Lección 5 – La Conciencia, el Sí Mismo

Siempre inicio la enseñanza con un canto.  Es una descripción de ti: 

Om Brahmanandan parama sukkadam kevalm jnana murtim
dvandvatitam gangana sad drisham tatvamasyaadhi lakshyam.
Ekam nityam vimalam achalam sarvadhi sakshi bhootam
Bhavatam triguna rahitam sad gurum tam namami.

¿Qué es lo que dice? “El sí mismo, conciencia pura, es dicha ilimitada y placer sin fin. Está más allá de las dualidades de la mente. Es el ser que ve, el ser que es conocido por la afirmación de Vedanta: ‘Tú eres eso’. Es el testigo de todo, único, eterno, puro e inmutable. Está más allá de la experiencia y de las tres cualidades de la naturaleza. Me inclino ante el sí mismo, aquel que elimina la ignorancia.”

¿Es esto lo que tu mente te dice que eres? Sin duda, hay una voz interna que tiene una opinión muy diferente. Más bien es probable que diga algo como esto: “Soy un insignificante gusano, asustado y lleno de necesidades, que trata de abrirse camino a mordidas entre el montón de basura de experiencias, en busca de algo que me llene. La vida es dura y yo estoy solo, atemorizado, deprimido y dominado por mis deseos la mayor parte del tiempo. Aunque me digan que estoy bien, mi experiencia me demuestra lo contrario”.

Todos conocemos esta voz. Es la protagonista de la guerra interna entre la verdad sobre tu verdadera identidad y aquel que piensas ser. Las enseñanzas no pueden solucionar esta guerra, solo tú puedes hacerlo, por medio de la contemplación del significado de las enseñanzas. Tu aliado es Vedanta. Su función consiste en revelarte la verdad no dual de tu experiencia, mientras permanece a tu lado, siempre vigilante.

Vedanta afirma tu identidad como conciencia eterna no nacida libre de acción y de apego. Te muestra que tú eres un bien que está más allá del bien y del mal, que la belleza de la creación con su sol, su luna y sus estrellas, no es más que un pálido reflejo de la belleza de tu propio ser. Vedanta dice que, puesto que tú eres la conciencia, tú eres todo lo que hay. Por lo tanto, lo que necesitas es conocer que tú mismo eres todo. Y para aquellos que siguen buscando algún tipo de iluminación en forma de experiencia, afirma de manera inequívoca que lo que se está buscando, el sí mismo, está más allá de la experiencia.

El tema de Vedanta es solo uno: la identidad. Quizá podríamos suponer entonces que esta enseñanza comenzaría con el ser sin tocar ningún otro tema; sin embargo, a la indagación del ser le conciernen muchos otros asuntos aparte del tema de la conciencia, el cual por cierto no es demasiado complejo por sí solo. Aún así es un tema sutil que no tiene cabida para un tipo de pensamiento torpe e impreciso, y no necesariamente lleva a una solución simplificada como aquellos abordajes que sugieren preguntar “¿quién soy yo?” como única práctica. Tampoco resulta sencillo, tomando en cuenta el hecho de que la experiencia parece contradecir las enseñanzas, lo cual genera una resistencia natural contra la asimilación de estas. Y puesto que el problema es la ignorancia y la ignorancia es profunda, no basta con tener una epifanía ni con “despertar” gracias la lectura de un libro popular sobre la no dualidad ni con ser inspirado por los testimonios de amigos con la esperanza de “entenderlo” de manera inmediata. Aunque llegaras a “realizarlo”, rápidamente dejará de ser así. Muchas personas con el I.Q. de Einstein jamás lo han comprendido. La indagación en el ser es una búsqueda única.

Una enseñanza exitosa como Vedanta necesita establecer de manera paciente un contexto en el cual la indagación del ser resulte significativa. Para esto se requiere claridad en relación con tus metas, obtener una comprensión precisa de la naturaleza de la iluminación, eliminar nociones erróneas, apreciar la necesidad de un medio de conocimiento y revisar tus cualificaciones… todo esto antes de haber comenzado siquiera con la indagación. Debes saber también que el tema del ser (que en cierto sentido es el único tema) se sitúa en el centro de una estructura lógica que conforma toda la visión de la no dualidad, por lo que, aunque es el primer, el último y el único asunto, al mismo tiempo no lo es.

