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Amelia: En uno de los satsangs, no recuerdo cual, te refieres al Ser como algo que no se puede percibir pero indicas que se puede y se debe asumir el Conocimiento.  He interpretado que te refieres a que asumir significa reconocer que el Conocimiento no es una experiencia y no es nada especial.

Shams: La conciencia no se puede percibir como una experiencia por dos razones:

(1) La conciencia es mucho más sutil que el instrumento experimentador (la mente). En el mapa de los cuerpos (que se visualiza en la barra lateral derecha de este sitio) se puede visualizar de manera ilustrativa cómo es que la Conciencia ilumina los tres cuerpos (causal, sutil y denso). Es importante recordar que la conciencia es el único sujeto, mientras que cualquiera de los cuerpos no es otra cosa que un objeto. En la experiencia se requiere de un experimentador (la mente) y de lo experimentado (el objeto de la experiencia); sin embargo, tanto el experimentador como lo experimentado son objetos que aparecen en ti, que eres la conciencia. La mente intentando experimentar a la conciencia es como la Tierra intentando iluminar al Sol.

(2) La conciencia no puede ser experimentada como un objeto. Pero también es cierto que todos los objetos, incluida la mente misma, no son otra cosa que la conciencia (que aparece como si fuera objetos separados). Todas las experiencias son la conciencia (el Ser) pero la conciencia no depende de ninguna experiencia, está más allá de todas. Así pues, debido a que todo lo que hay no es otra cosa que Tú, la conciencia, nunca vas a encontrar otra cosa que a ti mismo, la conciencia. Eres ilimitado, por lo que no hay un solo sitio o tiempo en el que no seas, aunque tú estás más allá del tiempo y espacio. Por lo tanto, la búsqueda de una experiencia particular de la conciencia es una pérdida de tiempo ¡porque todas las experiencias son la conciencia! ¿Quieres tener una experiencia de la conciencia? Toma un vaso de agua, respira, ve al baño, etc. Alguien que ha perdido la ignorancia sobre el Sí mismo no busca más experiencias porque sabe que todas significan lo mismo: la totalidad.

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Francisco: Sucede que la semana pasada parecía que la ignorancia apenas existía, me hallaba en un estado de inmensa claridad cuando de pronto, de un momento a otro, me sumergí en tamas.

Shams: Eso es en apariencia. En realidad, ¿quien estaba en claridad y quién se sumergió en tamas? Tú eres el espectador. Si puedes ver a Francisco llevando a cabo esa representación teatral, ¿en verdad te afecta?

Francisco: El desencadenante fue el ver una situación que despertó antiguos vasanas.

Shams: ¿Qué hacer? Karma yoga es la mejor opción, siempre. La creación de las situaciones y sus fructificaciones se debe solo a Dios. Francisco desempeña un papel muy pequeño en relación con todo lo que depende de Dios. Incluso, con un poco de lógica, nos podemos dar cuenta de que Francisco no es más que un detalle, un rasgo de la totalidad del universo y su libre albedrío no es más que un sueño. Imagino que ya has leído al respecto, pero aprovecho para compartirte un excelente compendio de Karma yoga en seis puntos, escrito por Isaiah Vishnudeva, maestro de ShiningWorld:

1. Desarrollar una actitud de gratitud, reconociendo que el mundo entero, así como el cuerpo y la mente a través de los cuales lo experimento, me han sido dados.

2. Comprender, por medio de una actitud de gratitud, que tienes la responsabilidad de retribuir por lo que has recibido.

3. Ofrecer todas y cada una de tus acciones al Ser en la forma del campo de acción (Dios, Ishvara).

4. Comprender que, aunque tienes un papel en la selección de tus acciones, Dios (Ishvara) es el que determina los resultados. Esto te muestra que la ansiedad en relación con los resultados de tus acciones es gratuita e innecesaria.

