solo tiene la intención de que nuestras mentes estén lo suficientemente asentadas para poder realizar la discriminación; el objetivo no es mejorar al individuo. Sin embargo, en la medida en que una persona es poco más que sus prioridades y valores, cualquier cambio en mi estructura de valores equivale a un cambio en la (aparente) persona. En general, una buena persona es aquella cuyo pensamiento y acciones se ajustan a los valores universales y una persona mala es aquella donde esto no sucede. Entonces, si tienes una sensación de inadecuación y baja autoestima, y deseas ser una mejor persona, el siguiente análisis de la dimensión moral de la realidad te será útil, aun cuando no seas un buscador de la liberación.

 

Comprensión de los valores

1) Indagación sobre el orgullo, vanidad, presunción, autoglorificación

Un respeto simple y objetivo hacia uno mismo es una buena cualidad. Sin embargo, la mayoría de nosotros tenemos dudas acerca de nuestra suficiencia. Albergamos el temor secreto de no ser lo suficientemente buenos y nos sentimos incapaces de proporcionarnos a nosotros mismos la confianza necesaria para ser felices con nuestras vidas. Así que esperamos que otros nos validen. Para ganar la validación, a menudo nos vemos tentados a exagerar nuestras cualidades y logros para que otros piensen que somos especiales y nos glorifiquen. Si estoy completamente seguro acerca de mis talentos y habilidades, los tomo como un hecho y no necesito validación ni apoyo.

Exigir el respeto del prójimo invita a muchas perturbaciones porque quien pide respeto no puede controlar el resultado. Las personas dan su respeto por razones que solo ellas conocen. Cuando sus mentes cambian, la validación se retira y el dolor surge. Cualquier forma de daño, en este caso, se debe al orgullo, por un ego inflado que se apegó en exceso a lo que cree que sabe, posee o es. Por ejemplo, las personas conscientes del cuerpo que pasan una cantidad excesiva de tiempo acicalando o llamando la atención sobre su aspecto con ropa cara, peinados extravagantes, tatuajes y piercings, a menudo lo hacen para atraer la atención que son incapaces de darse a sí mismos. Tales egos, inflados por el orgullo y la vanidad, invariablemente terminan por desinflarse. A menudo pierden tiempo y energía tratando de guardar las apariencias o planeando venganzas. Además, no es siempre fácil determinar los verdaderos sentimientos de otra persona. Una persona que vive según las opiniones de los demás malgasta sus valiosos recursos mentales y no está cualificada para la investigación.

 

La solución. Indagación sobre Isvara

Si me tomo el tiempo para analizar los factores involucrados, veré con claridad que el respeto que exijo de los demás no me puede brindar consuelo ni satisfacción, aun cuando yo sea una persona muy competente. Primero, debería investigar la base de los factores que me motivan a exigir respeto del mundo. La respuesta es que creo que yo soy el autor de mis acciones, el productor de resultados y el propietario de mis dones y habilidades. ¿Pero es esto verdad? En realidad, ¿qué es lo que yo he creado? Por ejemplo, está claro que yo no creé a mi cuerpo. Un buen día y sin esfuerzo propio me aparecí encerrado en un tubo de carne. Tampoco creé mi sentido de individualidad: este vino junto con el cuerpo y el mundo en el que existe el cuerpo, un mundo que definitivamente yo no creé. Las tendencias (inclinaciones y habilidades) brotaron de mí sin voluntad propia. Puedo utilizarlas pero no puedo reclamar la autoría de ellas. Cualquiera de mis logros dependió solo de las oportunidades que brindó la vida misma. Pero yo no los creé. Me encontraba en el lugar correcto y en el instante adecuado. El cómo llegué allí es un misterio.

Si soy una persona razonable, debo concluir que cualquiera que sean los talentos, las habilidades y los dones que poseo, estos son dados por Isvara. A mí me corresponde apreciarlos como tales y hacer uso o desuso de ellos, sin pedir fanfarrias. Estos deberían hablar por sí mismos. El que los demás lo noten o lo ignoren, no debe interesarme. Una flor en una calle sucia de un barrio olvidado, florece sin que nadie la note, por ninguna otra razón que no sea su naturaleza de florecer. El orgullo pierde importancia cuando me doy cuenta de que se trata de un valor falso que no funciona.

Una vez que entiendo la psicología del orgullo, he de permanecer alerta y, cuando vuelva a levantar su fea cabeza, podré examinar dicha psicología con desapego, sin sentimientos de culpa o de condena. ¿Por qué me importa lo que piense la gente? Porque me siento inadecuado. ¿Es verdad que soy inadecuado? ¿La atención de los demás eliminará mi sensación de inadecuación? Incluso cuando la gente me reconoce, la sensación de satisfacción que engendra no dura y me veo obligado a buscar la aprobación una vez más. ¿Cuando termina esto? ¿Es razonable enorgullecerse de las cosas cuando está claro que yo no las creé? ¿Tiene algo de real este samskara? ¿Para quién es esto? Es por mi ego. Pero, ¿es mi ego real? Ni siquiera es aparentemente real porque desaparece cuando lo miro. ¿Por qué invierto tanta energía en algo que ni siquiera es aparentemente real?

No puedo simplemente dejar de lado mi ego orgulloso, pero al verlo de frente, me doy cuenta de cuán inútiles son mis expectativas y, después de un tiempo, este samskara pierde su poder de perturbar mi mente. El hábito de buscar la aprobación finalmente termina y me convierto en una persona sin complicaciones.