Imagina que te encuentras en un camino que está en medio de la naturaleza y te topas con un extraño. Antes de intercambiar cualquier palabra, ¿qué experimentas? Ves un cuerpo y ves conciencia. Si no hubiera conciencia el cuerpo no se encontraría vivo y de pie, sino que estaría pudriéndose en el suelo, convertido en alimento de los gusanos. La conciencia aparece como la chispa de la vida que anima a los cuerpos. No la “ves” con tus ojos pero la reconoces por inferencia, que es tan válida como la experiencia directa, puesto que conocerla así es prácticamente lo único que se requiere.  Decimos “prácticamente” debido a que no basta con el simple conocer de manera indirecta como si fuera un objeto. Solo se la conoce de verdad cuando comprendes lo que significa el conocer en términos de tu experiencia de la dualidad.

Por lo general, cuando entras a una habitación donde hay otra persona, tu reacción inmediata es la de presentarte; ni tú ni la otra persona se quedan mirando el uno al otro sin decir nada. En términos de conocimiento, el no presentar la información a la mente implica un problema, pues la manera en que estamos condicionados para interactuar (que es como se revela lo que sabemos y lo que no sabemos) exige que se intercambie información sobre nuestras identidades respectivas. No podemos funcionar en el mundo “real” sin saber con “quién” estamos tratando. Esta información puede llegar de forma indirecta por inferencia o directamente como afirmaciones sobre el ser. Dudo que alguna vez te hayas encontrado a un completo extraño que se presentara a sí mismo como conciencia no dual, ordinaria, no nacida y libre de acción y apego. Estas son las palabras que más adecuadamente describen al ser que yace en el cuerpo que se presenta frente a ti; sin embargo, esto no es lo mismo que la persona dice.

No soy mi historia

La situación es un poco más complicada porque, a pesar de que el sí mismo no proviene de ninguna parte, uno de los primeros detalles que surge en la conversación es precisamente de dónde es que llegó. Aunque es no nacido parece tener un padre y una madre. Aunque es libre de todo parece pensar que está atado a un lugar, una vivienda, una pareja y una descendencia. Aunque no es un hacedor de acciones porque es lo único que es, te dice que se necesitan realizar ciertas acciones. Aunque nada nunca le ha sucedido, puede entretenerte por siempre acerca de cosas que han ocurrido: “mi madre hizo esto, mi padre hizo esto y entonces yo…” Posee una larga historia que contar.

Y la historia contada pretende ser algo que se añada a esa conciencia que está delante de ti agitando su aparente lengua. Se tiene la creencia de que “yo” soy esa historia. Pero no hay ningún signo de igual entre la historia y yo. Si reunieras todas las cosas que te han pasado a “ti” a lo largo del tiempo, así como los distintos pensamientos que tuviste al respecto, ¿eso equivaldría a ti?

Si todas esas palabras con las que pretendes describirte se refieren a algo real, sus referentes podrían al menos experimentarse aquí y en este preciso instante. Lo que sí está presente por completo es la realidad, es decir la conciencia, tú mismo. Pero las historias acerca de ti no son más que palabras que, en apariencia, las representan. Ni siquiera están pegadas a tu cuerpo como para que alguien pudiera tocarlas ni circulan al rededor de ti como una nube de mosquitos que pueda ser observada. Son solo palabras que provienen de ti y que de inmediato se disuelven en el aire.

Yo soy conciencia ordinaria

Es imposible encontrar una identidad verdadera en los sucesos de nuestra vida, sin importar que estos hayan sido reales o imaginarios. Mi historia, la idea que tengo de mí mismo, no es lo mismo que yo. Si quieres saber quién eres, ignora la historia. Aquello que queda es lo que eres, conciencia única y simple, el ser. No hay dos como tú ni tres ni diez como tú. Por siempre habrá una sola conciencia ordinaria y presente.

Nos encontramos frente a otro punto importante de la enseñanza porque todo lo que hemos leído o escuchado, particularmente en los testimonios superficiales de una multitud de seres que se hacen llamar iluminados y que inundan el mercado con sus libros, sus videos y sus páginas web, nos ha convencido de que lo que buscamos es algún tipo de experiencia increíble y maravillosa que transformará nuestra vida, algo que, se supone, nos convertirá en superindividuos iluminados y nos dará una vida con la que ahora solo podemos soñar. Sin el hiperbólico materialismo espiritual que se hace pasar por conocimiento en estos días, el mundo espiritual se reduciría al tamaño de una semilla y los gurus modernos tendrían que salir a buscar trabajos normales. La idea de que el reconocimiento del ser es algo especial (sí lo es, pero no en la manera en que lo imaginas) es el impedimento más grande que existe para la iluminación.