5. Aceptar con gratitud los resultados que Dios te entrega.

6. Repetir intencionalmente todo este proceso hasta que se convierta en tu segunda naturaleza. Al hacerlo, la mente se vuelve cualificada para la discriminación, lo cual lleva al conocimiento del Ser.

Francisco: Sé que eso es una excusa, como podría ser cualquier otra cosa, para que tamas reaparezca, ¿no es así? Es como si estuviera al acecho, buscando una grieta por la cual entrar.

Shams: El vasana se encuentra en el cuerpo causal, junto con otros miles de vasanas. Como el cuerpo denso y el cuerpo sutil, el cuerpo causal no está vivo, carece de conciencia, lo mismo que los tres gunas, que son solo la masa de la cual están hechos los tres cuerpos. No pueden “acechar”. Sé que lo dices metafóricamente, pero incluso (y sobre todo) en estos casos, lo mejor es emplear el término y la idea correctos, para decir que los gunas y los vasanas son solo objetos iluminados por ti, al igual que la idea de que eso te causa gozo o dolor.

Francisco: Después de tamas, cuando la angustia se diluye, me da la sensación de que aparece rajas que se manifiesta como la búsqueda de algún posible deseo o esperanza que me haga olvidar la angustia y darme una paz que sólo está en mí. Supone una pequeña elevación, y a partir de ahí poco a poco el conocimiento va entrando.

Shams: El conocimiento es simple: tú no eres eso. Estoy mirando un muro frente a mí (el muro es materia densa, tamas) pero no por eso creo que soy el muro y pierdo el conocimiento de quién soy yo. No necesito “elevarme” para verlo. Claro, con la mente es más difícil, pero es parte de la sadhana mantener la idea correcta en la mente.

Francisco: Sin embargo, tamas es una habitación demasiado oscura.

Shams: Cuando cierras los ojos, ¿percibes la oscuridad de tus párpados? Sí, claro, una oscuridad total. ¿Pero cómo es que puedes percibir esa gran oscuridad? En general, ponemos nuestra atención en la oscuridad de los ojos cerrados, pero también es claro que hay una fuente que está proyectando conciencia sobre esa oscuridad, solo así la oscuridad es percibida. Tú eres esa fuente que está fuera del tiempo y el espacio y que nunca se apaga. Tal vez hay (en apariencia) un objeto oscuro en ti, pero tú eres la luz que lo ilumina, más luminosa que mil soles.

Francisco: ¿Cómo aceptarlo cuando aparece? ¿Cómo entregárselo al Señor?

Shams: Si aparece, ya está entregado al Señor. Lo quieras o no, Dios lo inició y Dios entregó el resultado. Tú no tuviste nada que ver. Tus únicas dos opciones son: aceptarlo o no aceptarlo. Nada de complejidad hay en el asunto. Cuando no lo puedes aceptar, al menos puedes aceptar que no lo puedes aceptar, y ya es ganancia. Pero la salud mental (la cura de la neurosis y de todos los males del ego) consiste en aprender a decir “sí” y “gracias” a todas y cada una de las situaciones que el Señor nos presenta. Esas situaciones, desde luego, incluyen nuestras propias acciones motivadas por la ignorancia. Porque esa ignorancia, ¿es obra tuya? Es obra de Dios y solo a Él le pertenece.

Francisco: ¿Cómo darme cuenta de que ese dolor es una simple apariencia?

Shams: Bueno, por eso estás aquí. Para que el dolor deje de parecer real, es necesario que el que siente el dolor también sea descubierto como una ilusión. Es un proceso lento, pero de eso se trata Vedanta. Sin embargo, cuando los vasanas son aprisionadores, la mente no está lista para que Vedanta actúe. El primer paso son los yogas que ya estás practicando: bhakti y karma yoga.

