Lección 13 – Devoción

¿Por qué y cómo la conciencia es amor?

Aquellos que no comprenden que el conocimiento del ser y el amor son lo mismo, a menudo critican a Vedanta por ser un camino “solo intelectual”, lo que implica que el camino del amor es superior, porque produce estados de amor extático. Hemos de mencionar que debido a que el amor motiva todos los esfuerzos conscientes y porque todos los rituales son en realidad karmas, no hay un “camino” del amor. Además, también hemos de mencionar que Vedanta es el conocimiento detrás de todos los caminos, por lo que en definitiva no se puede decir que se trate de un camino en absoluto. Sin embargo, dejando de lado estos argumentos, Vedanta podría llamarse con razón un “camino sin sendero”, en la medida en que alienta la acción y la acción siempre conduce a alguna parte. En ese aspecto, afirmamos que es un camino del amor que conduce a la comprensión de que el ser es amor. Es el amor que aparece en todas las formas de afecto y estados de éxtasis. Este malentendido se debe a la incapacidad de los buscadores para conectar la idea del ser como conciencia con la idea del ser como amor. Sin embargo, existe una conexión lógica: si la realidad es conciencia no dual, como afirma Vedanta, y si el amor existe (lo cual es así) entonces no puede haber diferencia entre el amor y la conciencia.

También hay una simple conexión práctica. El puente entre ellos es la atención. En términos de la realidad aparente, el amor es atención voluntaria. Decir que amo a mi gato significa que le presto atención. Lo alimento, lo abrazo y lo pienso. Si no le presto atención a mi esposo, él me informará que no lo amo. La atención es la conciencia dirigida a través del cuerpo sutil hacia un objeto. Como siempre estoy prestando atención a algo, siempre amo algo. El amor no es un estado especial ni un sentimiento especial. Es la naturaleza de la conciencia, mi ser. No proviene de objetos, aunque ciertos objetos lo invocan.

Puedes argumentar que hay muchas cosas que no amas, pero esto es verdad solo porque te agrada no amar a esos objetos. Te agrada no amar a un objeto porque sí amas la idea de que no te gusta. No amar a un objeto porque no te gusta el objeto no significa que tu naturaleza no sea amor. Significa que, por el sí mismo, al que amas sobre todos los objetos, permites dicha antipatía. Tus preferencias y aversiones, miedos y deseos no vienen del exterior. Brotan del interior. Nacen de la conciencia, tu conciencia, filtrada por la ignorancia. Los “me gusta” son amor “positivo” y los “no me gusta” son amor “negativo”. Son tú, pero tú (que eres el amor) eres libre de ellos.

Si dices que no te gusta tu trabajo pero permaneces en él porque necesitas el dinero, esto significa que amas el dinero más de lo que te disgusta el trabajo. Y amas el dinero porque te amas a ti mismo. Todo lo que hacemos, todo lo que pensamos y sentimos, es por el bien del sí mismo. Hacemos todo por el ser, debido a que el ser es amado por encima de todo.

Es difícil aceptar el hecho de que no amas a un objeto por el objeto en sí mismo, pues queremos creer que amamos con desinterés. Pero todo el amor es centrado en el sí mismo, porque solo hay un sí mismo. El objeto que amas o no amas es solo tú, que aparece como la idea de un “otro” en tu conciencia.

 

El amor en las relaciones se basa en la dualidad

La creencia de que la realidad es una dualidad es responsable de nuestra idea de amor en las relaciones. También da cuenta del triste hecho de que esta forma de amor está cargada de ansiedad. Cuando te encuentras atrapado en la dualidad, a pesar de que el amor que eres es plenitud en sí mismo, crees que careces de amor. La ignorancia (tamas) de este hecho hace que proyectes (rajas) amor en los objetos. Te hace pensar que si posees un objeto en particular (digamos, a una persona) te sentirías completo. La sensación de plenitud es la experiencia del amor, tu ser. El conocimiento de tu completud es la liberación. Esto resulta en la apreciación aguda del hecho de que yo soy amor.

La pasión por un objeto, particularmente una persona, no es amor, aunque el deseo es una forma de amor. Pero si lo miras descubrirás que cuando amas a alguien o a algo, es a tu ser (el amor) en el objeto lo que amas. No sabes que cuando estableces contacto con el objeto solo estableces contacto contigo mismo. El objeto invoca el amor que eres. Recuerda que el gozo no está en el objeto... ¡nunca! Debido a la ignorancia de este hecho, te apegas a la idea de que necesitas el objeto, generalmente un jiva de algún tipo, para completarte. Se piensa que este tipo de “amor” es amor, cuando es ignorancia disfrazada de amor.