La persistencia de este mito se debe únicamente al hecho de que los egos de aquellos que la buscan se sienten aburridos, solos o desencantados con la vida, así que se les ocurre que solo vale la pena seguir algo que imaginan como insólito, fantástico, magnífico. La fantasía del sí mismo extraordinario (el ser trascendental, el ser cósmico, etc) ha sobrevivido y prosperado a lo largo de los siglos. Si te encuentras apegado a la noción de que experimentarás algo especial y aún así prosigues con esta lectura, quedarás muy decepcionado. Triste decirlo, pero el ser que tú eres, el sí mismo cuyo conocimiento se busca alcanzar, es totalmente ordinario. Es la conciencia que observa a tu mente mientras lee estas palabras, nada más que eso. Y no es inaccesible en absoluto. Está oculta a la vista de todos. Jamás deja de estar presente y la razón por la que no se la encuentra es por simple falta de comprensión.

En esta conciencia pura e inmutable que somos, los pensamientos, las emociones, los recuerdos, los sueños, las percepciones, las creencias y las emociones surgen y se disuelven como la niebla en madrugada. Aunque la palabra “conciencia” por lo general se refiere a la mente, yo la uso aquí para referirme a lo que está más allá de los objetos, incluida la mente.

La cosa más obvia

Comparto aquí una pequeña indagación de uno de mis estudiantes, Christian Leeby. Le he agregado un poco, pero él tiene todo el crédito:

“¿Cuál es la experiencia más familiar que hay? ¿Acaso no debería ser algo fácil de responder? Entiendo que es una pregunta vaga pero, aún así, ¿no te parece que ya deberías saber la respuesta? Piensa al respecto. No debería llevarte más de unos segundos pero tal vez te lleve más tiempo, porque es una respuesta taaaaaan obvia que la mayoría de las personas no la comprende.

"Cuando experimentas algo desde siempre y jamás cambia, resulta casi imposible notarlo, como sucede con la gravedad. Lo que hace la gravedad es ejercer una gran fuerza sobre tu cuerpo, pero jamás piensas en ella porque siempre está ahí. Lo interesante con respecto a la experiencia más familiar de tu vida es que también es constante, como la gravedad, y también puedes conocerla. A pesar de que nunca cambia, tú puedes volverte consciente de ella. Entonces, ¿de qué se trata?

"La experiencia más familiar para ti es tu existencia. Cada una de las cosas que experimentas y conoces ocurre en el contexto de tu existencia. Esto es muy obvio, ¿no es así? Y aún así no pensamos en ello, porque está en el fondo en todos los momentos de tu vida. Mientras piensas en el hecho de que existes ahora mismo, inmediatamente “sientes” o “experimentas” o “sabes” tu existencia de una o de otra manera, ¿cierto?

"¿Y cómo sabes que existes? Bien, simplemente lo sabes, eso es todo. No es porque puedas ver tu existencia o escucharla o sentirla o pensarla, ni por ninguna otra razón. No requieres ninguna otra fuente de información. El que tú existes es el conocimiento más importante que toda persona posee. Es obvio, fundamental y continuo. Y sencillamente lo sabes porque lo sabes. No hay nada nuevo aquí; solo estoy señalando lo que ya sabes, todo el tiempo.

"Hay un hecho muy importante sobre ti que debes tomar en cuenta. Es claro que existes, pero ¿cuál es la naturaleza de tu existencia? ¿Qué es exactamente la existencia? La existencia es conciencia. Estas dos palabras significan lo mismo, son lo mismo. La experiencia más familiar para ti es el hecho de que eres consciente. La existencia, que es conciencia, tiene que estar presente o, de lo contrario, si no hubiera existencia/conciencia, no podrías experimentar ni saber nada. También se podría decir que la existencia o la conciencia tiene que ser o estar; si no fuera así, tú no estarías allí. Resulta obvio, ¿verdad?

"Algunas personas en el mundo espiritual (la mayoría, de hecho) parecen pensar que la conciencia es algo especial, algo en otro lugar, algo que debe ser descubierto o “realizado” o experimentado de alguna manera mística. Y aún así, como vemos, la conciencia es algo completamente normal y obvio.

