Sexo y karma yoga

Francisco: Estos días he estado indagando sobre tamas, rajas y sattva tal como lo explica en el Gita, y tal como me explicó Rubén. Me dijo que cada pensamiento y emoción puede analizarse en función de cada uno de los gunas, lo cual me está siendo muy útil para percibir y distinguir lo aparente de mi Ser real. Me he dado cuenta de que es rajas la que desea la iluminación. Es una ambición más, quizás la máxima a la que puede aspirar, y es rajas la que impulsa el deseo de meditar con el fin de alcanzar algo. En cambio, siento que la indagación es una práctica serena, que utiliza la mente sattvica pero que va más allá de ella, y que lleva a comprender que nuestra propia naturaleza ya es “luminosa”.

Shams: Shiva dice: “yo soy el deseo que no se opone al Dharma”. Por lo tanto, desea en conformidad con el Dharma y no habrá de qué preocuparse. Aunque rajas predomine, este será consumido en el fuego del conocimiento por medio de la indagación: rajas siempre quiere moverse para alcanzar algo, pero el conocimiento te recuerda que lo que buscas ya lo tienes. El conocimiento está asociado con sattva y es el gran purificador.

Francisco: En el Gita pone que el Yo está más allá de los gunas, pero me gustaría preguntarte sobre la forma de manejarlos con un ejemplo concreto. Aunque estoy más allá de ellos, ¿puede darse la ocasión en que es correcto vivir rajas o tamas y otras ocasiones en las que no?

Shams: Ningún individuo permanece con un guna para siempre. Los gunas cambian constantemente, durante todo el día. Dependiendo tu forma de vida, necesitas el predominio de un guna. En el Gita se explica cómo el sistema de castas fue organizado con base en este principio y, aunque nosotros no seguimos dicho sistema, la sociedad se divide naturalmente en “castas”, de acuerdo a los gunas, según la ocupación y los grupos sociales. Así como los tres gunas son necesarios en la sociedad, lo son también en la persona. Un indagador debe tener el predominio de sattva en su mente. El hecho de que hayas llegado a Vedanta, significa que es así para Francisco. Sin embargo, la manipulación de los gunas es muy útil para intensificar ese predominio y para purificar la mente de rajas y tamas que aún permanecen en cantidades altas en la mayoría de nosotros. Aún así, rajas y tamas nunca desaparecen y, como has sugerido, en muchas ocasiones es necesario que esos gunas predominen en el individuo, sin importar que su objetivo sea solo espiritual.

Francisco: Por ejemplo, en relación al deseo sexual, sé que es conveniente cuando se dirige a mi esposa porque forma parte de la relación natural entre nosotros, que fomenta en mí un estado sattvico (estar con ella me da paz) lo que a su vez me permite la indagación.

Shams: Estar con ella no te da paz. Tu estado emocional depende solo de ti. Sientes que ella te da paz, porque ves en ella un símbolo de ti mismo. Tú eres la paz y el símbolo es pasajero y arbitrario. Tú estás solo y tú eres la fuente del amor, todo lo demás está en la mente.

Es natural y está dentro del Dharma vivir y amar en pareja. Aún así, el deseo sexual es motivado por tamas y la relación sexual es el acto rajasico por excelencia, con lo cual se produce más tamas y se refuerza el vasana por el sexo. Esto no es una defensa de la castidad, sino un estado de los hechos. Sabiendo que el sexo en pareja es dhármico, pero que reforzar el vasana no es lo más útil para la práctica, el indagador toma decisiones al respecto, pensando en incrementar sattva.

Así pues, el deseo sexual en pareja no incrementa sattva necesariamente pero la relación sexual puede practicarse siendo objeto de indagación y de forma sáttvica. Comienza por darte cuenta de que, lo que amas, es a ti mismo. La actitud hacia los objetos es lo que promueve sattva, no el objeto en sí. En el libro de James hay todo un apartado sobre la relación de pareja. También él dice: “Siempre hay una corriente sexual que subyace entre los sexos. Es natural. Pero la corriente espiritual tiene que ser la más fuerte”.

Francisco: Pero sé que no es conveniente permitir que se haga fuerte cuando se dirige a otra mujer, ya que eso daría lugar a ciertos acontecimientos que sumirían mi mente en un estado tamásico que me impediría la indagación tal como la estoy practicando ahora.

Shams: En principio, no veo la diferencia entre desear a tu mujer y desear a la mujer del prójimo. Todas las mujeres son la misma, así como todos los hombres son el mismo. Y además, todos son un objeto en la mente. Si deseas con fuerza a una mujer y le sigues dando vueltas a eso en la mente, estás siendo guiado por tamas, se trate de tu vecina o de tu esposa. Ahí tendrías algo sobre lo cual indagar, tomando en cuenta, además que el deseo no depende del objeto (la mujer) sino del sujeto. Si aparte de eso, surge culpabilidad por estar violando el Dharma de la pareja, ahora tienes dos cosas sobre las cuales indagar: el deseo y la culpa, que, por cierto, también es tamas.