Algunos textos dicen que el deseo de amar a un objeto y ser amado por un objeto es la causa principal del sufrimiento porque genera un flujo incesante de emociones aprisionadoras, tanto positivas como negativas. Sin embargo, no es un deseo al que se pueda renunciar de inmediato, ya que ha enraizado con fuerza desde el nacimiento. Por lo tanto, debe ser sublimado, no exigiendo y esperando amor sino dándolo. Dar amor es la esencia de la devoción (bhakti). Es el simple reconocimiento de que, por tu propia presencia como sí mismo, te estás ofreciendo al mundo en la forma de tus pensamientos, palabras y obras. Es el reconocimiento de la presencia de los “otros” y su necesidad de amor. No pierdes el amor amando. Por el contrario, tu experiencia de ti mismo como amor crece cuanto más das. El yoga devocional también ama al “tú” que crees que eres (el que quiere el amor) porque desde el punto de vista del yo, que es el verdadero amante, tú también eres un objeto. Redime al pasado ausente de amor.

Como cada transacción con un objeto es realmente amor, debido al hecho de que el ser es amor, ¿cómo explicamos el miedo y el dolor? Si el hacedor, la persona que conoce, ignora su naturaleza como amor, el amor será secuestrado por las preferencias y aversiones y se expresará en formas negativas, a menudo pervertidas. La indagación ayuda a la devoción porque hace que la persona conocedora, el cuerpo sutil, conozca sus prejuicios y sesgos, sus gustos y disgustos. Cuando eres consciente de tus proyecciones, estas desaparecen y la energía invertida en ellas se convierte en devoción; te amas más porque te has liberado de las emociones dolorosas.

 

¿Quién es el devoto?

El devoto es el jiva, el ser reflejado, la persona básica. Así como la luna depende del sol para tener luz, la persona básica depende de la conciencia para afirmar que es un ser consciente. Un ordinario jiva mundano se convierte en devoto cuando reconoce su relación inviolable con Isvara, que es pura conciencia en el rol del Creador. La devoción es el reconocimiento por parte del jiva de su dependencia hacia Isvara. Esta simple persona básica se encuentra a sí misma en un ambiente complejo y siempre cambiante, que no es creación del jiva, y sobre el que tiene una influencia muy limitada. Para alcanzar el éxito, necesita ordenar su vida comprendiendo su identidad en referencia con Isvara. En la obra de la vida, Isvara es el guion y el devoto es el actor. Puesto que Isvara es complejo cuando se manifiesta como realidad aparente, se requiere que el devoto interprete muchos roles. En referencia con mi madre soy un hijo. En referencia con mi hijo soy un padre. En referencia con mi esposa soy un esposo. En referencia con la persona que vive en la casa de enfrente son un vecino. En referencia con el banco soy un cliente. Y la lista continúa.

El deber del devoto es responder a las demandas de Isvara de manera apropiada y oportuna, lo cual requiere de habilidades considerables. El devoto debe ser ágil intelectual y emocionalmente, y cambiar roles de forma inmediata conforme Isvara presente nuevas situaciones. El apartamiento del mundo es una reacción común ante el estrés relacionado con la interpretación de roles, pues no se tiene la confianza para responder de maneras diferentes. A causa de las demandas de Isvara, un devoto puede quedarse con unos pocos roles simples, o incluso con uno solo que no requiera de alerta, como el de ermitaño. Pero este tipo de renuncia no siempre es posible en esta época, y el evitar relaciones humanas tampoco es necesariamente aconsejable. El reconocimiento de la conexión con Isvara previene la generación de estrés en el devoto causada por la interpretación de los roles, porque se comprende que estos pertenecen a Isvara, no al devoto. La devoción implica interpretar el rol apropiado con lo mejor de nuestras habilidades. Tú te amas a ti mismo cuando cumples tu debes contigo mismo.