 

2) Pretensión, afectación

El orgullo se basa en logros o habilidades reales, pero la pretensión es autoglorificación sin causa. Quiero dar la impresión de que soy algo que no soy. Si me visto como un príncipe, pero mi cuenta bancaria está sobregirada y vivo esquivando a los cobradores, soy pretencioso. Si afirmo tener una finca en el sur de Francia cuando en realidad vivo en un departamento rentado de un barrio pobre, soy pretencioso. Si no puedo atender al timbre de la puerta sin antes arreglar la sala de estar por temor a que alguien piense que soy una persona desordenada, soy pretencioso. Si no puedo aparecer en público con un atuendo descuidado, sin mi lápiz labial y cada pelo en su lugar, soy un poseur. Si no he llevado a cabo ningún trabajo espiritual significativo, pero visto una túnica naranja, me afeito la cabeza, llevo un bastón y deambulo por los centros espirituales con una sonrisa beatífica pegada en el rostro para convencer a los otros sobre mis logros místicos, no soy un mahatma sino un impostor.

Todos los samskaras insalubres provienen de la misma razón básica, cuya comprensión nunca debería estar lejos de mi mente. La razón es: No me siento bien conmigo mismo. No me puedo aceptar a mí mismo Quiero ser diferente. Mi mente es tan extrovertida que no puedo ver mi propia psicología y asumir la responsabilidad por ello, así que confío en los demás para hacer lo que debería hacer por mí mismo, es decir, para hacer que me sienta bien. Necesito impresionar a la gente para que me validen.

Este es un problema particularmente difícil porque ni siquiera tengo la satisfacción de saber que lo que estoy diciendo sobre mí es verdad. Por lo tanto, estoy comprometido con la falsedad y me encuentro en conflicto directo con la verdad. Esta actitud es especialmente irritante porque no hay forma de obligar a otros a responder de manera favorable a mis mentiras. Debido a que necesito con urgencia que otros respondan y porque en cualquier momento mi mentira puede quedar expuesta, estoy sujeto a un exceso de estrés. Para que funcione, necesito estar muy alerta, mantener separados a todos mis amigos y tener una gran memoria. Existe la creencia de que karma yoga (dejar los resultados a Isvara) funciona en esta situación, pero esto no es así, porque karma yoga necesita que los valores estén ya en orden. Karma yoga no hace este trabajo, sino que los valores deben ser practicados con claridad previamente. Karma yoga no puede usarse para enmascarar un problema psicológico ni para manejar una situación adhármica.

Desde luego, una mente que practica la falsedad está demasiado agitada como para indagar con desapego.  Este tipo de mente me estará diciendo que soy inaceptable, mientras que la afirmación de Vedanta es que yo soy aceptable como conciencia y como jiva. Entonces, hay una clara desconexión entre lo que estoy persiguiendo (la validación de una parte de mi ser que ni siquiera es real) y lo que digo que quiero (libertad del sufrimiento producido por mi identificación con esa parte insalubre).

La solución consiste en admitir el problema, aceptar la idea de las escrituras con respecto a quién soy en realidad y estar dispuesto a considerar las opiniones de los demás, pues los otros ven lo que no veo sobre mí mismo. Así mismo, debería tener la confianza para descartar sus puntos de vista cuando sé que están proyectando una imagen falsa en mí, debido a su propia falta de claridad.

No hay aprendizaje ni crecimiento para los pretenciosos. No puedo resolver ni siquiera los problemas básicos del deseo y la ira si soy una persona orgullosa y pretenciosa. Sin la pretensión, me convierto en un individuo simple capaz de autoanalizarse con honestidad.

 

3) No causar daño

Tengo un valor por el no causar daño porque no quiero que se me haga daño. Es lo mismo para todos los seres vivos. El no herir es un valor matizado difícil de aplicar debido a la naturaleza aparente del mundo en el que vivimos. Predominan tres categorías de daño: acciones, palabras y pensamientos. La expresión más obvia de una acción perjudicial es la violencia física.

Una expresión común del valor de no causar daño preferida por los tipos espirituales es el vegetarianismo. El argumento es: aunque la vida se alimenta de vida, los seres humanos no están en la misma categoría ausente de elección que los animales, para quienes la forma de nutrición es dictada por el instinto. Somos conscientes de nosotros mismos y tenemos libre albedrío y, dado que existen muchos medios de supervivencia, somos libres de elegir una fuente de alimentos no ambulatoria. Aunque las plantas son seres vivos, no son conscientes como los animales. Comer cereales, frutas y verduras es superior moralmente a matar seres conscientes. Swami Dayananda, un gran defensor del vegetarianismo, dice: “Para que el comer carne estuviera en línea con el dharma, tendría que matar a mi presa con las manos desnudas sin la ayuda de armas y exponiéndome a la posibilidad de convertirme en la cena de algún otro animal”. Si no estoy dispuesto a hacer esto, soy poco más que un hipócrita cobarde y poco ético “debido a que el valor por no herir se ha asimilado de forma incompleta, lo que se revela en mi negativa a arriesgarme a la posibilidad de sufrir el mismo resultado que mi alimento.”