"Una cosa es entender que eres existencia/conciencia, pero otra es saber lo que significa ser lo que eres. Esto tomará un poco más de tiempo si quieres hacerlo por tu cuenta, pero si escuchas lo que tengo que decir, no tomará mucho tiempo. Lo que esto significa es que tú siempre eres pleno, completo e ilimitado. Esto es lo que queremos decir con la dicha. Significa que siempre estás satisfecho contigo mismo. Por supuesto, discutirás conmigo sobre este tema porque tu experiencia no demuestra lo que digo. A veces te sientes totalmente insatisfecho. Sin embargo, antes de dejar de escuchar lo que te comparto, considera lo siguiente: ¿por qué no estás satisfecho con la insatisfacción? La respuesta es: porque en ese instante no estás enfocado en tu existencia, en el sí mismo. Cuando te sientes satisfecho no se debe a que has conseguido lo que querías o a que evitaste lo que no querías, se debe a que eres uno contigo mismo.

"Hay algo que obstruye tu apreciación de ti mismo: ¡tus temores y tus deseos! Cuando puedes dejarlos descansar, estás satisfecho todo el tiempo. Hay varias soluciones para este problema, por ejemplo, la práctica de karma yoga, pero la más rápida, si estás cualificado, es la indagación del ser. Aplica el conocimiento de la verdad acerca de ti mismo (el conocimiento de que tú eres conciencia plena y completa siempre existente y libre de acción) siempre que surge un miedo o un deseo gratuito y acabarás por eliminarlos. Cada vez que lo hagas, te sentirás muy satisfecho, porque te estarás tomando como lo que realmente eres, no como tus deseos y miedos ilusos quieren que creas que eres, una criatura endeble, pequeña e incompleta.

"Es como estar en la escuela y recibir la orden del maestro para borrar la pizarra de tu pasado. Cuando practicas la indagación del ser, tu mente está eliminando la materia vieja. Arrastra algunas veces el borrador y notarás una diferencia inmediata, lo cual es una de las maravillas de Vedanta. Sin embargo, algunos de los trazos con tiza han estado allí durante mucho tiempo y se necesitarán muchas pasadas y quizá la ayuda del codo para lograr borrarlas. Si dudas que el borrador funcionará, no funcionará porque no lo estás utilizando. Úsalo de manera consistente y con absoluta seguridad; eventualmente funcionará. Eso es la indagación del ser.

"Otro punto básico acerca de la iluminación consiste en aceptar la completa mentira que hay detrás de la creencia de que, cuando reconozcas tu verdadera identidad, descubrirás algo totalmente nuevo. Lo cierto es que no descubrirás ni experimentarás nada nuevo. Tu karma tampoco se arreglará. Si resulta que estás buscando algo novedoso (quizá algún tipo de experiencia), lo que en realidad estás haciendo es alimentar tu ignorancia. De hecho, cuando reconoces tu verdadera identidad, lo que sucede es que la experiencia más obvia y familiar para ti (que es tu existencia, que es la conciencia) era lo que habías estado buscando todo este tiempo. He ahí la razón por la cual no es la gran cosa y no es una experiencia.

"Nuestros pensamientos, emociones y el cuerpo son obvios para nosotros. Todos los tenemos y además sabemos que están separados de nosotros. Nuestra existencia/conciencia también es muy obvia para nosotros ahora, pero nadie nos ha dicho que la existencia/conciencia sea algo que está aparte de los pensamientos, las emociones y el cuerpo. Por lo tanto, habíamos asumido que nuestro obvio sentido de existencia/conciencia provenía del cuerpo. No es así. Tienes tu cuerpo, tus pensamientos, tus emociones, tu ego y, por otro lado, aparte de todo lo anterior, estás tú, la existencia/conciencia. Aunque todo es una sola cosa, porque la realidad es no dual, también es cierto que tu cuerpo, tus pensamientos, tus emociones y tu ego son algo diferente de ti, que eres la existencia/conciencia. Aquellos son objetos, como los árboles y las montañas, mientras que tú, existencia/conciencia, eres el testigo de todo ello. Conciencia, el testigo, es lo que realmente eres.

"El saber esto no necesariamente va a darte la iluminación, aunque tal vez podría. Lo que es verdad es que es muy importante porque permitirá a tu mente dejar de seguir creyendo que el ser o la conciencia es algo mágico, espiritual y misterioso, como al parecer siguen repitiendo muchas escuelas y grupos de “no dualidad”. Aun cuando no lo entendieras por completo, mantén la seguridad de que la conciencia en la cual estás pensando no es nada más que aquello que es lo más familiar para ti: tu existencia.