Francisco: En esos momentos es tal la confusión que es difícil hacer cualquier cosa. Sé que he alimentado tamas en otras épocas de mi vida, y que estoy pagando las consecuencias. Es mi mal karma. Se supone que debo entregarlo, tanto el bueno como el malo, pero es difícil hacerlo cuando se abate sobre ti.

Shams: Tú eres libre de karma. Déjale el trabajo de “entregarlo” al hacedor; convierte, lentamente y con tranquilidad, al hacedor en un yogui. Por otro lado, a mí no me pareces nada confundido. Solo hay que mover un par de ideas. En realidad, tienes el temperamento de un sanyasi, por lo que la mente irá desarrollando desapego con facilidad. Sin embargo, el individuo no se vuelve un yogui de la noche a la mañana. Recuerda que lo que buscas afuera (amor, placer, seguridad) es solo un símbolo de ti mismo. Recuerda que lo que quieres evitar es la ausencia de ti mismo, lo cual es imposible. Trae esto a la mente y date permiso de experimentar todos los vasanas (sobre todo los más absurdos y dolorosos) con gratitud, mirándolos como un regalo de Dios.

Francisco: Dices que la mente, cuando se vuelve hacia un deseo, lo fortalece, pero a veces la mente parece moverse por sí misma, impulsada por los vasanas. ¿Cuál es la forma agotarlos?

Shams: Karma yoga. Parece fácil y es fácil, pero hay que volver y volver a la práctica..

Francisco: Me hago un lío entre karma yoga y la indagación, ya que no comprendo qué los diferencia exactamente. Con la indagación el deseo desaparece ya que me doy cuenta de que soy permanentemente satisfecho y que no necesito nada. Y se supone que el karma yoga es aplicar este mismo conocimiento cuando uno busca los resultados de una acción, entregando esos resultados a la voluntad de Ishvara por saber que no te van a hacer ni más ni menos feliz.

Shams: Bien dicho. En breve: karma yoga es para el hacedor y la indagación es para el conocedor. Cuando te identificas con el conocedor, el hacedor ya ha sido negado, por lo que karma yoga es sustituida por la indagación. El objeto de karma yoga no es otro que agotar los vasanas, para poder negar al hacedor e iniciar la indagación. La indagación no es más que la aplicación del medio de conocimiento, una vez que la mente esta lista.

Las escrituras prescriben dos tipos de práctica, según el estilo de vida, de los cuales también hay solo dos: el hombre de casa y el renunciante (sanniasin). El hombre de casa es una persona común y corriente que tiene una vida llena de los apegos normales: familia, dinero, sexo, etc. El renunciante, por otro lado, no tiene otro interés aparte del conocimiento porque, en general, carece de apegos. La práctica recomendada para el hombre de casa tiene como objetivo convertirlo en un renunciante. Esta práctica es karma yoga. Por otro lado, la práctica para el renunciante es jnana yoga, la indagación en sí. Como ya dije, asumimos que un renunciante ya no necesita de karma yoga, porque no hay karmas aprisionadores y su mente está encomendada solo a la indagación. Asumimos que un hombre de casa practica karma yoga para poner su mente lista para la indagación. El respaldo de karma yoga es, desde luego, el conocimiento, aplicado desde el punto de vista de la acción y sus resultados. Para la indagación, por el contrario, la acción ya no es un problema e incluso karma yoga deja de tener sentido. Lo único que importa en este caso es la eliminación de la ignorancia por medio de la aplicación del medio de conocimiento. Cuando el indagador afincado en la indagación se enfrenta con un vasana es fácil descartarlo como un objeto más del campo. Cuando el buscador aún tiene un conjunto de vasanas ejerciendo cierta presión y se sigue viendo a sí mismo como el hacedor, karma yoga es la respuesta.

