Y el sentido de la vida es…

 

Saberlo. Saber quién soy en realidad. Ese es el sentido de la vida. Es la comprensión que libera del sufrimiento para siempre. No hay otro sentido. Parece que lo hay, pero se trata de una pequeña confusión. La vida, es cierto, aparenta muchos sentidos diferentes al de conocer quién soy. ¿No lo sé ahora mismo? ¿Acaso no está bastante claro que yo soy esta persona? ¿No es absolutamente obvio y cierto que este individuo, su cuerpo, su historia, sus ideas y sus emociones, es lo que soy? La respuesta es no. Y si no te es posible verlo por ahora, al menos puedes reconocer que la única “prueba” de que tú eres una persona es una idea, una creencia, una fe…

Sigamos, por un momento, el camino contrario a esta fe. Asumamos que, aquel que eres en realidad está muy lejos de lo que los sentidos, la intuición y el razonamiento por inferencia o deducción sugieren. Aunque no lo sabes en este momento, lo que eres, tu verdadera identidad, es un hecho concreto. El único hecho, para ser exactos. El verdadero punto de referencia para todas las cosas. Y aún más: esto ahora (y siempre) es lo más importante en tu vida, lo único que te interesa, aunque dicha afirmación podría no estar muy clara hoy para ti, pues parece que buscamos tantas cosas, ¡sobre todo experiencias! Y así, todos alguna vez creímos que la liberación de esta búsqueda frenética estaba en alguna experiencia mística o trascendental.

Pero la experiencia no vale nada sin el conocimiento. El sentido de la vida no es una experiencia, y aquello que motiva cada una de tus acciones y todos tus movimientos en el mundo es la necesidad de conocerte. ¿Cómo puedo afirmar algo así de forma seria? En realidad, la respuesta es demostrable y, si llega a ser asumida con éxito, su efecto es definitivo y total, porque equivale a la liberación de cualquier otra búsqueda y de cualquier otra pregunta. Por eso afirmamos que el sentido de la vida es cumplir esa meta: el conocimiento de ti. No obstante, si se ha dicho que los medios comunes para conocer (los sentidos, la intuición o el razonamiento) son inútiles en este caso, ¿qué otro “medio” nos queda para conocernos?

El medio para el conocimiento de ti mismo es Advaita Vedanta. Hace miles de años, y a través de varias generaciones, se desarrolló y refinó el medio de conocimiento. No se creó una filosofía ni una religión, sino se construyó una ciencia práctica que puede ser establecida por entero en la existencia diaria, en la vida normal de una persona que desea terminar la búsqueda de conocimiento.

El conocimiento al que nos referimos tampoco es la gran cosa (aunque sí es la gran cosa) y no es un secreto (aunque muy pocos lo conocen): tú no eres un objeto, tu verdadera identidad es el Ser, la conciencia. El sentido de tu vida es conocer que todo lo que hay es la conciencia y que tú eres eso, para vivir dicho conocimiento, sin sombra de duda de que tú eres más allá de todo lo que sucede y deja de suceder en este mundo. Cuando esto ha sido comprendido con certeza y claridad, todo tiene sentido.

El sentido de la vida es saberlo y, entonces, vivirlo.

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