"Sí, es así de simple”.

Una segunda conciencia

La dualidad es un asunto muy engañoso. Consiste en la creencia de que la única conciencia es en realidad dos o más. Esta es la razón por la que a menudo escuchamos hablar del “yo superior” y el “yo inferior”, el “verdadero” yo y el “falso” yo, el “yo real” y el “yo ilusorio”. La dualidad es algo totalmente comprensible y uno debería saber, desde el inicio de esta enseñanza, que la dualidad y la no dualidad no son dos cosas incompatibles, pues representan dos órdenes distintos de una sola realidad o, dicho de otra forma, la dualidad es un subconjunto dentro de la no dualidad. No se contradicen la una a la otra, así como una ola no contradice al océano. La ola es el océano pero el océano no es la ola. La dualidad no necesita ser destruida, simplemente debe ser expuesta y descartada. Si destruyéramos a la dualidad experiencialmente, nos veríamos obligados a inventar toda una nueva forma de vivir en el mundo. De hecho, no existiría el mundo como lo conocemos. Cuando uno reconoce la verdad acerca del ser, las cosas del mundo siguen siendo lo mismo que eran antes de su liberación… aunque también serán distintas en un sentido benigno. Las paradojas aquí abundan.

La "segunda conciencia" es conciencia reflejada. Más adelante, cuando desarrollemos la enseñanza de los principios macrocósmicos, lo discutiremos a detalle, pues es algo muy técnico. Lo que haremos ahora es explicarlo brevemente con el objetivo de facilitar la comprensión de por qué la búsqueda de la iluminación no es algo sencillo. No es algo que tu puedas averiguar por ti mismo. Si no fuera por Vedanta escaparía por completo a tu atención.

La segunda conciencia es como la luna y la primera conciencia es como el sol. La luna carece de luz propia. Es un asteroide muerto. El sol es luz radiante que brilla en todas las direcciones y genera luz en sí mismo. En una noche de luna llena es fácil ubicarse en el camino sin ayuda de una lámpara. La luna está brillando, pero su luz no le pertenece, sino que es un reflejo de la luz del sol.

Cuando Maya, la fuerza creadora (sobra la cual mucho diremos), se encuentra en operación, el ser aparece como un individuo con un cuerpo denso, un cuerpo sutil y un cuerpo causal. El Cuerpo Denso es bien conocido por nosotros. En cuanto al Cuerpo Causal, este es tu condicionamiento. Es el que motiva tus acciones. Y el Cuerpo Sutil es la persona que crees ser. Es conciencia reflejada. Al igual que la luna en realidad no es el sol, el Cuerpo Sutil no es en realidad la conciencia. Sin embargo, lo tomamos como si fuera conciencia debido a que es virtualmente imposible separar la luz que brilla en ella de la superficie donde se está reflejando. Para oscurecer aún más la verdad del Cuerpo Sutil, debemos decir que es el lugar en ti donde la experiencia ocurre, donde todas tus emociones y tus pensamientos suceden. Cuando los Cuerpos Sutiles (es decir, las personas) dicen “yo pienso” o “yo siento”, no es una afirmación verdadera, porque el yo, que es la conciencia, no piensa ni siente. Los Cuerpos Sutiles no piensan o sienten conscientemente porque no son conciencia. La conciencia pura, al igual que el sol, se refleja en el Cuerpo Sutil y los pensamientos que surgen en este son iluminados y conocidos por ella. Si extrajeras la conciencia del Cuerpo Sutil, no podrías ver los pensamientos surgiendo en ella. En el sueño profundo, la conciencia no ilumina el Cuerpo Sutil, por lo que entonces no hay un “yo” ahí.

Diagrama del Ser
Diagrama del Ser

Antes de continuar, te darás cuenta de que estamos comenzando a introducir algunos términos técnicos, como Cuerpo Denso, Cuerpo Sutil y Cuerpo Causal (Sthula sarira, suksma sarira y karana sarira). Si tu acercamiento a la indagación del ser es seria, deberías comenzar a pensar acerca de ti mismo en nuestro lenguaje científico, con el fin ayudarte a promover la transición de la persona que crees ser a la conciencia impersonal que en realidad eres. Cuando esta transición se haya completado, puede librarte del lenguaje.