Para muchos, el vegetarianismo es suficiente con respecto al valor de la no lesión, pero la definición de no lesión incluye otros dos tipos de karma: pensamientos y palabras. Las palabras deben ser sinceras y agradables. Las mentiras blancas están bien en ciertas situaciones porque la compasión prevalece sobre la honestidad. Nuestra sensibilidad ante la violencia física debe extenderse para incluir una cuidadosa consideración de los efectos que tienen nuestras palabras en los demás y los efectos de los pensamientos dañinos en nuestras propias mentes. Uno puede pensar que sus malos sentimientos están justificados por el comportamiento adhármico del prójimo, pero estos no sirven para castigar al delincuente y tampoco arreglan la situación; solo sirven para herir a tu propia mente.

Es una pena que, desde los años sesenta, cuando el individualismo hedonista se volvió aceptable (“si se siente bien, ¡hazlo!”, decían), la sociedad se trastornó cada vez más y las tradiciones de civilidad, sobre todo los modales, disminuyeron gradualmente. La solución para los pensamientos y acciones negativos es desarrollar una apreciación de los sentimientos de los demás, porque, si consideramos la naturaleza no dual de la realidad, no hay otros seres más que yo, la conciencia. “Otros” es solo una idea en una mente ignorante. Para desarrollar tal apreciación, necesito mirar más allá de mis propias necesidades. Tal actitud es propicia para la indagación del ser, en la medida en que los conflictos externos e internos son un obstáculo.

Cuando la actitud interna es “me siento pequeño, inadecuado e incapaz de obtener lo que quiero, por lo que puedo recurrir a la violencia para lograr mis fines”, la solución está en desarrollar apreciación por los sentimientos del prójimo.

 

4) Aceptación

Aceptar con calma y alegría a cualquier situación o tipo de persona (mas no con indiferencia resignada) es ser servicial. Esto se basa en una comprensión clara de que, debido a la ley del karma, las cosas no pueden ser diferentes de la forma en que son. El comportamiento de una persona es una consecuencia de su condicionamiento y no está sujeto a la fuerza de voluntad. Las personas se encarnan para resolver el karma, no para complacerme. Las situaciones son resultado de todos los factores que interfieren en el campo del dharma y están fuera del control de los individuos. El que las situaciones nos gusten o nos disgusten es una tontería. Todas las relaciones exitosas dependen de la capacidad de uno para adaptarse a los demás. De manera similar, no puedo ser diferente de lo que soy y mi situación es el resultado de mi karma, así que debo acomodarme alegremente a mi yo aparente, no desear que sea distinto o luchar para cambiar sus circunstancias. Aquellos que se niegan a ajustarse a la realidad se encuentran perturbados de manera constante y no son aptos para la indagación.

Para desarrollar esta importante cualidad, debo aprender a apreciar la variedad, cultivar una actitud de diversidad y vigilar constantemente mi mente en busca de la sensación de insatisfacción. Cuando me encuentro insatisfecho, debería reducir mis expectativas. Es útil verme a mí mismo y a todos los demás como tontos indefensos o como objetos inertes. Tengo buenas relaciones con los objetos inertes porque no espero nada de ellos y acepto con gusto a los tontos porque sé que no pueden ser de otra manera.

La clave de la aceptación es responder e identificarse con la persona, no con sus acciones, bajo la comprensión de que la persona es el ser temporalmente hechizado por Maya. Trata de recordar que Isvara está detrás de un estallido de ira, un ataque de celos o una acción manipuladora, y aprecia el hecho de que si los otros no tienen el control, yo lo tengo aún menos. Con este tipo de comprensión, es fácil desarrollar la flexibilidad.

Las reacciones mecánicas obstaculizan la aceptación. Para ser libre de responder ante otra persona, debo actuar conscientemente, no reaccionar como un robot de acuerdo con mis vasanas. Swami Dayananda dice: “Una reacción es un comportamiento mecánico, no deliberado, una respuesta condicionada tomada de experiencias previas, que no ha sido sancionada previamente por mi voluntad. Es decir, es una respuesta que no he revisado en relación con la estructura de valores que estoy tratando de asimilar, y simplemente he dejado que suceda.

“Las reacciones pueden estar en contra de toda mi sabiduría y experiencia; estos factores quedan relegados a un segundo plano cuando surge la reacción. Pude haber leído todas las escrituras religiosas del mundo, ser un gran estudiante de sistemas éticos y desempeñarme como un profesional que brinda consejos a otros pero, cuando se trata de una reacción, está será tan mecánica como la de cualquier otra persona.

“Por lo tanto, hasta que los valores universales se asimilen por completo y proporcionen un terreno desde el cual surjan espontáneamente las actitudes y acciones correctas, debo evitar conscientemente las reacciones y elegir deliberadamente mis actitudes y acciones.”

 

¿Quieres ser un santo?

Si estás en busca de la santidad, los requisitos mínimos son la aceptación y el no causar daño. La sabiduría y el conocimiento de las Escrituras no son necesarios, solo estos valores lo son. Los santos no lastiman conscientemente a otros con palabras, pensamientos ni acciones. Aceptan a las personas, buenas o malas, tal y como son, y tienen una capacidad infinita para el perdón y la compasión. Responden ante la persona, no ante sus acciones, porque saben que Isvara es el hacedor de acciones. Esta actitud expande el corazón.

 

(5) Honestidad, veracidad

La alineación entre el pensamiento, la palabra y la acción es franqueza. Decir una cosa y hacer otra, o hacer algo y decir algo más no es propicio para la paz mental ni para la indagación. La franqueza no solo incluye el discurso veraz, sino pensamientos y acciones. La falta de alineación entre estos fragmenta a la persona y la somete a una mente inquieta y perturbada por muchos conflictos.