Un deseo puede ser muy fuerte y ejercer mucha presión, pero se hará fuerte solo en la medida en que la mente vuelva a él. Es un objeto más, pero la mente puede acompañarlo una y otra vez, porque en realidad está motivada por vasanas ocultos. Guiada por la ignorancia se vuelca sobre algo que le provoca placer porque secretamente supone que satisfacer su deseo terminará con su búsqueda. Cuando el individuo cumple su deseo por un instante deja de buscar y, por ese instante, la mente mira hacia adentro. El cuerpo sutil y el cuerpo denso se detienen y solo queda el cuerpo causal, también conocido como el cuerpo de la dicha, el cual refleja constantemente al Sí Mismo. Desear a una mujer (o desear una pizza) es, en realidad, desear la liberación. ¿Por qué? Porque al desear lo único que en verdad se desea es llegar a ese momento en que el deseo desaparece. Y el deseo desaparece solo cuando el deseador no está. Así pues, todo deseo no es más que deseo de liberarse del deseador. Cada deseo no es otra cosa que deseo de moksha encubierto. La estrategia que la mente propone (basada solo en referencias experienciales) es un laberinto sin salida, porque la búsqueda no termina con la satisfacción del deseo. Claro, para que el conocimiento sea firme, los vasanas deben agotar su fuerza.

Por eso, ¡Karma yoga!

Francisco: ¿Ese saber lo que es conveniente en cada momento es sattva?

Shams: Ese saber lo que es conveniente es la discriminación, una práctica propiciada por sattva. Puedes discriminar gracias a sattva. sattva en sí es la claridad que permite esto y más.

Francisco: ¿Es posible permitir el deseo en ciertas ocasiones y dejarlo pasar sin darle importancia en otras?

Shams: ¿A qué te refieres con permitir? En la práctica de la indagación no rechazamos ningún deseo, solo lo miramos y, como dices, lo dejamos pasar, como a cualquier otro objeto. Lo permitimos, en ese sentido. Cuando el deseo está en conformidad con el Dharma y con nuestro objetivo (moksha) vamos tras él, porque el único deseo que es importante ahora es el deseo de Conocimiento. Ese Conocimiento es que, en realidad, tú no eres el hacedor, no eres el que ejecuta la acción ni el que disfruta los resultados. Tú eres libre de todo deseo o toda acción. Pero sigamos analizando el nivel de la mente.

Cuando un deseo ajeno a moksha ejerce una presión muy fuerte y no implica una gran violación al Dharma, podríamos permitirnos, como dice Swami Chinmayananda, “pecar con inteligencia” con el fin de reducir la presión del vasana; es decir, tomar solo un poco y hacerlo con actitud de karma yoga. El vasana es Ishvara y, como tal, es mejor respetarlo que aborrecerlo.

Por otro lado, el hecho de solo sentir deseo por mi vecina es diferente a, por ejemplo, ser infiel a mi pareja. Por sí mismo, ni siquiera está bajo mi control, lo cual no viola el Dharma desde ningún punto de vista. No puedes impedir que un deseo surja. Nuestra tradición cristiana tiene ideas muy peculiares al respecto, cuyo resultado suele ser cualquiera menos la supresión de ese deseo.

Si indagamos un poco más sobre esto, podemos tomar cuenta de dos cosas: 1) lo que dijimos, es un deseo que nos viene dado por naturaleza, pero también 2) es muy común que el deseo sexual esté vinculado con vasanas de todo tipo (apego por el placer físico, carencia emocional, culpabilidad, creencias religiosas, etc.) y que la mente lo alimente con presteza, hecho que conocemos como lujuria. Esto último es una violación del Dharma, entre otras cosas, porque lastima a la mente y la aparta de la práctica, pues aloja tamas en el sistema. Tanto la situación 1 como la 2, son obra de Ishvara, no tuya. Karma yoga (la forma que Vedanta recomienda para lidiar con los vasanas) es, básicamente, agradecer lo que llega (pensamientos, emociones, situaciones) como un regalo de Ishvara y encomendar lo que se inicie, siempre que ese acto sea parte del Dharma.

Francisco: Me imagino que sí es posible permitir el deseo y dejarlo pasar en otras ocasiones, y que es un tipo de juego, ¿no es así?

Shams: Sí y no. En un momento determinado, el indagador puede ver surgir la idea de que es como un jugador capaz de manipular el campo y buscar resultados para sí mismo, con la gran ventaja de saber que nada es real, al igual que en un gran juego. Este pensamiento es obra de la ignorancia, pues se está identificando con una idea más, la de ser un iniciador de empresas y un gozador de resultados: un hacedor. Tú eres libre incluso del juego y del jugador, dos nombres que solo pertenecen a Ishvara. Tú no eres el hacedor, Ishvara es el hacedor.

Por otro lado, es cierto. Gracias a su desapego, el indagador tiene gran libertad para hacer cosas, en apariencia, y buscar cosas, en apariencia, siempre que estas cosas tengan que ver con moksha. Si busca cualquier otra cosa, está siendo parte del juego.