Pensar acerca de ti como una persona es un gran problema. De hecho, es el único problema. En cierto modo, es una pena el tener que decirte esto porque podría sonar como una invitación para abandonar Vedanta e ir en busca de una enseñanza más acogedora. Puede ser demasiado aterrador para ti el dejar ir tu historia. Te ha acompañado desde que tienes memoria… de hecho es lo que crees ser.  No puedes imaginar la vida sin ella. Pero, en realidad, no tienes de qué preocuparte. Puedes conservar tu personalidad si quieres, porque no es algo que se oponga a lo que realmente eres. No es algo que te cancele, porque tú (la que eres o el que eres en realidad) no puedes ser cancelado.  Tu verdadera identidad es mucho más ilustre que cualquier historia, y fácilmente acepta cualquier historia.

Tu pensamiento es el que crea tu realidad. En la medida en que la historia que te cuentas no se encuentre en armonía con la realidad (la cual es obviamente impersonal), vas a seguir sufriendo. Al pensar en ti mismo como conciencia ordinaria impersonal, el conocedor de la persona por la cual estás tan apegado puede parecer un capricho innecesario, pero te aseguro que no es así. A medida que exponemos la lógica para respaldar nuestra afirmación acerca de tu verdadera identidad, irá tomando más sentido.

De cualquier manera, cuando la conciencia pura se halla bajo el hechizo aparente de Maya, se encuentra fascinada con los eventos subjetivos que aparecen en el Cuerpo Sutil, se identifica con ellos y no puede darse cuenta de que lo que está experimentando no es más que un reflejo inerte de sí mismo. Cuando no sabes esto, intentas hacer lo imposible: conectar contigo mismo y/o encontrarte a ti mismo. Pero esto es imposible porque la realidad es ya la conciencia experimentándose a sí misma. La conciencia es “reconocida”, con esto queremos decir que se conoce sí misma sin la ayuda de palabras. Es consciente de sí misma. Existe en sí misma. Es libre de la noción de sujeto y objeto que Maya aparentemente ha impuesto en ella.

Pregúntate a ti mismo lo siguiente: ¿qué estás haciendo para ser lo que eres? No estás haciendo nada para ser lo que eres. No puedes hacer nada para ser tú porque tú eres lo que eres. La iluminación no es el saber el hecho de que tú eres. Es saber lo que eres y lo que significa ser lo que eres.

Yo no muero

Cuando te tomas a ti mismo como si fueras Cuerpo Sutil, eres propenso a tener ciertas creencias que no están en consonancia con quien realmente eres. Una de estas creencias es que naces y mueres. Esta creencia influye de manera consciente e inconsciente en todo lo que haces. Tú crees que el tiempo se está acabando y que necesitas obtener todo lo que deseas antes de morir. Si supieras quién eres en realidad, no estarías interesando en seguir reuniendo experiencias deseadas en tu pequeña vida antes de morir, porque entenderías que eres inmortal.

La conciencia nunca nació. Si es así (deberás continuar con la indagación para averiguar si esto es verdad), entonces muchos problemas están resueltos. Si no naciste, entonces no morirás. ¿Qué evidencia tienes de que morirás? Es cierto, sabemos que el cuerpo muere, pero está claro que tú no eres el cuerpo, porque el cuerpo es un objeto que aparece en ti, que es conocido por ti. Para tener conocimiento de la muerte, debes estar ahí para observarla. Si estás ahí para observarla, es claro que es algo más que tú. De hecho, el cuerpo y la muerte son solo objetos pensados que aparecen en ti en cualquier momento. El cuerpo no es un objeto sólido “allá afuera”, tampoco la muerte es un evento esperando ocurrir. Solo son palabras que no tienen sentido aparte de la realidad que la ignorancia sobre tu naturaleza le otorga.

Soy un todo sin partes

No basta con saber que no puedes morir, aunque es un buen comienzo. Si eres una persona miserable, no lo verás como buenas noticias. Así que tenemos que decirte algo más, quizá el hecho más importante acerca de ti. Tú eres pleno y completo (purna). No puedes negar que eres conciencia. Es obvio. Lo que no es tan obvio es que tú eres la conciencia que es consciente, pero mientras creas ser el Cuerpo Sutil siempre tendrás la impresión de que falta algo. Esta sensación de ausencia, la cual piensas que te pertenece, en realidad le pertenece al Cuerpo Sutil. Es una emoción que ocasiona que busques cosas y que te aferres a ellas cuando las obtienes. Es un problema porque las cosas que deseas no están bajo tu control. No alcanzar lo que quieres alcanzar y perder lo que valoras es la causa número uno del sufrimiento. Por lo tanto, es muy importante saber que nada puede ser añadido ni extraído de ti. Si no estás hecho de partes, ¿cómo podría añadírsete o sustraérsete algo?