 

(6) Servicio al maestro

Este es un valor engañoso que requiere de mucha discriminación, particularmente para los individualistas occidentales que, por una buena razón, no están acostumbrados a la idea de rendirse ante nada. El servicio implica un estado de la mente que constituye la rendición de la voluntad, la subordinación de las preferencias y aversiones, la disposición a dar sin pedir nada a cambio y una actitud general de respeto. El servicio no se debe dar a la ligera y solo se le debe dar a un maestro de gran integridad que no lo solicite... porque no lo necesita. Si un maestro exige rendición, él o ella no es un verdadero maestro y el estudiante que “se entrega” a esa persona está llamado al sufrimiento. Solo el estudiante debe beneficiarse de la rendición.

El servicio es un estado mental que no requiere acción física, solo la voluntad de actuar. En la relación ideal entre maestro y estudiante no hay un dar y recibir como en otras relaciones. Solo hay un dar por parte del alumno. El maestro es un sustituto del ser y sirve para proporcionar un objeto de meditación para el alumno. Si el maestro está establecido en el sí mismo como sí mismo, y ha resuelto todos sus problemas personales, la oportunidad de servir a un maestro es la mayor bendición.

Yo tuve la suerte de servir a un verdadero maestro; los beneficios fueron enormes. Se trató del punto culminante de mi vida. Mi deseo de libertad creció a pasos agigantados porque pude observar de primera mano a un ser libre que vive libre en samsara. Se me pidió hacer muy poco, excepto estar presente y alerta todo el tiempo, y cuando yo necesitaba algo, lo cual era extremadamente raro, mi maestro estaba allí para ayudarme.

 

(7) Limpieza

El valor por la limpieza externa y el orden es obvio, en la medida en que hace la vida agradable y despierta la atención de la mente. Swami Dayananda dice: “Todos los días, mientras hago mi trabajo, un poco de polvo se asienta en mi piel, algo de suciedad mancha mi ropa y mi escritorio se llena de basura, así mi mente acumula polvo en mis transacciones con la gente. Se forman manchas de envidia, aparece la suciedad de la exasperación, surgen vetas posesivas y en general se extiende un fino polvo de culpa y autocondena. Cada día, hasta que mi identificación falsa con la mente se disuelva y surja el conocimiento del ser, la mente debe ser limpiada. ¿Cuál es el detergente para la mente? Es la aplicación del pensamiento opuesto. Debe aplicarse aunque mi actitud negativa parezca justificada por las circunstancias.

“Un resentimiento se asienta en mi mente a pesar de que fui legítimamente perjudicado. Si permito su permanencia, podría llegar a convertirse en odio. Entonces busco con deliberación razones para sentir agrado por la persona que me hizo daño. Por ejemplo, recuerdo que él es querido por otros, amado por su esposa, cuida bien de sus hijos, dona a la caridad y va a la iglesia en domingo. Cuando mire a la otra persona, encontraré amor. Yo soy capaz de amar y todos son capaces de amar. Incluso un criminal peligroso tiene dentro de sí los elementos de amor y simpatía. Puede ser que su capacidad de amor esté tan oscurecida que solo se manifieste en la simpatía que muestra por sí mismo, como cuando por accidente se golpea el pulgar con un martillo. Pero está allí para ser descubierto. Aparente o no, todos tienen cualidades santas: compasión, misericordia, amor y cuidado para no causar daño. Por lo tanto, para limpiar la mente del resentimiento y las diversas aversiones, que se solidificarían en odio y otros sentimientos negativos, debo buscar deliberadamente aquellas cosas que evidencian humanidad y santidad. Cuando lo hagas, atribuye las cosas malas a pensamientos erróneos, mala educación o un ambiente inadacuado. Ve como una bendición el que no estés en su lugar. Si hubieras tenido un trasfondo similar, habrías hecho las mismas cosas. Las cualidades santas pertenecen al ser y constituyen la naturaleza humana. Las cualidades negativas son incidentales; vienen y van

“Así que cuando el resentimiento, el desagrado y el odio hacia alguien surge, ve a la persona detrás de la acción adhármica desde un punto de vista opuesto y descubrirás algo de simpatía y de comprensión. Tu actitud debe ser de aceptación. De esta forma, cualquier resentimiento y odio es limpiado diariamente.”

El egoísmo es quizá la impureza más común. Cuando descubro que estoy atrapado en la incapacidad de tomar en cuenta los deseos, las necesidades y la felicidad de los demás, debo realizar, deliberadamente, una acción desinteresada. Cuando la resolución para limpiar el egoísmo está seguida por una acción, es difícil que el vasana egoísta se perpetúe. Hay muchas oportunidades todos los días para dejar lo que uno está haciendo y ayudar.

La condena a uno mismo, como el egoísmo, es solo un pensamiento impuro. Cuando algo no funciona de acuerdo con el plan o si me encuentro en conflicto con un valor universal y surge un sentimiento de culpa, inadecuación y condena, puedo contrarrestarlo al recordar deliberadamente el conocimiento del ser: “Yo soy conciencia plena, completa y siempre pura”.