¿La indagación y karma yoga pueden coincidir en una misma sadhana (práctica)? Sí, puesto que el papel del hacedor nunca muere por completo. Por eso, cuando, por cualquier causa, la idea del hacedor comienza a reforzarse y se apega a los resultados, karma yoga es una buena opción. Cuando la mente está tranquila, la indagación puede venir por sí sola y servir también de gran ayuda para descartar muchos vasanas al reconocerlos como objetos surgiendo en ti. De forma natural, karma yoga florecerá como indagación.

Como te he dicho, tú tienes temperamento de sannyasin, por lo cual solo hace falta poner en orden las ideas y seguir aplicando karma yoga para que la indagación funcione. Todo esto podría interpretarse como la necesidad de hacer y hacer y hacer más, hasta completar un buen trabajo. Y no es así. Solo hay que comprender y vigilar. Tranquilamente.

Francisco: Sin embargo, todo esto es imposible cuando estoy abrumado por tamas. Me pregunto si el trabajo consiste en reforzar sin tregua la indagación cuando la mente está en sattva para cuando tamas aparezca ser capaz de practicar sobre ella la indagación.

Shams: La indagación no se refuerza. Solo sucede. Pero cuando el hacedor intenta hacerse cargo de la indagación, el conocimiento se confunde con la búsqueda de resultados. Eso es absurdo, como el indagador bien puede advertirlo con facilidad. Aquí no hay una batalla sucediendo. Uno practica la indagación porque esa es la naturaleza de la mente, porque hay un intenso deseo de moksha. No lo hace para salvarse del asalto de tamas. Las situaciones dolorosas y confusas son Dios y rechazarlas no es la mejor opción. Quien siente aversión es el ego, no tú. Para ti, si viene sattva está bien y también está bien si vienen rajas y tamas. Lo contrario es como si creyeras que la proyección de imágenes poco placenteras sobre una pantalla de cine pudiera provocarle un daño a la pantalla. Pero no es así, ¿cierto?

Por otro lado, tienes la gran suerte de que tamas/rajas hubiera llegado a saludarte, porque de lo contrario hubieras seguido apegándote a sattva. Propicia sattva, porque solo entonces la indagación es posible, pero dale la bienvenida a todos los regalos de Dios. Tú no eres sattva. Paradójicamente, la llegada de la oscuridad te permite descubrir que tú eres libre de la claridad y la luz de la mente tranquila: tú eres la luz que ilumina esa luz y esa oscuridad.

Francisco: También me gustaría saber si el hecho de rechazar los vasanas forma parte de tamas.

Shams: No, más bien forma parte de la ignorancia. Alguien con conocimiento puede tener altas cantidades de rajas/tamas en su sistema y no preocuparse en absoluto. Lo que Francisco está haciendo es sostener una idea (la idea de que puede ser afectado por los sucesos) y seguir reforzándola, por medio de algo parecido a la fe. No hay nada que demuestre que las cosas y las situaciones pueden siquiera tocarte, pero te lo han dicho una y otra vez, y tú tienes fe en eso.

Francisco: Sucede que tengo una imagen de mí mismo elevada y me molesta que aparezca cualquier cosa que me vuelva vulnerable. Esta imagen se debe al orgullo y a la ignorancia, que es tamas.

Shams: Pienso que, más que tamas, lo tuyo es rajas. Tamas no se molestaría en angustiarse ni en apasionarse por nada. Su movimiento, sí, es la negación, mientras que el de rajas es el de proyección. Sin embargo, el rechazo tan activo de los vasanas tiene que ver con rajas. En todo caso, lo que en realidad importa de la enseñanza de los gunas es la afirmación de que el universo entero es este sistema de tres cualidades en constante cambio. Comenzar a identificarse con la infinita dicha y claridad de sattva, queriendo negar la oscuridad y la pasión activa también sería un error. Aquí no buscamos escapar de ningún guna ni de ninguna situación poco placentera. Ese el ego, el individuo, pero tú no eres eso. El ego también es el que sostiene y defiende una imagen elevada de sí, un mecanismo típico de defensa formado durante la niñez. Eso es narcisismo, te lo puedo confirmar yo que lo veo surgir en mi mente muy a menudo. ¿Y qué? Eso es problema del individuo, no tuyo. Claro, la mente madura aprende a observarse y a detener reacciones poco inteligentes, pero, cuando surgen reacciones poco placenteras, sabe mirarlas con humor y amor, para aceptarlas por completo y resolverlas después con apego al Dharma.