Los Cuerpos Sutiles a menudo pasan la vida entera intentando arreglarla. Esta es una tarea fútil por la siguiente razón: la conciencia no tiene partes y no requiere arreglo. Es cierto que parece un conjunto de cosas, pero no lo es. Cuando comprendas este hecho dejarás de intentar arreglarte a ti mismo, porque no existe el pegamento que pueda unir lo que ya está unido.

Durante aquellos momentos en que la mente se encuentra en silencio, puedes haber notado una “corriente” continua de felicidad, un sentimiento inexplicable de satisfacción, un sentido de confianza en ti mismo que no depende de tus logros. Esa experiencia está ocurriendo todo el tiempo en ti. Eres tú experimentando la totalidad que eres. Está escondida para ti, porque te has distraído con las agitaciones de la mente.

No soy el hacedor de acciones

Ahora debo comunicarte otro hecho importante acerca de ti mismo: tú no eres un hacedor de acciones, por que tú eres no dual. “No dual” significa que solo tú eres. Si solo tú eres, no puedes moverte de un lugar a otro. El movimiento aparentemente puede ocurrir dentro de tu conciencia, pero la conciencia no puede moverse. Bajo la operación de Maya, puede verse como si se moviera, pero no es así.

 

Tú estás en todos lados. Si viajaras a los confines del cosmos, te encontrarías con que también estás ahí. Este hecho es tan importante como los demás, porque la atadura del creerse autor de acciones encadena con gran fuerza a aquel que no comprende su verdadera identidad. Un hacedor de acciones es alguien que realiza acciones para gozar de los resultados. El hacedor de acciones no es una persona real. Es una idea que aflige a la conciencia cuando parece ignorar que es la esencia del ser. Cuando la conciencia piensa que es un hacedor de acciones, sufre todo tipo de emociones placenteras y desagradables, porque los resultados de sus acciones no dependen de ella. Las emociones más comunes entre las que padece el hacedor son miedo, deseo e ira. Así que si te gustaría liberarte de estas emociones, el conocimiento del ser es para ti.

De ninguna manera soy único

Otro hecho muy importante: desde ningún punto de vista eres único. Al mismo tiempo, sí eres único, en el sentido de que eres la realidad única. Es útil comprenderlo así, debido a que la mayoría de los cuerpos sutiles se atormentan con la idea de que ellos son solo uno entre miles de millones de "otros". Por eso, se dedican a trabajar duro de día y de noche para distinguirse entre los otros, con el anhelo de ser "vistos" y "escuchados". Para el cuerpo sutil preocupado por este tipo de cosas es un gran alivio cuando se da cuenta de que no hay nadie con quien pueda compararse.

No hay necesidad de ser puro y santo

Otro beneficio de ser un todo sin partes es que el deseo de ser puro y "santo" desaparece. “Puro” quiere decir sin partes. Todas las cosas en la realidad aparente (la vida como la conocemos) son impuras, es decir que todo está conformado por partes. La purificación es el proceso de eliminar los contaminantes (es decir, las partes) que no se encuentran en armonía con la naturaleza de la cosa que deseamos purificar. Por ejemplo, el llamado alcohol "puro" no es 100% alcohol, su pureza en realidad es del 99%, ya que algunas impurezas son imposibles de extraer. Una de las características más sobresalientes de los Cuerpos Sutiles con inclinaciones espirituales es su deseo de ser puros. Para esto se desperdicia una gran cantidad de esfuerzos y se llega a la frustración de jamás alcanzar una pureza del 100%... Por otro lado, puede ser útil el purificar alguna de la basura mental mientras te sigues identificando con el Cuerpo Sutil (por razones que se verán más adelante). Pero quienes viven atrapados en el juego de la pureza estarán tan frustrados con el 99% como con el 47%. Ese 1% se convierte en una limitación flagrante, como el frijol debajo del colchón de la princesa del famoso cuento.