Aquí hay una declaración que se debe pronunciar en voz alta todos los días, la cual ayudará a erradicar los pensamientos negativos sobre uno mismo: “El complejo cuerpo-mente, el hacedor de acciones, que creo ser yo, no puede ser condenado porque todas sus partes son inertes. Hacen su trabajo automáticamente o por orden de la mente. Es inocente. La mente también es inocente. Es solo un agregado siempre cambiante de pensamientos en movimiento, programado por vasanas que nacen inconscientemente de acciones y actitudes inconscientes. Es solo un instrumento insensible. No puedo condenarlo. No puedo condenar a un pensamiento impuro, pues le pertenece a la ignorancia, no a mí.”

La culpa y el arrepentimiento purificadores alertan a la mente sobre nuevas transgresiones del dharma. Si creo que soy el hacedor, surgirá el arrepentimiento. Cuando el responsable es un pensamiento en particular, estoy libre del anzuelo. Así que cuando no estoy sufriendo perturbación emocional, puedo mirar a la ignorancia que produjo el pensamiento.

Aquí hay un mantra que debe ser cantado todos los días: “El deseo lo hace. El deseo es el Hacedor. Yo no soy el Hacedor. El deseo causa acción. Yo hago acciones. Te saludo a ti, deseo. La ira lo hace. Yo no lo hago. Me prosterno ante ti, ira. La ignorancia lo causó. Yo no soy ignorante. Reverencias a ti, oh Ignorancia.”

Este mantra pone la culpa donde pertenece y, al mismo tiempo, al reconocer la transgresión libera a la mente para contemplar al ser.

Otro valor relacionado es la castidad, que equivale a una actitud respetuosa hacia el sexo opuesto, no necesariamente a la falta de intimidad física.

 

8) Celos y envidia

Una de las más comunes e irrazonables impurezas son los celos, una perniciosa forma de la dualidad. Existen porque el mundo es vasto, integrado por millones de entidades, lo cual provee de muchas oportunidades reales o imaginarias para efectuar juicios comparativos degradantes para uno mismo. Los celos y la envidia son ira transformada que generalmente conduce a la depresión. Se producen por una sensación de carencia, a partir de establecer una comparación con alguien a quien se considera, de alguna forma, superior a mí. Se trata de algo irreal por esta razón: nunca estoy celoso de una persona completa, solo de algún aspecto de ella. Pienso que ella es más inteligente, bella, rica o popular que yo. El hecho de que me gustaría ser como esa persona muestra en mí que hay cierta simpatía por ella. Las cualidades que provocan los celos no pueden separarse de la persona completa. Debido a que la persona completa, que en realidad es el ser, nunca puede ser completamente objeto de la envidia, no hay lugar real para que mis malos sentimientos se adhieran. Está claro también que hay ciertas cosas de esa persona que no quiero. Además, si soy sincero, descubriré que yo tampoco soy perfecto y que poseo ciertas cualidades poco envidiables, y al asumirlo puede facilitarme el dejar de juzgar a los demás. Es importante admitir esto.

Los celos son en realidad una reacción injustificada ante la naturaleza aparente de la realidad. Carecen de mérito en todos los sentidos. Dicho en otras palabras, los celos son una proyección que está ocultando el hecho de que aprecio de manera insuficiente mi propia naturaleza y la abundancia de buenas cualidades que surgen de ella. Una persona autorrealizada nunca es celosa porque es consciente de su plenitud.

Aunque la declaración de la Biblia de que Dios es “un Dios celoso” significa que cuando conoces a Dios no puedes amar nada más, muchas personas creen que Dios es un ser supremo sentado en algún lugar y que está dotado de ciertas cualidades humanas, una de las cuales son los celos. Pero Dios no es una persona sujeta a ninguna forma de limitación. Es el creador y poseedor de todo y, al igual que una persona iluminada, sabe que es la plenitud misma. Entonces los celos y otras emociones, positivas y negativas, no se aplican a Dios.

Cuando siento celos, debería aplicar el pensamiento opuesto y cortarlo de raíz para que no se convierta en “schadenfreude” (palabra alemana para referirse al deleite ante la miseria de los otros), una emoción verdaderamente despreciable. Debería pensar: “Estoy feliz por la buena suerte de esta persona. Admiro sus buenas cualidades. Estoy feliz de que él o ella esté feliz.”

Cualquier sentimiento negativo que se oponga a la paz puede ser neutralizado aplicando el pensamiento opuesto. Al principio puede parecer falso pensar de esta manera, ¡después de todo no es lo que siento en realidad!, pero una práctica diaria con deliberación limpiará la mente y la preparará para el conocimiento del ser.

 

9) Firmeza, constancia, perseverancia

Para alcanzar el conocimiento del ser, se requiere de un esfuerzo constante para lograr un fin establecido, porque el conocimiento del ser no es conocimiento parcial, como en el caso de las disciplinas mundanas. Es conocimiento absoluto, la esencia de todo conocimiento. Ciertas acciones fluyen de mi compromiso con mi objetivo y debo realizarlas constantemente. La mayoría de nosotros estamos totalmente resueltos en el comienzo de cualquier esfuerzo, pero perdemos el interés cuando nos enfrentamos con la enormidad de la tarea y aprovechamos cualquier pretexto para evadir los dharmas requeridos. La firmeza, a veces llamada devoción, implica una apreciación aguda del poder de rajas y tamas para distraer y causar pereza. Ceder a ellos es generar un sentimiento de culpa que finalmente paralizará la mente y conducirá al fracaso.