 

Conversión de la emoción en devoción

Bajo el entendido de que la devoción no es un camino especial, resulta justo pensar en el yoga devocional como la conversión de la emoción, que nace del amor por objetos impermanentes, en devoción por el sujeto eterno, el ser. Transformar la emoción en devoción requiere de un sostenido y persistente compromiso con la práctica del desapego, sin la cual el progreso devocional serio es imposible. Se requiere que el devoto abandone el anhelo por los frutos de la acción, así como la creencia de que los objetos (personas y experiencias, principalmente el amor romántico) son una fuente legítima de amor duradero.

La renuncia confiere poder, comprensión y amor. Por ejemplo, las personas sacrifican voluntariamente objetos menos atractivos por aquellos más atractivos. Cuando alguien adicto al placer sensorial descubre los placeres sutiles de la mente, los objetos físicos pierden su lustre. Y cuando el devoto encuentra un estado de amor, que es el sí mismo en verdad, los amores de la pequeña persona que habían cautivado al corazón, palidece. Conforme avanza la práctica del dejar ir, el amor crece.

Has a un lado el anhelo de romance y pasión, que es el sello distintivo de los no iluminados, y descubre que tu más profunda necesidad es el deseo de amar y ser amado. Nada es más atractivo que el amor, el reconocer la unidad con tu propio ser. Cuando el objeto real de nuestro deseo es desconocido, tendemos a buscar amor en los objetos, pero cuando reconocemos al ser, sabemos que lo único que siempre hemos amado es al ser. Contemplamos que nuestros limitados amores diarios son débiles reflejos del amor que es nuestra naturaleza, el amor que penetra cada átomo del universo. La práctica devocional dirige nuestra atención al verdadero objeto de nuestro afecto.

No es posible practicar yoga devocional de manera apropiada sin el conocimiento de que la realidad es conciencia/amor no dual. Con este conocimiento, es fácil adorar al sí mismo. Si la realidad es amor no dual, que aparece como objetos densos y sutiles (objetos inanimados y animados), cada una de las transacciones con los objetos provee una oportunidad de practicar la devoción. Puesto que la vida no es otra cosa que transacciones con objetos, tu vida puede convertirse con facilidad en un templo, una ofrenda y una oración, en la apreciación de tu ser. Es sencillo adorar a los objetos que se presentan a ti cuando sabes que son, de hecho, tú mismo, porque te amas a ti mismo por sobre todas las cosas. Si esta idea te resulta incómoda (como si se tratara de una forma de arrogancia) es porque tienes una noción incorrecta sobre quién eres tú.

Aun si la comprensión de la no dualidad se te dificulta, no todo está perdido: es posible adorar de manera dualista, lo cual puede llevarte a la liberación, o puede no hacerlo. La religión es devoción dualista: el objeto de adoración y el adorador son pensados como si fueran diferentes. Este tipo de adoración es llamado guna bhakti, adoración de acuerdo con el guna predominante o el guna que predomina en ese momento. A diferencia del mundo espiritual moderno, el cual no aprecia el valor del impulso religioso, Vedanta alienta una actitud religiosa, porque se trata de una disposición (ejemplificada por la práctica de karma yoga) que propicia la atención sobre Isvara, lo cual vuelve objetivo al jiva y lo armoniza con su ambiente. Tu entorno y tu vida no son otra cosa que Isvara.

 

Devoción a partir de las cualidades

Si tu cuerpo sutil, que es el instrumento de oración, es predominantemente tamásico, creerás que el ser es un Dios especial o quizá una entidad espiritual, definitivamente algo diferente a ti. Puesto que tu mentalidad es primitiva, tu devoción será como la de un niño o un esclavo. Te abrirás a ti mismo a todo tipo de extraordinarias creencias mágicas y te encontrarás impresionado y fascinado por emociones oscuras invocadas cuando visualizas demonios, diablos o fantasmas. El miedo es tu emoción predominante y bien podrías encontrarte realizando prácticas satánicas o lanzando hechizos para causar daño a otros. Quizá te encanten los milagros y los rituales extraños. En India, por ejemplo, hay sectas que beben la sangre sacrificial de animales como parte de su devoción. Probablemente crees en el cielo y el infierno, interpretas la escritura de forma literal y estás obsesionado con el pecado. Es posible que tengas una afinidad por los cultos y puedes ser fácilmente manipulado por sacerdotes corruptos o encuentras placer en rendirte ante poderosas personalidades “espirituales”, con lo cual te permites sufrir de abusos en sus manos. Quizá odias a aquel que se atreve a cuestionar a tu guru o a tu religión. La historia de la religión está repleta con ejemplos de los muchos excesos provocados por este estrecho estado mental, como la Inquisición o el fundamentalismo islámico.