Francisco: Es como si el demonio hubiera visto que he descubierto algo muy valioso y quisiera tentarme y confundirme como nunca lo había hecho, pues mi vida hasta el momento ha sido bastante plácida.

Shams: “Levántate y pelea”, dice Krishna. Los obstáculos son solo tan grandes como tu rechazo hacia ellos, Arjuna. Aquí no imaginamos que exista un solo enemigo que no sea Dios encubierto. El resto se lo podemos dejar a nuestros queridos místicos occidentales, que gustaban de enfrascarse en guerras internas y viajes iniciáticos. Vedanta sabe que eso es solo la mente. Cuando llegas a Vedanta, el drama está resuelto. Si no está tan resuelto, Vedanta muestra los yogas que ya hemos mencionado. La respuesta sigue siendo karma yoga, incluso para ti que posees una mente desapegada y centrada, solo con un par de ideas a las cuales les entregas una fe desproporcionada. El demonio es Krishna, el Buda es Krishna y ambos son solo un objeto sucediendo en ti, Krishna. En cuanto a Francisco, debería alegrarle que el Señór le entregue este tipo de regalos.

Francisco: Estos días he estado indagando sobre tamas, rajas y sattva tal como lo explica en el Gita, y tal como me explicó Rubén. Me dijo que cada pensamiento y emoción puede analizarse en función de cada uno de los gunas, lo cual me está siendo muy útil para percibir y distinguir lo aparente de mi Ser real. Me he dado cuenta de que es rajas la que desea la iluminación. Es una ambición más, quizás la máxima a la que puede aspirar, y es rajas la que impulsa el deseo de meditar con el fin de alcanzar algo. En cambio, siento que la indagación es una práctica serena, que utiliza la mente sattvica pero que va más allá de ella, y que lleva a comprender que nuestra propia naturaleza ya es “luminosa”.

Shams: Shiva dice: “yo soy el deseo que no se opone al Dharma”. Por lo tanto, desea en conformidad con el Dharma y no habrá de qué preocuparse. Aunque rajas predomine, este será consumido en el fuego del conocimiento por medio de la indagación: rajas siempre quiere moverse para alcanzar algo, pero el conocimiento te recuerda que lo que buscas ya lo tienes. El conocimiento está asociado con sattva y es el gran purificador.

Francisco: En el Gita pone que el Yo está más allá de los gunas, pero me gustaría preguntarte sobre la forma de manejarlos con un ejemplo concreto. Aunque estoy más allá de ellos, ¿puede darse la ocasión en que es correcto vivir rajas o tamas y otras ocasiones en las que no?

Shams: Ningún individuo permanece con un guna para siempre. Los gunas cambian constantemente, durante todo el día. Dependiendo tu forma de vida, necesitas el predominio de un guna. En el Gita se explica cómo el sistema de castas fue organizado con base en este principio y, aunque nosotros no seguimos dicho sistema, la sociedad se divide naturalmente en “castas”, de acuerdo a los gunas, según la ocupación y los grupos sociales. Así como los tres gunas son necesarios en la sociedad, lo son también en la persona. Un indagador debe tener el predominio de sattva en su mente. El hecho de que hayas llegado a Vedanta, significa que es así para Francisco. Sin embargo, la manipulación de los gunas es muy útil para intensificar ese predominio y para purificar la mente de rajas y tamas que aún permanecen en cantidades altas en la mayoría de nosotros. Aún así, rajas y tamas nunca desaparecen y, como has sugerido, en muchas ocasiones es necesario que esos gunas predominen en el individuo, sin importar que su objetivo sea solo espiritual.