 

(10) Dominio sobre la mente

Valorar una mente controlada es comprender la forma en que piensa la mente y alinearla con la forma en que el ser pensaría si fuera una persona que vive en la realidad aparente. Significa que, aunque la mente es caprichosa, no necesito cumplir sus fantasías y ceder a sus caprichos. Significa que yo soy el jefe, no la mente.

Hay cuatro formas básicas de pensar, tres de las cuales es necesario comprender y dominar, si quiero preparar mi mente para el conocimiento del ser.

1) Impulsiva. Los pensamientos no examinados provienen de instintos dominan la mente. Hago lo que siento sin pensarlo.

2) Mecánica. Pensamientos de los cuales soy consciente pero no tengo poder para controlar porque son producidos por vasanas aprisionadores.

3) Deliberada. Pensamientos sujetos a discriminación que son aceptados o rechazados en referencia con mi estructura de valores.

4) Espontánea. Sin evaluación, mi pensamiento se ajusta automáticamente a los valores universales y mis acciones son siempre apropiadas y oportunas. Este tipo de pensamiento solo se aplica a aquellos en quienes el conocimiento del ser ha destruido los vasanas aprisionadores y ha descartado al hacedor de acciones.

El pensamiento espontáneo no está incluido en este valor porque solo se aplica a las personas actualizadas en el sí mismo. Si mi pensamiento es impulsivo, condicionado o deliberado, no soy un maestro, pero con un pensamiento deliberado, yo, el hacedor de acciones, puedo obtener el dominio sibre la mente. Este dominio relativo es simplemente un estado de alerta (sattva). Implica someter a escrutinio con deliberación a todos los pensamientos y sentimientos, para sustituirlos con la apropiada lógica de Vedanta, cada vez que un pensamiento mecánico nacido de la ignorancia oprima la mente. Si soy consciente de mi mente, puedo aprender de mis errores y ejercitar la elección sobre mi forma de pensar, lo que me permite cumplir mis compromisos con mi objetivo frente a diversas distracciones y cambiar mi comportamiento para que se ajuste a los valores universales.

En el capítulo 3, el control de la mente, el control de los sentidos y la concentración fueron enumerados como requisitos para la indagación. En este capítulo, los presentamos como valores. Aquí, el control mental es disciplina sobre el propio pensamiento en el nivel en el que surgen los pensamientos, el control de los sentidos indica control en el nivel de los sentidos y la concentración es la capacidad constante de seguir las enseñanzas frente a patrones de pensamiento inútiles... aplicando pensamiento opuesto, por ejemplo. Los primeros dos hacen que la mente sea capaz de concentración.

 

11) Desapego por los objetos de los sentidos

El desapego, un valor extremadamente importante que equivale a madurez existencial, se definió en el capítulo 1 como una apreciación clara de dos hechos difíciles de asimilar: (1) la alegría que busco no se encuentra en los objetos y (2) la vida es un juego de suma cero. El desapego sustrae la falsa emoción creada por mis vasanas y presenta el mundo como un hecho objetivo en mi mente. En el capítulo 3, se presentó como indiferencia ante los resultados de mis acciones. Si no tienes claro este valor (viragya), revisa estos capítulos. La indagación es la segunda naturaleza de una mente desapegada.

 

(12) Renuncia, austeridad

Sería difícil encontrar un valor espiritual más útil que la renuncia. La prosperidad que vino después de la Segunda Guerra Mundial ha creado sociedades llenas de criaturas necesitadas y quejosas. ¡Quiero lo que quiero de la manera en que quiero y lo quiero AHORA! Esta actitud, inspirada por el inmenso vacío espiritual de las grandes poblaciones, ha producido una intensidad y un volumen de pensamientos perturbadores sin precedentes en la historia humana. La solución es: cultivar un valor por la renuncia. El santo mantra del renunciante es: “Menos es más”. Cuantos menos objetos densos y sutiles anhelo y poseo, disfruto de una paz mayor.

 

(13) Ausencia de egoísmo

Debido a que estamos discutiendo el tema de los valores, la ausencia de egoísmo no es la completa libertad del sentido localizado de “yoidad” que brinda el conocimiento del yo, del sí mismo. Es simplemente el reconocimiento de la diferencia entre el ego y el sí mismo.

El orgullo es poco más que ignorancia de la relación entre el individuo y el mundo. El individuo es un ego, un ser consciente, traído aquí para cumplir su destino. El egoísmo es una idea de sí mismo, puramente una noción de separación. Nace de la ignorancia y es el capital con el que el ego comienza la vida y el cual gasta en todo con exceso. Es poco más que la afirmación sin fundamento de la propiedad de varios objetos, talentos y habilidades que pertenecen a Isvara, no al individuo aparente. Para comprender este valor, consulta el análisis previo sobre el orgullo, porque el orgullo y el egoísmo son más o menos sinónimos