Por otro lado, este tipo de fe tiende a ser muy firme y le permite al devoto soportar no solo pequeños sobresaltos sino grandes crisis de vida. La convicción de que hay un Dios externo es firme, profunda y sentida.

Si tu cuerpo sutil es predominantemente rajásico, también proyectarás algún tipo de Dios o figura espiritual como un objeto de adoración. El poder de proyección llamado rajas, una energía incansable e insatisfecha, mantiene a la mente y a las emociones en constante perturbación. Actúa como una pantalla opaca en movimiento, que oculta de manera efectiva al amor que es tu naturaleza. Este tipo de devoción es narcisista y el devoto es proclive a negociar con Dios para obtener poder, posición y riqueza.

La idea de que la “abundancia” material es evidencia de virtud espiritual appeals. La devoción rajásica tiende a ser consciente del estatus y la imagen, por lo que este tipo de devoto puede usar su devoción para impresionar a otros. Si rasgamos la superficie de dicha mentalidad, nos encontraremos con una persona más interesada en mostrar una imagen de devoto ante el mundo que un corazón puro ante Dios. A diferencia de la firme dependencia del devoto tamásico, el devoto incansable tiende a cambiar con frecuencia de religiones, creencias, maestros y prácticas.

La devoción rajásica es apasionada, a diferencia de la inocencia perezosa de la adoración tamásica a un Dios padre-madre. Para que la devoción rajásica evolucione a devoción sáttvica, el devoto debe estar convencido de que el verdadero objetivo en la vida es el conocimiento de Dios, no la acumulación de los regalos de Dios. Una vez comprometido con el conocimiento del ser a través de la devoción, este devoto se convierte en un dínamo espiritual y hace rápidos progresos.

Los devotos con cuerpos sutiles predominantemente tamásicos y rajásicos no comprenden que la realidad es impersonal, porque para ellos todo lo que sucede en lo interior y en lo exterior es personal. En consecuencia, su visión de Isvara es personal, en su propio perjuicio, pues a menudo se hallan en conflicto con Isvara en forma de su entorno social.

Sattva, el tercer filamento de la atadura psíquica y el más alto de los tres estados más bajos de devoción, está enraizado en la conciencia, sat. Es la fundación más segura para una vida devocional, porque el corazón sáttvico es un espejo limpio, capaz de reflejar de manera precisa la imagen de Dios; contemplar al ser reflejado en un corazón puro es amar al ser. Los devotos sáttvicos están bendecidos con curiosidad, inteligencia, discriminación y poderosas epifanías. La devoción sáttvica se caracteriza por su fuerte valor de renuncia, desapego, dedicación de la acción y de sus resultados a Isvara, fuerte apego por las Escrituras no duales, amor por la cultura espiritual, infelicidad cuando la corriente de amor es rota por algún vasana mundano, humildad, habilidad para reconocer y servir a grandes almas, y una rigurosa conformidad con el dharma.

La desventaja de sattva: debido a que el velo que separa al devoto del sí mismo es tan delgado, el devoto puede volverse un engreído espiritual y sufrir de apego por la pureza, la bondad, la belleza y el conocimiento, cadenas de oro difíciles de romper cuando la devoción debería de florecer como devoción primaria, que es la final y cuarta etapa. La devoción primaria es libre de todas las cualidades positivas y negativas. Es amor no dual incondicional.

El pensar en ti mismo como en un tipo particular de devoto no es algo útil, porque no se está tomando en cuenta el hecho de que el propósito final de la devoción es disolver nuestra identidad limitada en nuestra identidad ilimitada. La devoción destruye el miedo que genera los límites aparentes entre el devoto y su verdadera naturaleza. En lugar de desarrollar una identidad basada en la cualidad predminante, es mejor usar el modelo de los gunas para evaluar y transformar las tendencias rajásicas y tamásicas en sattva, lo cual te prepara para la liberación.