Francisco: Por ejemplo, en relación al deseo sexual, sé que es conveniente cuando se dirige a mi esposa porque forma parte de la relación natural entre nosotros, que fomenta en mí un estado sattvico (estar con ella me da paz) lo que a su vez me permite la indagación.

Shams: Estar con ella no te da paz. Tu estado emocional depende solo de ti. Sientes que ella te da paz, porque ves en ella un símbolo de ti mismo. Tú eres la paz y el símbolo es pasajero y arbitrario. Tú estás solo y tú eres la fuente del amor, todo lo demás está en la mente.

Es natural y está dentro del Dharma vivir y amar en pareja. Aún así, el deseo sexual es motivado por tamas y la relación sexual es el acto rajasico por excelencia, con lo cual se produce más tamas y se refuerza el vasana por el sexo. Esto no es una defensa de la castidad, sino un estado de los hechos. Sabiendo que el sexo en pareja es dhármico, pero que reforzar el vasana no es lo más útil para la práctica, el indagador toma decisiones al respecto, pensando en incrementar sattva.

Así pues, el deseo sexual en pareja no incrementa sattva necesariamente pero la relación sexual puede practicarse siendo objeto de indagación y de forma sáttvica. Comienza por darte cuenta de que, lo que amas, es a ti mismo. La actitud hacia los objetos es lo que promueve sattva, no el objeto en sí. En el libro de James hay todo un apartado sobre la relación de pareja. También él dice: “Siempre hay una corriente sexual que subyace entre los sexos. Es natural. Pero la corriente espiritual tiene que ser la más fuerte”.

Francisco: Pero sé que no es conveniente permitir que se haga fuerte cuando se dirige a otra mujer, ya que eso daría lugar a ciertos acontecimientos que sumirían mi mente en un estado tamásico que me impediría la indagación tal como la estoy practicando ahora.

Shams: En principio, no veo la diferencia entre desear a tu mujer y desear a la mujer del prójimo. Todas las mujeres son la misma, así como todos los hombres son el mismo. Y además, todos son un objeto en la mente. Si deseas con fuerza a una mujer y le sigues dando vueltas a eso en la mente, estás siendo guiado por tamas, se trate de tu vecina o de tu esposa. Ahí tendrías algo sobre lo cual indagar, tomando en cuenta, además que el deseo no depende del objeto (la mujer) sino del sujeto. Si aparte de eso, surge culpabilidad por estar violando el Dharma de la pareja, ahora tienes dos cosas sobre las cuales indagar: el deseo y la culpa, que, por cierto, también es tamas.

Un deseo puede ser muy fuerte y ejercer mucha presión, pero se hará fuerte solo en la medida en que la mente vuelva a él. Es un objeto más, pero la mente puede acompañarlo una y otra vez, porque en realidad está motivada por vasanas ocultos. Guiada por la ignorancia se vuelca sobre algo que le provoca placer porque secretamente supone que satisfacer su deseo terminará con su búsqueda. Cuando el individuo cumple su deseo por un instante deja de buscar y, por ese instante, la mente mira hacia adentro. El cuerpo sutil y el cuerpo denso se detienen y solo queda el cuerpo causal, también conocido como el cuerpo de la dicha, el cual refleja constantemente al Sí Mismo. Desear a una mujer (o desear una pizza) es, en realidad, desear la liberación. ¿Por qué? Porque al desear lo único que en verdad se desea es llegar a ese momento en que el deseo desaparece. Y el deseo desaparece solo cuando el deseador no está. Así pues, todo deseo no es más que deseo de liberarse del deseador. Cada deseo no es otra cosa que deseo de moksha encubierto. La estrategia que la mente propone (basada solo en referencias experienciales) es un laberinto sin salida, porque la búsqueda no termina con la satisfacción del deseo. Claro, para que el conocimiento sea firme, los vasanas deben agotar su fuerza.