Swami Dayananda presenta una indagación interesante, con una contemplación que demuestra el absurdo del egoísmo: “Aunque se me ha bendecido con el libre albedrío y tengo el poder de elegir mis acciones, no tengo poder sobre el resultado, que no es más que una posibilidad entre las probabilidades. El resultado de cualquier acto es el resultado de muchas circunstancias, pasadas y presentes, conocidas y desconocidas, que operan en concierto. Si mi fuerte y hábil brazo arroja el pase ganador en los segundos finales de un partido de fútbol, ​​hay demasiados factores materiales y circunstanciales que se unen entre ellos, por lo que la victoria no puede ser considerada como una cuestión de orgullo personal. No soy creador ni del fútbol ni de mi cuerpo atlético. Muchas experiencias contribuyeron al desarrollo de la habilidad en el brazo que arrojó el balón. No soy responsable de que se despejara el cielo antes del juego para que el evento sucediera ni del fuerte temblor de tierra que ocurrió dos segundos antes del lanzamiento. Tampoco puedo reclamar el crédito por la habilidad de mi compañero de equipo que atrapó el pase ganador. Cuando eximamos al orgullo y al ego, se ve que son tan tontos que la humildad no puede considerarse una virtud. La humildad es simplemente entender al mundo, incluyéndome a mí (porque soy parte del mundo) tal como es. La ausencia de egoísmo me permite apreciar todas las maravillosas oportunidades que ofrece el mundo, oportunidades que proporcionan una fuente de aprendizaje y la oportunidad de remover mi ignorancia.”

 

14) Apreciación del tiempo

Lo objetos de los cuales dependo para mi felicidad están obviamente sujetos al tiempo. Para manipular a samsara según mi ego, necesito ser un ignorante voluntario de este hecho. La ignorancia de esto impide la indagación porque me mantiene atado a los objetos. Este valor es poco más que comprender que hay una desventaja en el proceso de la vida misma. El nacimiento es quizá maravilloso, pero deja de serlo tanto cuando se considera la muerte. Y el espacio entre el nacimiento y la muerte tampoco es un lecho de rosas; cada día estamos sometidos a varios dolores físicos y psicológicos. Hoy puedes encontrarte feliz, pero mañana podrías sufrir. El tiempo es una boca hambrienta que lo consume todo, incluido el dolor. No hay nada que podamos hacer al respecto, así que mantén tu objetivo en la mente. No desperdicies el tiempo. Úsalo de manera consciente para hacer lo que se pueda hacer. Conviértete en un amo del tiempo. Apresúrate, con lentitud.

 

15) Ausencia de sensación de propiedad

Este valor es similar a la ausencia de orgullo y a la ausencia de ego. Aquí hay otro inteligente análisis de Swami Dayananda. “Hace unos años, un joven amigo me dijo que tenía un nuevo lugar en Bombay, y me invitó a verlo. Cuando llegamos a su casa, me encontré mirando frente a una estructura de siete pisos. Como este joven tiene una posición relativamente modesta, me sorprendió:

“‘¡Has comprado esto!’, le dije. ‘No todo’, se rio, ‘tengo un departamento en el tercer piso’. Así que fuimos al tercer piso y me hizo pasar diciendo: ‘Esto es mío. Este es el departamento que tengo’.

“Esa era la primera vez que había oído hablar de tal arreglo, así que todavía estaba desconcertado.

“‘¿Eres dueño de la tierra?’, le pregunté.

“‘No’, dijo, y explicó que una sociedad de gestión cooperativa era propietaria de la tierra. Todo lo que poseía era un apartamento bastante pequeño: dos habitaciones y una cocina.

“Entonces pregunté, ‘¿Eres el dueño del espacio del piso?’

“‘No. Mi piso es el techo del compañero de abajo’.

“‘¿Eres dueño del techo entonces?’

“‘No, el techo es el piso para la familia de arriba.’

“‘¿Qué hay de las paredes?’

“‘Bueno, las paredes interiores se comparten con otros departamentos. La pared exterior, por supuesto, pertenece a todo el edificio como parte de su soporte estructural.’

“‘Entonces, ¿qué tienes?’

“‘Bueno, Swamiji, soy dueño del espacio’.”

¿Es el cuerpo mío? Mi madre puede reclamarlo en la medida en que está hecho de su carne. Mi padre puede reclamarlo en la medida en que no puede existir sin su semilla. No pude sobrevivir sin que mis padres se ocuparan de mí. A la familia le corresponde algo, a la sociedad también y al banco que mantiene mi dinero a salvo, por ejemplo, también. Miles de criaturas, bacterias de todo tipo, aire, fuego, agua y tierra, el sol y la luna, y así sucesivamente, a todos corresponde algo. En el mejor de los casos, soy un fideicomisario, un cuidador o un turista que toma residencia temporal a medida que se desarrolla el karma de esta encarnación. Libre de la idea de propiedad, mi relación con los objetos se vuelve puramente objetiva y, en ausencia de apego, mi mente se asienta y es capaz de indagar. Isvara “lo posee” todo.

Dos valores positivos que se corresponden con la ausencia de propiedad son la caridad y la generosidad. La vida espiritual se trata de dar, no de obtener. El corazón que da, recibe.

 

(16) Ausencia de apego excesivo por los seres queridos

Estoy aquí para añadir valor a la creación; los seres que amo deben ser amados por mí. Por la misma razón que no poseo nada y no he creado nada, el apego excesivo por los seres queridos no está justificado. Sin embargo, debo cuidarlos de una manera solidaria y desapasionada.

 

(17) Ecuanimidad mental en todas las circunstancias

Basado en una comprensión de Isvara, este valor es una variante del desapego. Es un estado mental que no oscila entre la euforia (rajas) y la depresión (tamas). Para lograr este estado de ánimo, necesito quitar mis proyecciones de los objetos, por lo general de las personas, incluyéndome a mí, y verlas de manera objetiva.

 

¿Sentimiento o hechos?