Si le pides a Isvara algo que no es Isvara, eso quiere decir que tus vasanas son rajásicos. Está bien pedir a Isvara aquellos objetos para cuya adquisición eres demasiado flojo o incompetente, pero debes saber que Isvara puede rechazar tu solicitud, la cual podría no estar en línea con los intereses de Isvara, del campo del dharma o incluso de tu propio beneficio. Aun cuando fuera en tu beneficio, Isvara tiene que funcionar a través de la ley del karma para entregar los resultados que deseas, pues la ley del karma es Isvara. Puesto que la disponibilidad de objetos deseados es limitada (o de lo contrario no estarías rezando por ellos) y los deseos de los otros compitiendo por el mismo resultado, quienes a los ojos de Isvara son tan importante como tú, son virtualmente ilimitados, tendrás que esperar por tu turno. Esta no será una situación feliz, porque rajas es la madre de la frustración.

Nadie solicita aire a Isvara, porque el suministro de aire no es reducido. Si tu corazón es puro, tendrás el buen sentido de pedir a Isvara algo que ya está disponible. Puesto que Isvara está ya disponible como el ser del devoto, y el reconocimiento del ser es el cumplimiento de todos los deseos, una oración sáttvica sería: “Revélate ante mí”.

 

La oración no es adoración

La oración es un uso inteligente del libre albedrío porque toma en cuenta a Isvara, pero no es una forma de adoración. No es adoración porque it oculta una comprensión imperfecta tanto de la naturaleza propia como de la de Isvara (que es el Creador y dador de resultados de la acción). La oración es una súplica basada en la creencia de que lo que uno es y lo que uno tiene es insuficiente. Por otro lado, la adoración está basada en el conocimiento de que Isvara creó al devoto a su propia imagen y que todo lo que tiene es Isvara, y esto es más que suficiente. La adoración es una ofrenda, una liquidación de cuentas con Isvara. Pero la oración es necesaria, y para el buscador de la liberación solo hay una oración: elimina mi ignorancia y revélate ante mí.

La devoción secundaria lleva a la devoción primaria. Sattva es el trampolín para la devoción no dual. La devoción primaria no se desarrollará cuando el corazón es tamásico. Rajas es la forma para salir de tamas. Los devotos tamásicos creen en Isvara, pero son demasiado perezosos como pararse a buscarlo. Si el devoto tamásico se vuelve devocionalmente proactiva y adopta un régimen de purificación, esto generará epifanías y comprensiones. Eventualmente, conforme el devoto experimenta al ser reflejado en su corazón, más y más sattva se desarrolla y surge el deseo de conocimiento del ser. El deseo de conocimiento del ser es la forma más alta de devoción, porque el reconocimiento del ser es el propósito de la vida humana. Tú te amas a ti mismo de manera total cuando haces lo más noble por ti mismo. Entre más se experimenta al ser, más firme se vuelve el conocimiento del ser. El conocimiento “del” ser es indirecto, pero la indagación lo convertirá en conocimiento directo, la comprensión firme e inmediata de que mi naturaleza y la naturaleza de todo es amor no dual.

 

La devoción es conocimiento y acción

La devoción es conocimiento, visión clara. La devoción es un intenso e inocente amor hacia Isvara. Es el reconocimiento de mi total dependencia con respecto a Isvara. ¿Por qué debo amar a Isvara? Porque todo lo que valoro me es dado por Isvara. La devoción es karma yoga, porque cuando veo que mis preferencias y aversiones se interponen en el camino de la visión de que todo es Isvara y de que Isvara soy yo, entonces los erradico pacientemente.

La devoción es un sentido de reverencia. Conforme mis preferencias y aversiones son borradas, sobreviene un sentido de reverencia. Es la maravilla que aparece cuando veo la vastedad y complejidad de Isvara. Es un sentido de ironía que surge cuando veo el todo no dual que soy yo, sentado al lado de la incompletud que no soy yo. ¿Cómo puede Isvara crear un océano de misericordia y belleza y un océano de fealdad y sufrimiento al mismo tiempo? ¿Cómo puede Isvara ser día y noche, conocimiento e ignorancia, libertad y esclavitud? ¿Cómo puede haber libre albedrío cuando todo está programado por Isvara?

La devoción es adoración de Isvara. La adoración implica que comprendes que eres quien eres, sin que sea tu culpa, y que el mundo es como es, sin que sea culpa del mundo. Es una comprensión de la dependencia de todos, lo cual propicia el surgimiento de una apreciación compasiva por todo. Entonces comprendes que todos somos como niños que no pueden ayudarse a sí mismos, así que el corazón abarca a cada uno. Cuando cesan los juicios acerca de cómo debería ser la vida, el amor fluye y te levanta. Un devoto deja de intentar cambiarse a sí mismo y de controlar su vida y la del resto. Un devoto no ve al ser “en” la creación ni más allá de la creación, sino que sabe que la creación es Isvara, el sí mismo. Cuando algún aspecto de la vida se ve como defectuoso, el devoto comprende que Isvara no es defectuoso; el defecto está en la visión del devoto. Así, el devoto comprende que las crueldades que surgen por el sentido de diferencia pertenecen a la ignorancia de Isvara, no a Isvara.