Por eso, ¡Karma yoga!

Francisco: ¿Ese saber lo que es conveniente en cada momento es sattva?

Shams: Ese saber lo que es conveniente es la discriminación, una práctica propiciada por sattva. Puedes discriminar gracias a sattva. sattva en sí es la claridad que permite esto y más.

Francisco: ¿Es posible permitir el deseo en ciertas ocasiones y dejarlo pasar sin darle importancia en otras?

Shams: ¿A qué te refieres con permitir? En la práctica de la indagación no rechazamos ningún deseo, solo lo miramos y, como dices, lo dejamos pasar, como a cualquier otro objeto. Lo permitimos, en ese sentido. Cuando el deseo está en conformidad con el Dharma y con nuestro objetivo (moksha) vamos tras él, porque el único deseo que es importante ahora es el deseo de Conocimiento. Ese Conocimiento es que, en realidad, tú no eres el hacedor, no eres el que ejecuta la acción ni el que disfruta los resultados. Tú eres libre de todo deseo o toda acción. Pero sigamos analizando el nivel de la mente.

Cuando un deseo ajeno a moksha ejerce una presión muy fuerte y no implica una gran violación al Dharma, podríamos permitirnos, como dice Swami Chinmayananda, “pecar con inteligencia” con el fin de reducir la presión del vasana; es decir, tomar solo un poco y hacerlo con actitud de karma yoga. El vasana es Ishvara y, como tal, es mejor respetarlo que aborrecerlo.

Por otro lado, el hecho de solo sentir deseo por mi vecina es diferente a, por ejemplo, ser infiel a mi pareja. Por sí mismo, ni siquiera está bajo mi control, lo cual no viola el Dharma desde ningún punto de vista. No puedes impedir que un deseo surja. Nuestra tradición cristiana tiene ideas muy peculiares al respecto, cuyo resultado suele ser cualquiera menos la supresión de ese deseo.

Si indagamos un poco más sobre esto, podemos tomar cuenta de dos cosas: 1) lo que dijimos, es un deseo que nos viene dado por naturaleza, pero también 2) es muy común que el deseo sexual esté vinculado con vasanas de todo tipo (apego por el placer físico, carencia emocional, culpabilidad, creencias religiosas, etc.) y que la mente lo alimente con presteza, hecho que conocemos como lujuria. Esto último es una violación del Dharma, entre otras cosas, porque lastima a la mente y la aparta de la práctica, pues aloja tamas en el sistema. Tanto la situación 1 como la 2, son obra de Ishvara, no tuya. Karma yoga (la forma que Vedanta recomienda para lidiar con los vasanas) es, básicamente, agradecer lo que llega (pensamientos, emociones, situaciones) como un regalo de Ishvara y encomendar lo que se inicie, siempre que ese acto sea parte del Dharma.

Francisco: Me imagino que sí es posible permitir el deseo y dejarlo pasar en otras ocasiones, y que es un tipo de juego, ¿no es así?

Shams: Sí y no. En un momento determinado, el indagador puede ver surgir la idea de que es como un jugador capaz de manipular el campo y buscar resultados para sí mismo, con la gran ventaja de saber que nada es real, al igual que en un gran juego. Este pensamiento es obra de la ignorancia, pues se está identificando con una idea más, la de ser un iniciador de empresas y un gozador de resultados: un hacedor. Tú eres libre incluso del juego y del jugador, dos nombres que solo pertenecen a Ishvara. Tú no eres el hacedor, Ishvara es el hacedor.

Por otro lado, es cierto. Gracias a su desapego, el indagador tiene gran libertad para hacer cosas, en apariencia, y buscar cosas, en apariencia, siempre que estas cosas tengan que ver con moksha. Si busca cualquier otra cosa, está siendo parte del juego.