No cambio

A continuación, lo que debes saber es que no cambias. No te conviertes en algo distinto a lo que has sido siempre. Este conocimiento también es liberador y salvador, porque la mayoría de nosotros vivimos intentando ser algo que no somos. No nos agradamos demasiado a nosotros mismos y, por tanto, preferiríamos ser alguien mejor o diferente. El deseo de cambiar la situación que uno vive, así como el de ser diferente de como uno es, se encuentra inserto en el Cuerpo Sutil.

Aquí hay varias palabras importantes que te describen como eres en realidad: "libre de ataduras, libre de mancha, libre de afectación y libre de apego". Esto quiere decir que ningún suceso puede afectarte en forma alguna. La conciencia es la parte que jamás cambia. No es algo que pueda modificarse. Tampoco es algo que pueda validarse con "buenas" experiencias ni invalidarse con "malas" experiencias. La conciencia se valida a sí misma.

No puedo ser más consciente

A menudo, los buscadores se imaginas que, a través de la indagación del ser, serán más conscientes. Eso es un mito. Cuando conoces tu verdadera identidad, este deseo desaparece porque has comprendido que tú mismo eres la conciencia, y que no puedes ampliarte ni reducirte.

Me revelo yo mismo a mí mismo

Tú eres conciencia que irradia sin esfuerzo. Tú te revelas a ti mismo, sin la necesidad del cuerpo ni de la mente. Se te puede comparar con una bombilla que siempre da luz aun sin estar conectada a la corriente eléctrica. No se la puede apagar. Si conoces tu verdadera identidad y alguien te preguntara quién eres, bien podrías responder: "yo soy la luz".

Lo real y lo aparentemente real

Tú, la conciencia, eres lo que es. La realidad es una, mas aparece como una dualidad. Esta dualidad está hecha de ti y de los objetos que aparecen en ti. Los objetos vienen y van, pero tú permaneces. Por esta razón, los llamamos "aparentemente reales". Pero tú eres eternamente presente. Tú eres "lo que es". Empleamos muchas analogías para ayudarte a comprender esto. Por ejemplo, si tienes un lingote de oro puedes hacer, a partir de este, un brazalete, un collar o una figurilla. Si volvieras a fundir el brazalete, el collar o la figurilla, el oro parecería cambiar una vez más, cuando la realidad es que el oro nunca cambió. El oro es "lo que es" y las formas que toma en los ornamentos solo existen de manera aparente. Es un brazalete... hasta que deja de serlo.

¡Qué comprensión tan valiosa! Los Cuerpos Sutiles están involucrados de manera innata con la creencia de convertirse en algo, porque se hallan en un estado de flujo constante. Piensa en esto por un minuto. El "yo" que crees ser en este momento no es el mismo “yo” que creías ser hace algún tiempo. Y mañana no será el mismo de hoy. Ese “yo” se disuelve constantemente en el tiempo y constantemente es reconstituido en algo diferente. Ese “yo” no es la esencia, tú eres la esencia, porque eres la “parte” que observa los cambios, la “parte” que no puede ser eliminada. Cuando afirmamos que el conocimiento no puede ser negado, nos referimos a que constantemente es, no cambia. Así puedes comprender por qué el conocimiento del ser es tu completa seguridad, tu gracia salvadora. Te muestra que tú no puedes ser negado porque eres la existencia en sí misma. Tú eres lo que es. Y eres todo lo que es, el oro a partir del cual se forjan las distintas formas.

Comenzamos esta lección con la idea de que la conciencia no dual no tiene sentido sin un contexto. Allá donde solo hay una cosa no hay significado posible. Hace varios años, cuando vagaba por India intentando ser “espiritual”, conocí a una persona que me enseñó un libro sobre el ser. No tenía título y todas sus páginas estaban en blanco. Eso podría servir para explicar algo importante, pero pienso que también es un buen símbolo de las enseñanzas modernas en la no dualidad. Nos hablan sobre el ser o la conciencia, pero lo dejan fuera de contexto. Dicen que no hay cuerpo ni mente ni mundo ni “yo”. Repiten su “no”, “no”, “no”, hasta el cansancio. Nosotros también lo decimos porque, en última instancia, es la verdad. Pero eso no constituye una enseñanza. Decir “no” a algo no es lo mismo que descartarlo por comprensión. Hablar solo del océano no tiene significado si no se mencionan las olas. El oro es un tema encantador, pero su interés reside en todas la formas que puede asumir. Por eso mismo, si hay algo que no queda claro en esta lección sobre el ser, ya se irá a aclarando a medida que hablemos sobre las olas.