 

La devoción es libre albedrío

La devoción es la capacidad de elegir que elige a Isvara como su objetivo. Isvara no es un gran individuo o persona que decide todos los sucesos. Si Isvara es el que decide todo, entonces de todas formas no hay opción. Todos los conflictos surgen sin opción. Si no hay opción, no hay conflictos. Pero tenemos conflictos cada día. Esto quiere decir que sí hay libre albedrío. Un devoto sáttvico es libre de verse a sí mismo como un instrumento de la voluntad de Isvara. En cambio, hay un muy poco de libre albedrío para alguien que se halla bajo el hechizo de rajas y tamas. El desapego es una de las características de sattva que separa al devoto de sus preferencias y aversiones y deja claro el valor que tiene preferir al dharma en lugar de las preferencias y aversiones. Puesto que el dharma es Isvara, el devoto se convierte en instrumento de Isvara y su vida se une con Isvara.

La devoción por Isvara es un medio para la liberación. Karma yoga es devoción, porque para practicarlo necesitas tener devoción por la liberación, que es la naturaleza de Isvara. Esto es añadir valor al mundo por medio de hacer lo que haces con una actitud de gratitud, lo cual neutraliza tus preferencias y aversiones y prepara a la mente para la indagación. Sin embargo, la devoción no te liberará a menos que sea devoción por Isvara, y no devoción por la seguridad, el placer o la virtud. La devoción es un ardiente deseo de liberación.

La devoción por Isvara es difícil porque el devoto necesita vivir en el mundo, lo cual implica una cierta necesidad por las cosas creadas de Isvara. Si la mente está ocupada en la seguridad, por ejemplo, no practicará la contemplación en Isvara, así que el problema de la seguridad necesita ser entregado a Isvara, lo cual requiere confianza. La devoción pura es el conocimiento firme: “yo estoy protegido por Isvara”. Si dejamos la dirección de nuestras vidas a Isvara, esto quiere decir que confiamos y amamos a Isvara. El Bhagavad Gita dice que si alineas tu vida con Isvara, Él se “encargará de tu tener y mantener”. Encontramos esta misma idea en la Biblia: “Busca primero el reino de Dios y su justicia divina, por añadidura lo demás de te dará”. Esto es absolutamente verdad.

La devoción es contemplación de las cualidades de Isvara. La contemplación es un flujo constante de pensamientos similares no obstruidos por pensamientos disímiles. Dondequiera que veas brillo y pereza, compasión e indiferencia, pasión y desapego, discriminación y apego, aceptación y frustración, renuncia e indulgencia, devoción e indiferencia, gozo e irritación, valor y miedo, comprensión e ignorancia, adaptación y egoísmo, satisfacción e insatisfacción, caridad y avaricia, belleza y fealdad, tanto en los otros como en ti, lo que estás viendo es a Isvara. Isvara es todo lo que es. Comprender las cualidades del devoto permite al devoto evitar las cualidades negativas y cultivar las cualidades que llevan a la devoción pura.

 

Adoración de símbolos

Cuando tomas a la realidad aparente como si fuera real, ignoras que tú eres aquello por lo que eres devoto. Sabes que hay algo más que lo que experimentas y tienes un cierto grado de amor y respeto por ello, aun cuando no comprendes bien lo que es. Así que te vuelves devoto de objetos selectivos que te lo recuerdan. Los símbolos nos pueden llevar al ser, porque el ser está siempre presente. No es algo aparte de ti. Cuando adoramos un símbolo, Isvara trabaja a través de dicho símbolo para proveer las experiencias y comprensiones necesarias para acercarnos más en el amor y la comprensión. Así que, aunque pienses que Isvara es algo o alguien aparte del símbolo, de hecho el símbolo es también Isvara. Cualquier objeto que invoque al ser en la forma de amor puede ser usado para hacer fluir al amor.