Un método superficial pero útil de indagación fue introducido al mundo espiritual hace unos diez años por Byron Katie. Se llama “El trabajo”. Cuando tienes un problema con alguien, por ejemplo, necesitas descubrir si realmente hay un problema real o si lo estás proyectando. Entonces primero debes preguntarte, “¿es verdad?” La verdad en este caso no se refiere al ser. Se refiere a un hecho de la realidad aparente. Por supuesto, existe una tendencia a creer que todo lo que piensas es cierto, por lo que debes consultarlo nuevamente. “¿Es realmente verdad?” En esta etapa, comienzas a asumir que quizá estás proyectando, superponiendo tu realidad subjetiva en la realidad objetiva. Entonces procedes a investigar tu sentimiento para ver cómo reaccionas cuando crees en uno de tus pensamientos. En esta etapa, descubres que una proyección particular te hace sentir de cierta manera, buena o mala. Por último, buscas determinar quién eres aparte de la creencia. “¿Quién sería sin esta creencia?” La respuesta, por supuesto, es: sería libre de sufrimiento, ya que las proyecciones son declaraciones falsas y la falsedad es dolorosa. Después de haber eliminado la mayoría de tus proyecciones, toda la cuestión de tu identidad, tu “historia” se pone en tela de juicio ya que la mayoría de nosotros no somos más que la totalidad de nuestras creencias y opiniones.

Una vez que los sentimientos subjetivos se reducen a los hechos, la mente asume una postura que hace que sea más fácil apreciar la visión de Vedanta. Es cierto que Vedanta revela que los “hecho" son mithya, realidades aparentes, pero para entender lo que significa mithya y liberarme a mí mismo, es necesario eliminar la subjetividad.

 

(18) Inquebrantable devoción no dual por Dios

En la exposición de los valores, nos referimos a la conciencia como Isvara, Dios, no a la conciencia pura, porque los valores son sólo un problema para alguien que no conoce al ser, por lo que la devoción mencionada aquí no es el conocimiento firme e inmediato del ser. Es una comprensión con la que se beneficiaría un jiva que busca la libertad, pues produce la firmeza mental mencionada en el valor anterior.

Se trata de karma yoga, una actitud de aceptación agradecida que surge por ver a Isvara como el dador de los resultados de las acciones. Al igual que la indagación, libera a la mente de las proyecciones y la alinea con la realidad objetiva, lo que hace posible la asimilación de las enseñanzas.

 

(19) Amor por la soledad

El amor por la soledad es un valor obviamente valioso en la medida en que uno no puede practicar la indagación cuando la mente está conectada y rodeada por otras mentes ocupadas. El amor por la soledad no equivale al escapismo, porque la necesidad de escapar indica una incapacidad para enfrentarse con uno mismo. Una actividad que te deja sintiéndote incompleto cuando no puedes repetirla es algo que se ha convertido en un escape. El amor a la soledad es el de una mente que disfruta de estar consigo misma y es el ambiente perfecto para la indagación del ser.

 

(20) Ausencia de deseo por la compañía

Este es un acompañante valioso para el amor por la soledad. Un lugar tranquilo no es intrínsecamente bueno, como tampoco la compañía de otros es mala. El miedo a las personas y la necesidad de compañía no son valores saludables. El valor que se promueve aquí es un valor por una mente feliz, que no escapa, que disfruta de su propia compañía.

 

21) Práctica constante del conocimiento del ser

Este valor se refiere a tener en cuenta, en cada momento de vigilia, que todo lo que realmente quiero en la vida es liberación y a saber que la ignorancia de la realidad obstaculiza mi experiencia de libertad. Además, implica saber más allá de toda duda que el conocimiento del ser (el conocimiento de mí mismo como conciencia) es la única solución. Esta convicción debe ser tan firme como para que los objetivos de samsara (seguridad, placer y virtud, como se discutió en el capítulo 1) no me hagan volver la cabeza. Este valor fue discutido en el capítulo sobre las cualificaciones como un ardiente deseo de liberación. Cuando se asimila este valor, el siguiente y último valor es fácil de entender.

 

(22) Resolución, completar las acciones

Un exceso de rajas es la ruina para la vida espiritual. Si bien a las personas con mentes tamásicas les resulta difícil iniciar proyectos, a las personas con mentes predominantemente dispersas (rajásicas) les resulta difícil completarlos. A menos que te apegues a la resolución, tu mente se volverá cada vez más perturbada, a medida que se acumulen vasanas incumplidos. Por lo tanto, es necesario tener un gran valor por completar las acciones. Para dominar este valor, haz una cosa a la vez. ¡Sin multitareas! Solo cuando complete un proyecto específico, tomo el siguiente. Además de karma yoga, es necesario investigar el origen de mis muchas necesidades y gran cantidad de actividades, identificarlo como lo que es (una falsa idea de lo que soy) y neutralizarlo con el conocimiento “Yo soy pleno y completo. Nada de lo que haga cambiará quién soy”. Y una vez que estoy comprometido con la liberación y entiendo el valor de la indagación, debo apegarme a mi práctica hasta que sea libre.

 

23) Precaución, deliberación y restricción

Para corregir la inclinación a iniciar impulsivamente proyectos, es importante valorar la precaución. Debo pensar detenidamente las cosas, considerando cuidadosamente el lado positivo y el negativo antes de saltar con ambos pies. Una vez que me he comprometido, debería trabajar con paciencia. En nombre de la velocidad y la sensación de “lo estoy haciendo”, los individuos rajásicos pierden tiempo y esfuerzo excesivos en acciones innecesarias.