Despoja a cada objeto de su significado secular e instila en él un aura de divinidad. Mira a tu cuerpo como el templo de Isvara, a tu casa como el hogar de Isvara, a tu familia como la familia de Isvara. Considera a cada palabra hablada como el nombre de Isvara y a cualquier actividad, sea o no espiritual, como un servicio a Isvara. Inclinarte, acostarte o arrodillarte deben ser vistos como postración ante Isvara y todas las luces como símbolos del sí mismo. Uno debería dormir como si fuera una meditación y comer como si se tratara de Isvara alimentándose de Isvara. De esta forma, cada objeto y actividad pierde gradualmente sus asociaciones mundanas y se convierte en un símbolo vivo de la divinidad.

Cuando ves una montaña, mírala como a un símbolo del ser. Las montañas son buenos símbolos del ser, porque son relativamente eternas. Se levantan por encima de todo y proveen una visión de lo insuperable. El sí mismo es la parte más alta de nosotros, que sobresale de las planicies y los valles de nuestro territorio mente/cuerpo, lo cual nos permite una visión ilimitada. Las montañas son inmóviles como el ser, el cual no puede moverse, porque es no dual. Son silenciosas como el ser, “el sonido sin sonido”. Cuando te encuentres con un río, velo como al ser. Al igual que el ser, los ríos dan vida, nutren todo con lo que entran en contacto. Mira al cielo como al ser ilimitado.

Si tiendes hacia los iconos religiosos, considera que la deidad que adoras es compasiva, consciente, pacífica y bella. Elegir una deidad con estas características es una forma indirecta de invocar y reconocerlas en ti.

Un ser humano es un excelente símbolo del ser. Los humanos, como todo lo demás, están “hechos a imagen y semejanza de Dios”, es decir que son conciencia ilimitada. La luz de amor que es la conciencia brilla con un brillo particular en los seres humanos, porque están dotados de intelecto y son capaces de saber quiénes son. La adoración de humanos con discriminación, particularmente de las grandes almas, es un paso esencial en el camino de la devoción, porque el devoto es un ser humano que llegó a este mundo y fue cuidado por otros humanos. La devoción por humanos purifica las heridas de la infancia y los resentimientos.  Al amar a los otros uno aprende a amarse a sí mismo. La adoración por otros no significa que uno los valora a ellos más de lo que uno se valora a sí mismo, sino que no se ve ninguna diferencia entre ellos y tú.

Para la parte materialista de la mente, el proyectar divinidad en los objetos puede parecer irracional, pero la práctica es buena psicología. Así como una actriz se convierte en la persona que intenta retratar identificándose con cada aspecto de la vida del personaje, el devoto descubre identidad con el ser a través de la identificación intensa con el símbolo. Entre más se ama al símbolo, más probable es que se produzca la visión del ser. Habiendo experimentado la belleza del ser, es imposible no enamorarse más profundamente y apegarse con pasión mayor. Puesto que las bellezas del mundo palidecen en la presencia del ser, el apego por los objetos se debilita.

La adoración no es el desplegar un gran gesto, como ir a la iglesia cada semana. Es el estar ahí por uno mismo y por los otros cuando es necesario. Es atender a las pequeñas necesidades. Mira lo que se te pide como sí mismo pidiéndote adoración. El rechazo a dar es rechazo a amarte a ti mismo, porque no hay otros. Amar a los otros es una práctica valiosa porque los conflictos con los demás son una gran fuente de agitación. Eventualmente, esta práctica destruye la dualidad y resulta en el reconocimiento del ser, la comprensión de que no hay otros.

 

La adoración del ser sin forma

¿Cómo puedes adorar algo que no tiene atributos? Por medio de entregar a la mente a las enseñanzas de Vedanta. Cualquiera puede adorar objetos, pero para adorar al ser sin forma (es decir, para obtener la liberación) la mente debe de estar preparada. La adoración del ser en sus múltiples formas prepara a la mente para Vedanta. Vedanta es la forma más alta de devoción, porque es la verdad. Isvara es verdad. ¿Cómo es que trabaja Vedanta? Trabaja por medio de la remoción de las barreras que hay entre el devoto y el objeto de su devoción, el ser. ¿Qué son esos obstáculos, más que opiniones y creencias nacidas de la ignorancia que mantienen la dualidad y causan sufrimiento? El devoto ofrece a la enseñanza su ignorancia y acepta con alegría el resultado. Cuando la última capa de ignorancia se ha ido, está claro que el ser es amor y que el devoto no está separado del ser.